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El cepo al dólar cumple un año y no hay mucho que festejar
Arrancó en octubre de 2011, a sólo cinco días de que Cristina arrasara en las elecciones con el 54% de los votos. Desde su inicio, el objetivo fue estrangular para domestigar la demanda. Y hoy tiene pocas chances de ser desmantelado. Entrá a esta nota y repasá qué se dice en el cumpleaños del cepo.
Habían pasado apenas cinco días de las elecciones. Toda la semana, operativos ampulosos y quizás premonitorios habían colonizado la City con inspectores que olfateaban coleros y espantaban minoristas. Ese viernes, a sólo 10 años del corralito, se imponía todavía cierta incredulidad: el Gobierno iba por el dólar. A partir de lunes, la AFIP debería autorizar toda adquisición de divisas. "No se modifican los límites de compras vigentes. No tiene nada que ver con un control o restricciones, sólo son medidas para favorecer la transparencia contra el lavado del dinero", insistía Amado Boudou hace ya casi un año, cuando comenzó a montarse este rompecabezas cambiario en el que quedamos atrapados: el cepo.
El objetivo fue domesticar la demanda. Quedaba claro a esa altura que el proceso de dolarización preventiva en el que se había embarcado el argentino tenía poco que ver con la incertidumbre pre-electoral y mucho con la intuición de que el atraso cambiario pronto obligaría a abandonar el parsimonioso deslizamiento del dólar, gran ancla inflacionaria del modelo.
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