Petrobras, plataforma para el crecimiento
En la plataforma petrolera Cidade de Angra dos Reis, rodeada por las aguas azul profundo del Atlántico Sur, un ingeniero de Petrobras abre una canilla y observa el líquido negro que fluye. En olor y apariencia es igual a cualquier crudo pero, para Brasil, representa algo mucho más espectacular. Bombeado por la petrolera nacional de depósitos "pre-sal" -llamados así porque están debajo de 2.000 metros de sal- ubicados en el mar a 300 kilómetros de la costa de Río de Janeiro, es el primer petróleo comercial que fluye de las gigantescas reservas en aguas profundas descubiertas por el país.
Se ha estimado que contienen 50.000 millones de barriles, y gran parte del área todavía no está explorada, con lo que los yacimientos tendrían los mayores depósitos conocidos de petróleo offshore. De golpe, Brasil podría trepar en el ranking de las reservas y producción de crudo del décimoquinto al quinto puesto. Tan grande es el descubrimiento, y la inversión requerida para explotarlo, que tiene el potencial para transformar el país, para bien o para mal.
"Esta podría ser la mayor inversión del sector privado en la historia de la humanidad -más que llevar el hombre a la luna. Sin contar las nuevas concesiones, habrá inversiones por u$s 1 billón en los próximos 10 años. Es enorme", dijo Pedro Cordeiro, de la consultora Bain & Company, en San Pablo.
La producción petrolera en aguas profundas es peligrosa, como quedó demostrado por la pérdida que sufrió el año pasado el pozo Macondo, de BP, en el Golfo de México. Pero si todo sale según lo planeado, los descubrimientos le darán a Brasil un tanque lleno de nafta cuando sus exportaciones de mineral de hierro, soja y otros commodities ya son un boom. La más grande economía latinoamericana creció 7,5% el año pasado y se espera que crezca casi 5% en 2011.
Tras haber visto otros ciclos de auge y caída antes, los brasileños esperan que esta vez "el país del futuro" por fin cumplirá su potencial. Los descubrimientos podrían brindar a una nación, que ya es rica en energía renovable, un desborde de recursos con los cuales cumplir el objetivo de convertirse en el EE.UU. del sur.
Sin embargo, los economistas ven una amenaza, y no sólo una promesa. El peligro es que Brasil, si no maneja su riqueza de manera prudente, pueda sufrir la enfermedad holandesa, el mal económico que alude a lo que vivió Holanda en la década de los 70, cuando su sector manufacturero declinó porque la moneda local se fortaleció tras el descubrimiento de un gran yacimiento de gas en una época de alto precio de la energía. Aún peor, Brasil podría sufrir la "maldición del petróleo", que hace que naciones ricas en recursos naturales -como Nigeria y Venezuela- se hagan adictas al dinero que esto genera, lo que aumenta la corrupción.
Algunos sostienen que, dejando de lado los descubrimientos petroleros, Brasil ya está en las primeras fases de la enfermedad holandesa. Las compañías exportadoras y manufactureras tienen dificultades para competir globalmente porque la demanda china de commodities está haciendo trepar el valor del real, que se apreció alrededor de 40% contra el dólar en dos años.
"Para Brasil, la enfermedad holandesa viene de la madera y la carne, de los recursos naturales de todo tipo, no sólo del petróleo", señaló el profesor Kenneth Rogoff, de la Universidad de Harvard, ex jefe de economistas del FMI.
Por su parte, José Sergio Gabrielli, CEO de Petrobras, dijo que ni su compañía ni la industria petrolera local son lo suficientemente grandes como para convertirse en la vaca lechera del gobierno. Pero con los nuevos yacimientos que se extienden por 800 km frente a la costa del sudeste de Brasil, esto va a cambiar. La participación de la industria petrolera podría crecer de alrededor de 10% a 25% del PBI en las próximas décadas, opinaron los analistas.
Para controlar los efectos negativos, Brasil trata de apoyar su sector manufacturero incrementando los requerimientos de "contenido local" en el equipamiento del sector petrolero. "Si tenemos una firme y exitosa política de contenido local, otros sectores de la economía van a crecer tan rápido como Petrobras", agregó Gabrielli.
Se fijó una meta de 53% de compre nacional para los nuevos proyectos. Esto quedará puesto a prueba por los recientes descubrimientos, que demandarán una gran cantidad de buques petroleros, plataformas y perforadoras. Petrobras planea una inversión inicial de u$s 224.000 en los descubrimientos para el 2014. El año pasado recaudó u$s 70.000 millones con la que hasta ahora es la mayor oferta accionaria del mundo para financiar el plan.
El otro dividendo a más largo plazo que busca Brasil con estos yacimientos es el crecimiento en Investigación y Desarrollo. Extraer petróleo que está bajo una capa de sal a gran profundidad y a cientos de kilómetros de la costa es tan difícil que los ingenieros locales lo consideran una nueva frontera. Si la pueden perfeccionar, podrían liderar en otros mercados con similar geología, como África.
Segen Estefen de Coppe, el centro de ingeniería de la Universidad Federal de Río de Janeiro, informó que está desarrollando un polo tecnológico en llha do Fundão, en la Bahía de Guanabara, para ayudar a la explotación en los nuevos yacimientos. Compañías internacionales de servicios para el sector, como la francesa Schlumberger, y multinacionales como IBM y General Electric, están estableciendo sus laboratorios. "Aquí se puede aplicar el ejemplo de Silicon Valley", señaló Estefen.
Por su parte, Petrobras invertirá entre u$s 800 y 900 millones anuales durante los próximos cinco años en Investigación y Desarrollo, y asignó u$s 700 millones a la expansión de Cenpes, su centro de investigación ubicado cerca de Coppe.
Sin embargo, los analistas creen que algunos esfuerzos del gobierno para aprovechar los descubrimientos corren riesgo de lograr el efecto contrario. Brasilia convirtió a Petrobras en el único operador que tendrá una participación mínima de 30% en cualquier proyecto relacionado con los nuevos yacimientos. Antes, cualquier compañía podía hacer una oferta por cualquier bloque en igualdad de condiciones. Esto no sólo reducirá la competencia sino que, además, hay preocupación porque tanto la petrolera estatal como sus proveedores locales podrían estar demasiado exigidos. Hace poco Petrobras se retiró de la exploración en Cuba, por ejemplo, citando compromisos de inversión en su país.
Al final la capacidad de Brasil de evitar la enfermedad holandesa dependerá no sólo de cómo se gasta el dinero del petróleo. El país es el segundo mayor exportador de mineral de hierro del mundo. Es el mayor exportador de carne. Es el mayor productor mundial de azúcar, café y jugo de naranja y el segundo mayor productor de soja. Las exportaciones de estos commodities ya están haciendo subir la tasa de cambio, aún antes de que los campos petroleros estén en plena operación, complicando la vida de los exportadores brasileños de manufactura.
"Brasil tiene todo lo que China no, y es natural que a medida que China crece, quiera esos recursos", señala Rogoff. "En algún momento, Brasil no querrá ser sólo exportador de recursos naturales -quiere una economía más diversificada. Habrá tensiones por eso". Y aunque Brasil ha avanzado en mejoras de la educación y su infraestructura es mejor que la de otros mercados emergentes como India, va a la zaga de los países desarrollados en ambas áreas. Su gobierno es aparatoso.
El gasto público, de casi 40% del PIB, equivale al de países desarrollados pero sin los niveles correspondientes de productividad. Los burócratas se subieron hace poco el sueldo en 60%. Al final, una vez que los petrodólares empiecen a fluir, es este tipo de complacencia el que plantea el mayor peligro para Brasil. Hasta Noruega, mirado como el mejor ejemplo de manejo de una bonanza petrolera, tiene problemas para impulsar su economía. "Es como cuando uno se hace rico -¿cómo evita que los hijos sean flojos? Hay algo de eso en la enfermedad holandesa", dice Rogoff.
Fuente: Cronista.com y Financial Times.

