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Cinco claves para entender por qué la crisis del euro sigue agudizándose
El acelerado endeudamiento de los países periféricos puso en jaque al euro. La imposibilidad de hacer política monetaria diferenciada para cada caso particular dificulta la salida.
Cada vez que la crisis de deuda en Europa parece haber tocado fondo, la evolución de los acontecimientos se encarga de probar que todo puede estar peor. Por primera vez desde que las abultadas cargas de deuda en los países periféricos de la zona euro comenzaron a hacer tambalear a la unión monetaria, la semana pasada los dos principales líderes del continente, el presidente francés Nicolás Sarkozy y la canciller alemana, Ángela Merkel, admitieron la posibilidad del fin para el euro en caso de que Italia siga el camino de Grecia, destaca en su edición de hoy el diario El Cronista.com
-¿Por qué llegaron Grecia y otros países europeos a una crisis de deuda?
Desde la creación del euro, en el año 2001, varios miembros de la unidad monetaria de 17 países vieron crecer la afluencia de capitales a sus fronteras. Buena parte de la liquidez global posterior al estallido de la burbuja de las puntocom tuvo como destino esos promisorios países de la flamante comunidad monetaria europea, a pesar de que el conjunto agrupaba realidades muy distintas. Alemania o Francia, líderes económicos del continente, emitían deuda en la misma moneda que Portugal o Irlanda, a niveles percibidos de riesgo no tan diferentes y con un tipo de cambio atractivo. En ese período, Grecia se destacó por un ritmo de endeudamiento (a fines de septiembre pasado alcanzaba el 165% de su PBI anual) que no fue acompañado por niveles de crecimiento similares de los ingresos públicos y de la actividad económica. El nivel de salarios, tanto públicos como privados, se equiparó además con el de otros países más productivos y se pagaron en una moneda fuerte como el euro, lo que afectó las cuentas del Estado y la competitividad de las empresas. Cuando la recesión mundial llegó de la mano de la crisis sub prime en los EEUU, el bajón económico la encontró débil e imposibilitada de pagar sus deudas.
Desde la creación del euro, en el año 2001, varios miembros de la unidad monetaria de 17 países vieron crecer la afluencia de capitales a sus fronteras. Buena parte de la liquidez global posterior al estallido de la burbuja de las puntocom tuvo como destino esos promisorios países de la flamante comunidad monetaria europea, a pesar de que el conjunto agrupaba realidades muy distintas. Alemania o Francia, líderes económicos del continente, emitían deuda en la misma moneda que Portugal o Irlanda, a niveles percibidos de riesgo no tan diferentes y con un tipo de cambio atractivo. En ese período, Grecia se destacó por un ritmo de endeudamiento (a fines de septiembre pasado alcanzaba el 165% de su PBI anual) que no fue acompañado por niveles de crecimiento similares de los ingresos públicos y de la actividad económica. El nivel de salarios, tanto públicos como privados, se equiparó además con el de otros países más productivos y se pagaron en una moneda fuerte como el euro, lo que afectó las cuentas del Estado y la competitividad de las empresas. Cuando la recesión mundial llegó de la mano de la crisis sub prime en los EEUU, el bajón económico la encontró débil e imposibilitada de pagar sus deudas.
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