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¿Y si en vez de atacar al dólar, defendemos al peso?
¿Puede haber un modelo de desarrollo nacional, sin ahorro en moneda nacional? ¿Cómo se financiarán las inversiones productivas y las hipotecas para la construcción de viviendas si no hay ahorro de largo plazo en pesos y en bancos argentinos? Si no fortalecemos la confianza en la moneda y los bancos argentinos no parece haber respuestas.
En los últimos tres años la economía argentina ha sufrido una fuga de capitales de más de 70.000 millones de dólares. Por el momento este drenaje de la divisa norteamericana no ha creado problemas serios, debido a que contamos con los dólares generados por el superávit comercial que afortunadamente generó la misma economía nacional.
Sin embargo, este dinero que no se ahorra en el sistema financiero argentino significa claramente una traba que frena el crecimiento económico.
El gobierno, preocupado, ha tomado diversas medidas para evitar que los argentinos sigan ahorrando en dólares. Las variadas medidas han conseguido aumentar el temor de los ahorristas, quienes en estas condiciones sienten desconfianza y más temor aun de ahorrar en pesos.
Al momento de ahorrar, los argentinos tenemos al menos dos problemas:
1- ¿En qué moneda ahorrar?
2- ¿Dónde hacerlo?
Respecto del primer punto, el peso prácticamente ha desaparecido como instrumento de ahorro desde hace muchos años. Algunos estudiosos dan cuenta que desde la crisis de 1975 conocida como el Rodrigazo, comenzó un deterioro constante y acelerado de la calidad de la moneda argentina como instrumento de ahorro.
La hiperinflación de los ’80 y las repentinas devaluaciones respecto del dólar, han convencido a muchísimos argentinos de que es imposible ahorrar a largo plazo en moneda nacional, a riesgo de perder casi todo lo que se tiene. En todo caso, los más informados han aprendido a usar la bicicleta financiera para aprovechar por cortos tiempos las tasas de interés altas en pesos y luego convertir las ganancias en dólares.
La alta y negada inflación de estos tiempos, que hace que los pesos pierdan valor, no contribuye en nada a mejorar la calidad del peso argentino como instrumento de ahorro. Frente a ello mucha gente ha optado por el consumo de bienes durables como una forma de proteger sus ingresos, en desmedro claro está, del ahorro y de sus propias posibilidades de contar con mayores ingresos en el futuro.
No existiendo confianza en el valor de nuestra moneda muchos argentinos se refugían a veces de una manera que parece irracional en el dólar.
En cuanto a dónde ahorrar, queda claro que después de la terrible experiencia de inicios de siglo con el corralito y el corralón, los argentinos no confían en los bancos. El temor a una nueva expropiación está latente a cada momento y por ello los depósitos en el sistema son de cortísimo plazo y se renuevan mensualmente.
Para que quede mas claro ¿alguien haría un deposito a plazo fijo digamos a un año de plazo en pesos en un banco del sistema financiero argentino?
La pregunta del millón es: ¿Puede haber un modelo de desarrollo nacional, sin ahorro en moneda nacional? ¿Cómo se financiarán las inversiones productivas y las hipotecas para la construcción de viviendas si no hay ahorro de largo plazo en pesos y en bancos argentinos? Si no fortalecemos la confianza en la moneda y los bancos argentinos no parece haber respuestas.
Por ello, más que prohibir, perseguir, sospechar, amedrentar; hay que recrear las condiciones para que los argentinos vuelvan a tener confianza para ahorrar en pesos en los bancos argentinos. La tarea no es fácil pero es indispensable.
Recrear la confianza en la moneda argentina y el sistema financiero no es de derecha ni de izquierda. Es clave para el crecimiento económico de los próximos años.
A ello se debería avocar la futura conducción económica.
2- ¿Dónde hacerlo?
Respecto del primer punto, el peso prácticamente ha desaparecido como instrumento de ahorro desde hace muchos años. Algunos estudiosos dan cuenta que desde la crisis de 1975 conocida como el Rodrigazo, comenzó un deterioro constante y acelerado de la calidad de la moneda argentina como instrumento de ahorro.
La hiperinflación de los ’80 y las repentinas devaluaciones respecto del dólar, han convencido a muchísimos argentinos de que es imposible ahorrar a largo plazo en moneda nacional, a riesgo de perder casi todo lo que se tiene. En todo caso, los más informados han aprendido a usar la bicicleta financiera para aprovechar por cortos tiempos las tasas de interés altas en pesos y luego convertir las ganancias en dólares.
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No existiendo confianza en el valor de nuestra moneda muchos argentinos se refugían a veces de una manera que parece irracional en el dólar.
En cuanto a dónde ahorrar, queda claro que después de la terrible experiencia de inicios de siglo con el corralito y el corralón, los argentinos no confían en los bancos. El temor a una nueva expropiación está latente a cada momento y por ello los depósitos en el sistema son de cortísimo plazo y se renuevan mensualmente.
Para que quede mas claro ¿alguien haría un deposito a plazo fijo digamos a un año de plazo en pesos en un banco del sistema financiero argentino?
La pregunta del millón es: ¿Puede haber un modelo de desarrollo nacional, sin ahorro en moneda nacional? ¿Cómo se financiarán las inversiones productivas y las hipotecas para la construcción de viviendas si no hay ahorro de largo plazo en pesos y en bancos argentinos? Si no fortalecemos la confianza en la moneda y los bancos argentinos no parece haber respuestas.
Por ello, más que prohibir, perseguir, sospechar, amedrentar; hay que recrear las condiciones para que los argentinos vuelvan a tener confianza para ahorrar en pesos en los bancos argentinos. La tarea no es fácil pero es indispensable.
Recrear la confianza en la moneda argentina y el sistema financiero no es de derecha ni de izquierda. Es clave para el crecimiento económico de los próximos años.
A ello se debería avocar la futura conducción económica.