El país vuelve a crecer a tasas chinas pero por la inflación no alcanza para todos
Tanto Amado Boudou como Mercedes Marcó del Pont aseguran que la economía mejorará un 9 por ciento durante 2010, emulando el crecimiento a tasas chinas registrado en el pasado. Pero la fortaleza se cae cuando se advierte que por la inflación el estado de bienestar no llega a todos los argentinos.
En una de las pocas cosas que coinciden el ministro Amado Boudou y la titular del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, es en que la economía mejorará 9 por ciento este año, por lo que la Argentina retomará el crecimiento a tasas chinas tras la crisis del 2009.
Pero esa suba del Producto, explicada por la fortaleza de las exportaciones agrícolas y automotrices, aparece insuficiente para revertir el proceso de pobreza que atraviesa el país, como consecuencia de una inflación que erosiona los ingresos y pulveriza los planes sociales.
Ese costo de vida, que se intentó disimular vía una intervención grosera del INDEC, aparece como el talón de Aquiles del modelo económico, y explica por qué del plan kirchnerista puede terminar convirtiéndose en un ajuste de proporciones aún imposible de dimensionar.
Inmersos en una interna de alto calibre para quedarse con la Jefatura del BCRA, Amado Boudou y Mercedes Marcó del Pont salieron esta semana a dar pruebas de fidelidad y avisaron que el Producto Bruto subirá casi cuatro veces lo previsto a fines del 2009.
Marcó del Pont aún no sabe si cuando cumpla el mandato de Martín Redrado, el 23 de septiembre próximo, los Kirchner le renovarán la confianza y le agradecerán haber aceptado hacerse cargo de la autoridad monetaria cuando otros economistas rechazaban el convite en medio de la fuerte polémica provocada por la desprolija salida de Redrado.
Mercedes demostró obediencia absoluta a la Casa Rosada, como cuando aceptó a gran velocidad transferir las utilidades del BCRA al Tesoro, para así evitar que quedara al descubierto el rojo de las cuentas públicas provocado por la escalada de gastos.
El crecimiento económico -coinciden Boudou y Marcó del Pont- será impulsado por el alza de los precios de los commodities y por la veloz recuperación de Brasil -gran comprador de autos- y China, destino clave para la soja.
El problema es que los buenos indicadores del Producto Bruto vienen acompañados por niveles de inflación cercanos al 30 por ciento anual, que vuelven difícil de controlar cualquier política económica.
Boudou considera que lo mejor es no hacer olas con ese tema, porque aplicar cualquier política anti-inflacionaria despertaría la ira de la Residencia de Olivos y lo eyectaría del sillón de ministro de Economía.
Marcó del Pont, en cambio, viene observando el fenómeno desde hace tiempo, y semanas atrás llegó a insinuar la posibilidad de aplicar algún mecanismo de contención de la emisión de pesos, pero su lectura fue congelada de inmediato en lo más alto del poder.
Tal vez por eso, la economista optó por curarse en salud, y blanqueó que el BCRA deberá emitir mucha más moneda este año, aunque lo justificó en las necesidades de una economía que crecerá 9,2 por ciento este año, y no 2,5 como había vaticinado Redrado.
La emisión monetaria aumentó casi 27 por ciento en los últimos doce meses, casualmente el mismo nivel que, según las consultoras privadas y el bolsillo de la mayoría de los argentinos, subió el changuito del supermercado.
Así, la necesidad de billetes no se explicaría únicamente por el crecimiento, como sostiene Marcó del Pont, sino también por el aumento imparable de los precios de la economía, en beneficio de los sectores formadores de precios y en claro perjuicio de asalariados, trabajadores en negro y desocupados.
Pero esa suba del Producto, explicada por la fortaleza de las exportaciones agrícolas y automotrices, aparece insuficiente para revertir el proceso de pobreza que atraviesa el país, como consecuencia de una inflación que erosiona los ingresos y pulveriza los planes sociales.
Ese costo de vida, que se intentó disimular vía una intervención grosera del INDEC, aparece como el talón de Aquiles del modelo económico, y explica por qué del plan kirchnerista puede terminar convirtiéndose en un ajuste de proporciones aún imposible de dimensionar.
Inmersos en una interna de alto calibre para quedarse con la Jefatura del BCRA, Amado Boudou y Mercedes Marcó del Pont salieron esta semana a dar pruebas de fidelidad y avisaron que el Producto Bruto subirá casi cuatro veces lo previsto a fines del 2009.
Marcó del Pont aún no sabe si cuando cumpla el mandato de Martín Redrado, el 23 de septiembre próximo, los Kirchner le renovarán la confianza y le agradecerán haber aceptado hacerse cargo de la autoridad monetaria cuando otros economistas rechazaban el convite en medio de la fuerte polémica provocada por la desprolija salida de Redrado.
Mercedes demostró obediencia absoluta a la Casa Rosada, como cuando aceptó a gran velocidad transferir las utilidades del BCRA al Tesoro, para así evitar que quedara al descubierto el rojo de las cuentas públicas provocado por la escalada de gastos.
El crecimiento económico -coinciden Boudou y Marcó del Pont- será impulsado por el alza de los precios de los commodities y por la veloz recuperación de Brasil -gran comprador de autos- y China, destino clave para la soja.
El problema es que los buenos indicadores del Producto Bruto vienen acompañados por niveles de inflación cercanos al 30 por ciento anual, que vuelven difícil de controlar cualquier política económica.
Boudou considera que lo mejor es no hacer olas con ese tema, porque aplicar cualquier política anti-inflacionaria despertaría la ira de la Residencia de Olivos y lo eyectaría del sillón de ministro de Economía.
Marcó del Pont, en cambio, viene observando el fenómeno desde hace tiempo, y semanas atrás llegó a insinuar la posibilidad de aplicar algún mecanismo de contención de la emisión de pesos, pero su lectura fue congelada de inmediato en lo más alto del poder.
Tal vez por eso, la economista optó por curarse en salud, y blanqueó que el BCRA deberá emitir mucha más moneda este año, aunque lo justificó en las necesidades de una economía que crecerá 9,2 por ciento este año, y no 2,5 como había vaticinado Redrado.
La emisión monetaria aumentó casi 27 por ciento en los últimos doce meses, casualmente el mismo nivel que, según las consultoras privadas y el bolsillo de la mayoría de los argentinos, subió el changuito del supermercado.
Así, la necesidad de billetes no se explicaría únicamente por el crecimiento, como sostiene Marcó del Pont, sino también por el aumento imparable de los precios de la economía, en beneficio de los sectores formadores de precios y en claro perjuicio de asalariados, trabajadores en negro y desocupados.
Alta tensión entre Gobierno y empresarios.
La relación entre el gobierno y algunos sectores empresarios parece haber ingresado en una colisión de difícil retorno, aunque en lo que hace al poderío económico siempre parece haber posibilidad de recomponer lazos, y más de cara al año electoral que se viene, cuando las fuerzas políticas requerirán plata para la campaña.
Igual, algo dejó de ser como era en el siempre tirante vínculo entre el kirchnerismo y las corporaciones empresarias.
No así, en cambio, entre los K y las corporaciones sindicales, ya que la relación entre Néstor Kirchner y Hugo Moyano florece día tras día, más por conveniencia electoral que por afinidad de objetivos y procedencias.
El destrato de Guillermo Moreno hacia muchos empresarios fue acumulando recelos en el sector privado, que venía esperando el momento para plantar bandera.
Esa oportunidad pareció llegar cuando se `alinearon los planetas` y en una misma jugada del gobierno decidió revocar la licencia de Fibertel/CableVisión, Moyano bloqueó las plantas de Techint y la presidenta Cristina Kirchner lanzó una ofensiva para controlar la provisión de papel para diarios.
La ausencia casi total de representantes de las cámaras empresarias en la ampulosa presentación de "Papel Prensa-La verdad", fue un mensaje que no pasó desapercibido para el kirchnerismo y una señal de que las apretadas de Moreno ya notienen el peso de otros tiempos.
El cruce entre el jefe de Gabinete y el presidente de Fiat en la antesala del encuentro del Consejo de las Américas también reflejó parte de esos resquemores que empiezan a salir a flote.
El vacío empresario a la convocatoria kirchnerista quedó en evidencia, sobre todo en la UIA, que dedicó toda una reunión a definir qué hacer, y finalmente se inclinó por pegar el faltazo.
Algunos industriales dudaron hasta último momento, hasta que Luis Betnaza, vicepresidente de la UIA y hombre fuerte de Techint, admitió que había sido él la persona a la que Moreno llamó para decirle, en tono grosero: "Los quiero el martes y con la misma corbata que en la reunión de la UIA-AEA, para sacarse una foto igual pero con Kirchner".
Para el gobierno, fue indigerible que la cúpula fabril se tomara una fotografía con el hombre fuerte de AEA y CEO del Grupo Clarín, Héctor Magnetto.
Pero tal vez el gobierno hubiese tenido mejor suerte si en lugar de enviar a Moreno a apretar a los referentes de la industria, hubiese apelado a alguien con mayor cintura política.
Pero los Kirchner siempre quieren demostrar que juegan fuerte, y por eso permiten que ande suelto un elefante en un bazar.
Igual, algo dejó de ser como era en el siempre tirante vínculo entre el kirchnerismo y las corporaciones empresarias.
No así, en cambio, entre los K y las corporaciones sindicales, ya que la relación entre Néstor Kirchner y Hugo Moyano florece día tras día, más por conveniencia electoral que por afinidad de objetivos y procedencias.
El destrato de Guillermo Moreno hacia muchos empresarios fue acumulando recelos en el sector privado, que venía esperando el momento para plantar bandera.
Esa oportunidad pareció llegar cuando se `alinearon los planetas` y en una misma jugada del gobierno decidió revocar la licencia de Fibertel/CableVisión, Moyano bloqueó las plantas de Techint y la presidenta Cristina Kirchner lanzó una ofensiva para controlar la provisión de papel para diarios.
La ausencia casi total de representantes de las cámaras empresarias en la ampulosa presentación de "Papel Prensa-La verdad", fue un mensaje que no pasó desapercibido para el kirchnerismo y una señal de que las apretadas de Moreno ya notienen el peso de otros tiempos.
El cruce entre el jefe de Gabinete y el presidente de Fiat en la antesala del encuentro del Consejo de las Américas también reflejó parte de esos resquemores que empiezan a salir a flote.
El vacío empresario a la convocatoria kirchnerista quedó en evidencia, sobre todo en la UIA, que dedicó toda una reunión a definir qué hacer, y finalmente se inclinó por pegar el faltazo.
Algunos industriales dudaron hasta último momento, hasta que Luis Betnaza, vicepresidente de la UIA y hombre fuerte de Techint, admitió que había sido él la persona a la que Moreno llamó para decirle, en tono grosero: "Los quiero el martes y con la misma corbata que en la reunión de la UIA-AEA, para sacarse una foto igual pero con Kirchner".
Para el gobierno, fue indigerible que la cúpula fabril se tomara una fotografía con el hombre fuerte de AEA y CEO del Grupo Clarín, Héctor Magnetto.
Pero tal vez el gobierno hubiese tenido mejor suerte si en lugar de enviar a Moreno a apretar a los referentes de la industria, hubiese apelado a alguien con mayor cintura política.
Pero los Kirchner siempre quieren demostrar que juegan fuerte, y por eso permiten que ande suelto un elefante en un bazar.

