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El caso de la empresa que capacita y emplea a marginados

Dow Argentina es una empresa que hace 53 años se radicó el país con distintas plantas petroquímicas. En Ingeniero White, Bahía Blanca, desarrolló un plan de capacitación para crear futuros empleados para sus empresas proveedoras. Entre los más de 350 capacitados hubo presos que al momento de obtener la libertad ingresaron al mercado laboral con un oficio. Aquí la experiencia.

Jóvenes de entre 18 y 35 años, algunos de ellos privados de su libertad, hace unos cuatro años comenzaron a ser capacitados por la compañía Dow Argentina, en Bahía Blanca, con el simple fin de cumplir con un compromiso propuesto por los mismo pobladores de un pequeño lugar: Ingeniero White.

Para ello la compañía con 53 años de presencia en el país y 113 en el Globo, debió diseñar un proyecto que hoy le aporta valor a su gestión empresaria.

Es que, además de hacer sus negocios, la empresa petroquímica apostó a generar condiciones de empleabilidad cerca de una de sus plantas. Antes de eso, debían conseguir mano de obra calificada lejos de Ingeniero White, un pueblo de 11 mil habitantes.

Según Soledad Echagüe, directora de asuntos públicos para la región de América Latina de Dow, “en realidad esto nació por una iniciativa que está enraizada en la misma cultura de Dow. Nuestros valores fundamentan todo este tipo de acciones que realizamos y que se refieren al respeto por las personas, integridad y protección del Planeta. Sostenidos en estos pilares es que un buen día supimos entender cuál era la necesidad de esa comunidad. En realidad le preguntamos a la comunidad sobre sus necesidades a través de nuestro panel comunitario integrado por un grupo de referentes que reunimos todos los meses”.

Recuerda la ejecutiva que “fue entonces que ellos manifestaron su preocupación frente al desempleo en la zona vecina a nuestra planta. En base a esto elaboramos este programa”, informó.

“Allí, según nos manifestaron nuestros vecinos, sólo un cinco por ciento de los empleados de Dow provenía de Ingeniero White. Y eso se debía a que la población no estaba calificada trabajar en nuestra planta. Por eso creamos el programa, para que después esos jóvenes pudieran emplearse”, completó.

Hasta el momento mediante el ambicioso programa de responsabilidad social empresaria “se han capacitado unos 350 jóvenes y este año estamos capacitando a 110 mientras el programa mismo se va fortaleciendo cada vez más”, apuntó Echagüe.

Como dato destacado la mujer exhibió logros tal vez para otras empresa imposibles: “El año pasado se incorporaron cinco reclusos de un penal de Villa Floresta, localidad vecina a Ingeniero White, que estaban en proceso de liberación”, añadió.

A ese pequeño universo de presos “este año se sumaron otros siete lo que demuestra que el programa es inclusivo y orientado a sectores de la sociedad con pocos recursos o poco acceso al mercado laboral”, enfatizó.

Echagüe además explicó que “les dictamos capacitación en oficios referidos a disciplinas que requieren nuestros contratistas, porque si bien nosotros no somos una empresa que ocupa mano de obra intensiva pero sí de capital intensivo. Por ello nuestras empresas contratistas sí tienen esa necesidad que son muchos”, destacó.

Apuntando hacia lo actitudinal, la mujer explicó que “muchos de estos chicos que ingresan a estos programas vienen de hasta tres generaciones de gente que está desempleada. Que nunca vieron a su padre ni a su abuelo ir a trabajar. Por eso debimos capacitarlos en la necesidad y la importancia del trabajo. Para que se levanten temprano y asuman compromisos”, acotó.

Soledad Echagüe, durante el primer día del Foro Nacional sobre Responsabilidad Social Empresaria, expuso la experiencia de su compañía cuando se desarrolló el tercer panel que versó sobre "Pobreza e inclusión, una mirada desde lo empresarial", que se realiza en el Hotel Intercontinental Mendoza, en Guaymallén.