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Moyano alteró los nervios en Olivos
"Todos se quejan de la inflación, a diario recibo reclamos por ese tema", se sinceró el líder de la CGT, Hugo Moyano, y alteró así los nervios en la ya siempre tensa Residencia de Olivos, donde Néstor Kirchner se ocupa en forma obsesiva hasta del último tema económico, casi como cuando era presidente.
En boca de Moyano, por estas horas un aliado clave del kirchnerismo, la advertencia sobre la inflación se amplificó y entonces el líder camionero debió salir a dar un marco menos dramático a sus declaraciones.
Pero lo que hizo el camionero no fue más que poner blanco sobre negro al principal problema que atraviesa el modelo económico y cuya contención aparece más complicada de lo previsto.
Pero lo que hizo el camionero no fue más que poner blanco sobre negro al principal problema que atraviesa el modelo económico y cuya contención aparece más complicada de lo previsto.
De paso, el jefe cegetista, que tiene aspiraciones para gobernar la provincia de Buenos Aires, salió a marcar territorio en la arena política y también le envió un mensaje al ministro de Economía, Amado Boudou, cruzado por internas de Palacio que lo obligan a lograr un canje de deuda exitoso.
El gremialista surgido en la Federación de Camioneros probablemente no vuelva por un tiempo a cargar las tintas sobre la disparada de precios, pero su jugada permitió ponerle un piso a las negociaciones salariales, que ronda el 25 por ciento.
También avisó que si es necesario puede volver con sus denuncias sobre la inflación, el caballito de batalla principal que sostuvo los 13 paros generales del otrora líder de la CGT Saúl Ubaldini, durante el gobierno de Raúl Alfonsín en los 80.
También avisó que si es necesario puede volver con sus denuncias sobre la inflación, el caballito de batalla principal que sostuvo los 13 paros generales del otrora líder de la CGT Saúl Ubaldini, durante el gobierno de Raúl Alfonsín en los 80.
Alguna vez, Alfonsín y sus principales asesores en materia económica cultivaron la riesgosa hipótesis de que "un poco de inflación no le hacía mal a nadie".
La misma peligrosa idea parece estar ganando adeptos entre un sector del gabinete nacional, sin tener en cuenta los riesgos de despertar al "gigante dormido" de la disparada de precios.
En un país como la Argentina, que hace un culto de la especulación, jugar con el fuego de la inflación siempre encierra un riesgo mayúsculo.
La pregunta es si la administración de Cristina Kirchner terminará inclinándose por correrlo, manteniendo los niveles de aliento al gasto y al consumo.
Canje: ya se piensa en aceptación de 80 por ciento
El ministro Boudou elaboró distintos escenarios sobre el resultado del canje de deuda, y en el esquema más optimista ya se estima una aceptación del 80 por ciento.
Serían unos 16.000 millones de dólares que entrarían en la operación, más los intereses correspondientes, y la Argentina podría dar así formalmente superado el default.
En el Gobierno dan por hecho que al menos unos 4.000 millones de dólares seguirán en manos de fondos buitres decididos a ir hasta el final en su reclamo ante los estrados judiciales.
Pero el éxito del canje daría un empujón a la economía local, permitiría a grandes empresas acceder a financiamiento a mejores tasas internacionales y, si prospera el pago de deuda con reservas, como espera el gobierno, el retorno a los mercados voluntarios de deuda podría ser un sueño cumplido.
En Wall Street sostienen que la fuerte adhesión se explicará en parte porque la propuesta permitirá una utilidad para los acreedores que los más optimistas estiman en 1.000 millones de dólares.
Esa ganancia, que algunos análisis ubican en el 15 por ciento, surge de comparar el valor de mercado de los bonos en default y el precio que pagará la Argentina para que los banqueros acepten la propuesta.
Los bonos en default cotizan en el mercado a 48 dólares, pero la Argentina podría pagar 58 por cada 100 impagos que entren al canje, lo cual representaría una utilidad de 10 dólares por cada 100 en default, nada mal para una operación que hasta hace algún tiempo era impensada.
Se espera que a más tardar el 10 de abril la Argentina presente la oferta económica definitiva, a partir de la cual los bonistas tendrán un plazo para decidir si la aceptan o no.
Tras ese paso decisivo, el gobierno de Cristina buscaría normalizar rápido la relación con el Club de París y decirle al mundo que la Argentina dejó de ser la "oveja negra" de las finanzas internacionales.
La misma peligrosa idea parece estar ganando adeptos entre un sector del gabinete nacional, sin tener en cuenta los riesgos de despertar al "gigante dormido" de la disparada de precios.
En un país como la Argentina, que hace un culto de la especulación, jugar con el fuego de la inflación siempre encierra un riesgo mayúsculo.
La pregunta es si la administración de Cristina Kirchner terminará inclinándose por correrlo, manteniendo los niveles de aliento al gasto y al consumo.
Canje: ya se piensa en aceptación de 80 por ciento
El ministro Boudou elaboró distintos escenarios sobre el resultado del canje de deuda, y en el esquema más optimista ya se estima una aceptación del 80 por ciento.
Serían unos 16.000 millones de dólares que entrarían en la operación, más los intereses correspondientes, y la Argentina podría dar así formalmente superado el default.
En el Gobierno dan por hecho que al menos unos 4.000 millones de dólares seguirán en manos de fondos buitres decididos a ir hasta el final en su reclamo ante los estrados judiciales.
Pero el éxito del canje daría un empujón a la economía local, permitiría a grandes empresas acceder a financiamiento a mejores tasas internacionales y, si prospera el pago de deuda con reservas, como espera el gobierno, el retorno a los mercados voluntarios de deuda podría ser un sueño cumplido.
En Wall Street sostienen que la fuerte adhesión se explicará en parte porque la propuesta permitirá una utilidad para los acreedores que los más optimistas estiman en 1.000 millones de dólares.
Esa ganancia, que algunos análisis ubican en el 15 por ciento, surge de comparar el valor de mercado de los bonos en default y el precio que pagará la Argentina para que los banqueros acepten la propuesta.
Los bonos en default cotizan en el mercado a 48 dólares, pero la Argentina podría pagar 58 por cada 100 impagos que entren al canje, lo cual representaría una utilidad de 10 dólares por cada 100 en default, nada mal para una operación que hasta hace algún tiempo era impensada.
Se espera que a más tardar el 10 de abril la Argentina presente la oferta económica definitiva, a partir de la cual los bonistas tendrán un plazo para decidir si la aceptan o no.
Tras ese paso decisivo, el gobierno de Cristina buscaría normalizar rápido la relación con el Club de París y decirle al mundo que la Argentina dejó de ser la "oveja negra" de las finanzas internacionales.