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El visionario cuyo sueño de una pantalla chica volvió a poner a Apple en la cima

Cuando Steve Jobs presentó en enero de 2010 una computadora touch-screen sin teclado, el ya reconocido el iPad, se cerró la etapa más notable de recuperación de la historia empresarial moderna. Justo después de una década en la que Jobs y Apple eran considerados cosa del pasado.

Cuando Steve Jobs subió al escenario en el Centro Yerba Buena, de San Francisco, en enero pasado para presentar una computadora touch-screen sin teclado –el iPad– cerró la etapa final de la más notable recuperación de la historia empresarial moderna.

No se trataba simplemente de la enfermedad que lo había marginado durante la mitad del año previo, sino que poco más de una década antes, tanto la carrera de Jobs como la de la propia Apple –la compañía de la que fue uno de los fundadores– eran considerados cosa del pasado. Su relevancia para la tecnología del futuro había sido descartada por Silicon Valley y por Wall Street. Sin embargo, para principios de este año la recuperación era completa. El nivel de anticipación generado por el evento de enero fue inusual, aún para los impresionantes estándares de Jobs.

Los críticos suelen hablar del “campo de distorsión de la realidad” generada por el jefe de Apple: su habilidad para convencer a la gente de que tecnologías que parecerían mal terminadas en otras manos han alcanzado un pico de perfección en Apple. Pero generar esta suspensión de incredulidad es esencial para crear la demanda de dispositivos que la mayoría de los consumidores no sabían que necesitaban, y es un arte en el que Jobs es desde hace mucho un reconocido maestro.

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