Mientras la región se hace más competitiva, nosotros seguimos de fiesta
En estos momentos la economía argentina tiene dos fuerzas contrapuestas. Por un lado está el mundo con muy buenos precios para la soja, Brasil con un dólar barato y tasas de interés bajas en el exterior que han disminuido la fuga de capitales. De acuerdo a la información que proporciona el BCRA, en los primeros nueve meses de este año hubo una fuga de capitales de U$S 9170 millones en tanto que en el mismo período de 2009 la fuga fue de U$S 14.178 millones.
Las tensiones cambiarias del año pasado se produjeron porque el saldo de balance comercial (base caja) en el mismo período fue positivo en U$S 13.363 millones, mientras que este año lleva acumulado un saldo positivo U$S 15.000 millones. Es decir, el año pasado el saldo positivo de balance comercial no llegó a financiar toda la fuga de capitales y por eso hubo tensiones cambiarias, mientras que este año se produce el efecto inverso.
El saldo de balance comercial financia la fuga de capitales. Curiosamente, la fuga de capitales de 2009 que fue mayor al saldo de balance comercial dio lugar a que el Central pudiera levantar el pie del acelerador en materia de emisión monetaria, permitiendo una disminución transitoria de la tasa de inflación. Es decir, contrariando todos los libros de economía, desde el punto de vista inflacionario, el modelo cierra con fuga de capitales o con malos precios internacionales para nuestros productos de exportación. Y a pesar de la crisis tampoco es que bajamos la tasa de inflación a un dígito sino que estuvimos, aún en recesión, un 15%.
Si uno mira qué sectores aportaron el mayor ingreso de divisas por exportaciones hasta septiembre, en primer lugar están oleaginosas y cereales, que representan el 42% del total (la santa soja) y en segundo lugar la industria automotriz con el 12% por ciento del total (dólar barato en Brasil). Esto nos indica que la caída del tipo de cambio real en Argentina, que ya está en niveles del 1 a 1, fue compensado por precios muy buenos para la soja y porque Brasil optó por dejar bajar el tipo de cambio nominal a cambio de una tasa de inflación baja.
En la Argentina también optamos por un tipo de cambio real bajo pero usando la inflación como licuadora. Con dos políticas monetarias diferentes, Brasil crece el 8,8% anual y nosotros, según el Indec, al 11,8%, con la diferencia que Brasil no tiene distorsionadas las tarifas de los servicios públicos y nosotros armamos una ensalada fenomenal con ese tema. Además, esta política monetaria hace que tengamos una inflación abierta del 36% en alimentos y con algunos precios reprimidos (tarifas de servicios públicos) una inflación más baja del orden del 27% promedio. Es decir, hay parte de inflación reprimida que todos sabemos que, en algún momento habrá que sincerar y ahí la inflación abierta trepará por sobre el 36% actual en alimentos.
La otra diferencia con Brasil es que mientras ellos siguen generando ingreso de capitales de largo plazo, nosotros hemos tenido una fuga de U$S 55.000 millones desde el tercer trimestre de 2007. Para que el lector tenga una mejor idea de la fuga de capitales, actualmente el stock de depósitos del sector privado en el sistema financiero es de $ 238.890 millones, aproximadamente U$S 59.700 millones. Es decir, hoy el sistema financiero debería tener casi el doble de depósitos de los que tiene actualmente y, por lo tanto, la oferta de crédito debería ser mayor y a tasas sustancialmente menores. Como los capitales se fugan, el Gobierno pretende sustituir ahorro (ingreso no consumido) emitiendo billetes, pero, desafortunadamente, el ahorro, que es la otra cara del crédito, no se puede imprimir.
Si se pudiera imprimir el ahorro querría decir que nuestros abuelos, que creían que el ahorro era la base de la fortuna, estaban equivocados, porque la nueva teoría sería que la emisión monetaria es la base de la fortuna. ¡Tanto sacrificio que hicieron nuestros abuelos cuando las cosas eran mucho más sencillas a la hora de ahorrar! No hacía falta sacrificar consumo presente por consumo futuro. Sola hacía falta un acuerdo con la Casa de la Moneda de Brasil para que nos ayudara a imprimir más billetes.
Ahora bien, en rigor el PIB de la Argentina crece al igual que el resto de América latina. Chile crece al 6,5% con una tasa de inflación del 2% anual; Colombia, al 4,5% con una inflación del 2,3% por año; México, al 7,6% con una tasa de inflación del 3,7%; Perú, al 9,2% con una inflación del 2%. La única excepción es Venezuela en que el PIB le cae el 2% y la inflación se le disparó a casi el 30%. En otras palabras, en rigor cuando uno mira los números de aumento del PIB de la región, todos crecen salvo Venezuela, por lo tanto, el famoso modelo lejos está de constituir un nuevo paradigma de política económica. En todo caso, la Argentina crece a pesar del modelo. Pero hay dos importantes diferencias con los otros países de la región.
En primer lugar ellos crecen sin inflación y, en segundo lugar ellos reciben inversiones de largo plazo y nosotros no recibimos casi nada y, encima, la fuga de capitales anual por lo menos triplica el escaso ingreso de Inversión Extranjera Directa. Inversión local hay poco y nada.
El primer dato a tener en cuenta es que lo que se presenta como el gran éxito argentino de crecimiento, no es otra cosa que el viento de cola del mundo. Basta con ver los datos de aumento del PIB de la región para descubrir que no inventamos la pólvora.
Ahora bien, el punto a considerar es que hoy debe haber muy pocos economistas que no hayan advertido las inconsistencias y distorsiones del modelo, por lo tanto los pronósticos sobre la economía argentina convergen a un punto que me hacer recordar los pronósticos que hacíamos en la década del 90. En ese momento había una inconsistencia clave que era tener tipo de cambio fijo con déficit fiscal. Dado que había convertibilidad el BCRA no podía emitir para financiar al tesoro y se recurría al endeudamiento externo para financiar el déficit. En ese entonces el interrogante era hasta cuándo el mundo financiaría esa inconsistencia.
Hoy el interrogante es similar. ¿Hasta cuándo el mundo financiará nuestra inconsistencia con buenos precios internacionales, un dólar barato en Brasil y una tasa de interés baja en el mundo? Los precios internacionales parecen tener un piso firme. Quizá no tan alto como el actual para la soja, pero más altos que en los 90. Dadas las condiciones internacionales, no pareciera ser que, por ahora, las tasas vayan a subir demasiado. El gran interrogante es Brasil.
¿Qué hará Dilma con el tipo de cambio? Recordemos que en enero de 1999 Brasil devaluó y eso generó serios problemas a la economía argentina que entró en recesión.
Pero al interrogante del mundo y su efecto sobre la economía local, se le agrega otro: ¿cuál es la tasa de inflación que está dispuesta a soportar la sociedad sin que se produzca una crisis social? No lo sabemos. Lo único que sabemos es que mientras el resto de los países de la región aprovechan estas condiciones excepcionales del mundo para atraer inversiones en el sector real de la economía y transformarse en estructuralmente competitivos, nosotros usamos estas condiciones para financiar la fiesta. En los 90 se usó el endeudamiento externo para financiar el aumento del gasto público. Ahora, batiendo récords de aumento del gasto, usamos los precios internacionales para financiar la fiesta de gasto público, más un fuerte endeudamiento del Central más el impuesto inflacionario.
Una verdadera pena ver cómo dejamos pasar otra oportunidad.
Fuente. La Nación

