Una bomba con la mecha encendida para el próximo gobierno
¿Estaremos pensando en hacerle un gol con La Mano de Dios a la racionalidad económica, en un país como éste, único en el mundo capaz de vivir con el 25 % de inflación anual? ¿O estarán dejando el quilombo para que lo arregle otro?
Así como en los ‘80 pasamos a la historia mundial por tener una hiperinflación que en el mundo nadie entendía, y en los ‘90 tuvimos la Convertiibilidad por mucho más tiempo que el esperado, cuando ya todo el planeta lo había abandonado en los años 70; ahora tenemos un fenómeno de altísima inflación que sólo puede durar cuatro años en un país loco como este. Nadie -excepto el pueblo cada vez que va a los supermercados- levanta la voz para protestar. Los empresarios, calladitos como si nada pasara.
¿Puede haber una inflación neutral? ¿Un mundo donde todo aumente el 25% anual y seamos felices? Parece que no.
De hecho, los costos internos suben y el dólar no. Un amigo que sabe de números en serio me explicó que por ahora nos salva el Real sobrevaluado. Y si no, vayan y pregunten los precios de Brasil.
Otro factor determinante en sostener la cosa es el precio de la soja. También me contó que las tasas de interés de los plazos fijos son altamente negativas. Es decir que, si depositas en el banco, perdés plata contra la inflación, y mucha.
Entonces puede haber, al menos, dos fenómenos ocultos. Problemas en la competitividad, tapados por la supercosecha pampeana y el precio del “yuyo”, y el más relevante, la destrucción del ahorro doméstico. Casi nadie ahorra en pesos y como el dólar está planchado, el que tiene plata se larga a comprar en vez de ahorrar. De paso, se adelanta a los futuros aumentos de precios.
¿Y qué pasa con la inversión? Casi no hay inversiones genuinas de riesgo. La nota de un diario de hoy que habla de importantes inversiones en la provincia es una tontería. Dice lo contrario de lo que quiere demostrar. Si vemos los cuatro casos presentados, se trata de ensanches de inversiones ya existentes, y en el caso de Microsoft, atado a un jugoso contrato con la provincia. Una verdad de perogrullo que vale la pena recordar: ¡sin inversión no hay crecimiento!
La alta inflación de la que nadie quiere hablar es una de las claves de la economía argentina. La inflación siempre termina siendo un impuesto al salario. La pagan los que menos tienen. Los comerciantes y los empresarios subimos los precios todas las semanas si es necesario mientras que los empleados se quedan con su salarios estancados por varios meses hasta que el sindicato vuelve a negociar.
Además, agrega mi amigo experto en estadísticas, en la produccíón industrial se nota con claridad que lo que menos crece es la de alimentos y bebidas. Alguien en el gobierno debería dar respuestas a este fenómeno, creo. La carne y la leche no se pueden comprar a 50 cuotas sin interes. Dicho sea de paso, hoy Federico Manrique demostró que esas presuntas cuotas sin interés son una trampa que la más de las veces la pagan los pobres. Las tasas que realmente pagan son usurarias.
La fantasía argentina de que podemos hacer lo que nos de la gana sin consecuencias está funcionando aún entre muchos empresarios. Noten que en el coloquio de IDEA, la reunión empresaria más importante del año, la inflación ni siquiera fue el tema central, cuando debió haberlo sido. Obvio, a los de Electroingeniería y los constructores en general, los grandes ganadores de este modelo, ¿cuánto les importa la inflación si están haciendo espectaculares negocios, y ellos ajustan sus “mayores costos” cuando quieren? ¿Para qué van a enojar al poder K si la inflación la pagan los pobres?
¿Será que pensamos en hacer otro gol con “La Mano de Dios” pero esta vez a la mínima racionalidad económica? ¿Demostraremos que el socialismo chileno, Lula y el mundo occidental preocupado por mantener una inflación baja son todos unos nabos, y que nosotros somos los únicos piolas? En una de esas creemos que es así. Estaria bueno ¿no?
¿O le estarán dejando una bomba con la mecha encendida al próximo gobierno?
¿Y qué pasa con la inversión? Casi no hay inversiones genuinas de riesgo. La nota de un diario de hoy que habla de importantes inversiones en la provincia es una tontería. Dice lo contrario de lo que quiere demostrar. Si vemos los cuatro casos presentados, se trata de ensanches de inversiones ya existentes, y en el caso de Microsoft, atado a un jugoso contrato con la provincia. Una verdad de perogrullo que vale la pena recordar: ¡sin inversión no hay crecimiento!
La alta inflación de la que nadie quiere hablar es una de las claves de la economía argentina. La inflación siempre termina siendo un impuesto al salario. La pagan los que menos tienen. Los comerciantes y los empresarios subimos los precios todas las semanas si es necesario mientras que los empleados se quedan con su salarios estancados por varios meses hasta que el sindicato vuelve a negociar.
Además, agrega mi amigo experto en estadísticas, en la produccíón industrial se nota con claridad que lo que menos crece es la de alimentos y bebidas. Alguien en el gobierno debería dar respuestas a este fenómeno, creo. La carne y la leche no se pueden comprar a 50 cuotas sin interes. Dicho sea de paso, hoy Federico Manrique demostró que esas presuntas cuotas sin interés son una trampa que la más de las veces la pagan los pobres. Las tasas que realmente pagan son usurarias.
La fantasía argentina de que podemos hacer lo que nos de la gana sin consecuencias está funcionando aún entre muchos empresarios. Noten que en el coloquio de IDEA, la reunión empresaria más importante del año, la inflación ni siquiera fue el tema central, cuando debió haberlo sido. Obvio, a los de Electroingeniería y los constructores en general, los grandes ganadores de este modelo, ¿cuánto les importa la inflación si están haciendo espectaculares negocios, y ellos ajustan sus “mayores costos” cuando quieren? ¿Para qué van a enojar al poder K si la inflación la pagan los pobres?
¿Será que pensamos en hacer otro gol con “La Mano de Dios” pero esta vez a la mínima racionalidad económica? ¿Demostraremos que el socialismo chileno, Lula y el mundo occidental preocupado por mantener una inflación baja son todos unos nabos, y que nosotros somos los únicos piolas? En una de esas creemos que es así. Estaria bueno ¿no?
¿O le estarán dejando una bomba con la mecha encendida al próximo gobierno?

