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Encrucijada insólita para la industria vitivinícola

Por primera vez en muchos años el INV erró los pronósticos de cosecha. Cayó mucho más de los esperado, y ahora el fantasma es la escasez, la suba de precios y la caída del consumo.
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La historia de la industria madre de nuestra provincia reconoce un sinnúmero de situaciones de excesos de producción que dieron lugar a diversas medidas regulatorias a lo largo de los años. Siempre el problema eran los excedentes por efecto de producir a espaldas al mercado.

Desde comienzos  de la década de los `90 esa situación comenzó a revertirse, salvo el caso atípico de la gran helada del año 1992, pero el problema y el miedo a los excedentes forma parte de la cultura popular y del discurso permanente de los dirigentes de la industria.

Este año se produjo un hecho curioso. Por primera vez, al menos en los últimos quince años en los que me ha tocado seguir de cerca los números de la industria, el INV pifió muy fiero en los pronósticos de cosecha.

El pronóstico definitivo, dado a conocer el 10 de Febrero (se adelantó el anuncio por cuestiones políticas) marcaba una expectativa de cosecha de 26 millones de quintales, lo que representaba una merma del 7,95% respecto de la cosecha del año 2008. Los números definitivos, conocidos esta semana, revelaron que la cosecha solo alcanzó a 20 millones de quintales, con una disminución del 24% respecto de la cosecha anterior, pero un 23% menos que el pronóstico oficial.

Cuando se analizan los datos por provincias, llaman la atención las diferencias entre el pronóstico y la cosecha real. Para Mendoza se pronosticaban 17,6 millones de quintales, y la cosecha fue de 14,3 millones de quintales. Pero el caso de San Juan es más serio, porque allí el pronóstico esperaba 6,6 millones de quintales, que representaban un 20% de disminución, y la cosecha real alcanzó a 5 millones de quintales, o sea, una merma adicional del 24% a la esperada.

Las explicaciones dadas por el titular del INV, Guillermo García, acerca de las causas de esta disminución, como heladas tardías, granizo, exceso de calor y clima muy seco son en si mismas válidas, pero la mayoría se habían presentado mucho antes del diagnóstico definitivo de febrero, por lo que, a futuro, deberán ajustar muy bien la metodología.

El pronóstico es una herramienta de mercado y hasta ahora el INV casi no tenía fallas. Siempre se había movido en un rango de variación de +- 3%, lo cual indicaba alto nivel de precisión. El dato del pronóstico era la llave para las estrategias de compradores, vendedores y funcionarios.

No hay que olvidar que aún subsisten antiguos institutos (que deberían ser modernizados) como el acuerdo Mendoza-San Juan, por el cual se deriva anualmente un porcentaje de la producción para la elaboración de mostos. Con datos imprecisos, los funcionarios también tomaron decisiones inadecuadas al igual que las empresas.

Ahora el fantasma es la escasez

La paradoja de la industria es que ahora deberá pelear contra la escasez. Los nuevos datos del INV dan un stock técnico para 3 meses, pero cuando se desagrega resulta que las existencias de vinos tintos alcanzarán para menos de 1 mes al 1º de junio de 2010, mientras que las de blancos alcanzarán para 9 meses. En este aspecto, los técnicos tratan de bajar los decibeles de la preocupación. “Los tintos tienen mucho color” dicen con cierta ironía, queriendo decir que muchos de estos caldos serán cortados con blancos sobrantes en las bodegas.

No obstante, el panorama no será fácil. En San Juan han puesto el grito en el cielo con la resolución del INV que elevó el índice de color de los tintos de 350 a 500 unidades. Esta es una exigencia mayor  -apuntada a la calidad- que puede complicar a varias bodegas u obligarlas a comprar.

El otro riesgo es que se produzca una retención especulativa de vinos de color que haga subir excesivamente el precio y termine perjudicando la demanda, Ya está comprobado que cuando el vino aumenta sus precios al público en proporciones desusadas, cae automáticamente el consumo.

El segundo riesgo sería que hubiese una reactivación de la demanda. Aunque parezca una paradoja, los números que proyectan la existencia están calculados sobre la base de una caída en la demanda, tanto nacional como internacional, pero un cambio de tendencia podría complicar el panorama.

Algo de esto ya se está viendo con el mosto. Incluso, hay que seguir muy de cerca la paridad dólar-euro. En la medida que se mantenga el euro por encima de 1,40  dólares, es posible que algunos clientes vuelvan a interesarse en nuestros productos y, en este caso, podrían darse situaciones de tensión.

La paradoja nos dice que hay que repensar nuevamente a la vitivinicultura en base a los nuevos escenarios, donde Argentina comenzó  trabajar bien, donde nuestra relación precio-calidad es cada vez más competitiva y donde el mundo asiste a un replanteo de los modelos de consumo como resultado de la profunda crisis global.