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Sznajderman defendió la venta de su empresa a Farmacity

Los farmacéuticos mendocinos lo colocaron en el banquillo de acusado por haberle "entregado" Mitre y Del Águila a Farmacity, cadena nacional de farmacias con sede en Buenos Aires. Pero él dice no entender por qué se enojan y les contesta: "Si se le hubiera presentado la oportunidad a otro farmacéutico lo hubiera hecho. Es nada más un acto comercial".

De camisa blanca lisa, pantalón de jean claro, barba de uno o dos días, un hombre camina despacio y habla por el celular con la mirada gacha, como contando las baldosas de la vereda; justo frente a la dirección acordada para la entrevista.

Adentro, en una oficina sencilla pero amplia, nos reciben y nos dicen que en seguida viene Mario Sznajderman, el mendocino que generó una gran revolución entre sus pares locales al vender esta semana su cadena de farmacias a Farmacity.

-¿Viene en camino, le faltará mucho? -No, está atendiendo una llamada al celular en la vereda.

Sus pares mendocinos lo colocaron en el banquillo de acusado por haberle “entregado” la compañía con mayor participación en el mercado a una cadena con sede en Buenos Aires, impulsora del modelo de negocios en retail para farmacias. Él dice no entender por qué se enojan y les contesta: “Si se le hubiera presentado la oportunidad a otro farmacéutico lo hubiera hecho igual. Es nada más un acto comercial”.

El empresario es socio del Colegio Farmacéutico, de la Cámara de Farmacias y fue miembro de la comisión directiva del Consejo Empresario de Mendoza. Pero su cara no es conocida, no aparecen fotos de él en Internet y se niega a que le tomemos una.

Cuando toma asiento no suelta el celular, que en realidad es un blackberry. Está intranquilo, pero no apurado. Al cruzarse de piernas asoman sus medias negras de rayas y sus modernos zapatos negros bien lustrados. Eso y su reloj quizás sea lo único que nos confirme que ese hombre fue, hasta el lunes pasado, el dueño de las 23 sucursales de farmacias Mitre y Del Águila, con el 15% del mercado local.

Luego de diez días tratando de ubicar al farmacéutico más criticado por sus pares (un reconocido dirigente confesó haber borrado su número de teléfono) la intención es preguntarle de todo; pero el ping pong que caracteriza a las charlas periodísticas se hace imposible. El interlocutor contesta con monosílabos o deja frases sin terminar y se manifiesta realmente incómodo.

“Farmacity no se va a comer el mercado, ya compraron la número uno. Van a crecer si la gente los elije, si les brindan al consumidor algo mejor que la competencia”, comienza a soltar.

En realidad, Mario (47 años) debutó en el rubro haciendo valer su título de farmacéutico; el orgullo de su padre, Gerzon Sznajderman, un inmigrante judío que comenzó vendiendo ballenitas (literalmente) en las calles de Mendoza. Tal vez, esa sangre llevó a Mario a instalar, hace casi 21 años, su propio negocio en Colón esquina Mitre, con el nombre de esta última calle. Se convirtió en empresario, sin sacarse del todo el guardapolvo blanco, hasta ahora. Aunque, “no tendría problema en volver a trabajar en un mostrador”, asegura.

Tras vender la cadena, que en los años noventa creció hasta unas 30 sucursales propias, esta semana se retiró por completo del negocio farmacéutico. ¿En qué va a invertir? No lo sabe, o si lo sabe no lo dice. Fuera de su rubro sólo ha incursionado en el mercado inmobiliario. Ahora, con fondos frescos, el panorama se agranda pero él no teme perder y quiere analizarlo tranquilo: “Los que saben dicen que las crisis traen oportunidades”, comenta y calla de nuevo.

¿Cómo hizo para llegar a donde llegó? “Para mi la clave del éxito es levantarse temprano y trabajar, después rodearse de gente capaz. Creo en la suerte, cuanto más trabajo más suerte tengo. Es fundamental también la ayuda de Dios en todo esto”, agrega el practicante del judaísmo.

Se siente a gusto al hablar de su gente. Sus padres fallecieron en los últimos meses y disfruta el juntarse con sus cuatro hermanos y familia todos los domingos.

Gerzon le dejó sus conocimientos de la “universidad de la calle: el respeto a la gente, el cumplimiento de las obligaciones, me decía siempre ‘acordate de que el cuerpo está mientras exista la persona, el nombre es para siempre’”.

Mario sabe, sin embargo, que el viejo Sznajderman no hubiese estado de acuerdo en que vendiera la empresa. “Para ellos (habla también de su madre, Golda) desprenderse de las cosas era sacarse algo de adentro”, cuanta el hijo. Quizás para él también.