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Otra vez el Fondo aparece en el centro del debate

El FMI quedó empantanado en un verdadero Vietnam luego de la crisis argentina de 2001 y de la recuperación posterior que mostraron las economías emergentes. La postura del Gobierno nacional es clara: se requiere una reforma del Fondo para que se dejen de lado las infames "condicionalidades".
Foto: web
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Los mercados internacionales comenzaron a apostar a que el Fondo Monetario Internacional (FMI), luego de varios años en baja, volverá a ser un organismo rector para las llamadas economías "emergentes".
  
Las llamadas "acciones emergentes" subieron cuatro días consecutivos en la última semana y se ubicaron en el máximo en un mes.
  
La apuesta de los desorientados brokers es clara: trascendió que la Unión Europea podría prestarle hasta 100.000 millones de dólares al FMI.
   
El viejo continente teme que algunos de sus miembros entren  en cesación de pagos y por eso apunta a revitalizar al organismo multilateral de crédito, de modo que pueda encarar salvatajes.
  
Esa cuestión se terminará de definir en la próxima cumbre del G20, en Londres, de la que participan los países más ricos y algunos  "emergentes",  entre ellos la Argentina.
  
El FMI quedó empantanado en un verdadero Vietnam luego de la crisis argentina de 2001 y de la recuperación posterior que mostraron las economías emergentes.
  
Casi toda su cúpula fue relevada y los países hacían cola para dejar la tutela del Fondo: no sólo la Argentina prefirió cancelar sus deudas con el organismo multilateral, que se quedó casi sin "clientela".
  
La crisis financiera internacional cambió la situación porque algunas naciones -se habla de las del Este Europeo y hasta de España y Grecia- corren serios riesgos de quebrar en medio de la crisis financiera internacional.
  
La postura del Gobierno nacional, hasta el momento es clara: se requiere una reforma del Fondo para que se dejen de lado las infames "condicionalidades".
  
Se trata de la receta que el Fondo aplica a capa y espada desde hace 30 años en todos los países, más allá de su situación económica: ajuste fiscal, apertura de la cuenta de capitales, privatizaciones y desregulación.
  
El embajador en Washington, Héctor Timerman, afirmó en los últimos días que el Fondo actúa como "represor" a nivel internacional con sus recetas y exigió un cambio en las políticas del organismo.
  
El mes pasado, el titular del PJ, Néstor Kirchner, había advertido que "ni que la regalen" el Gobierno va a aceptar plata del FMI.
  
Las expectativas de los especialistas son bastante pesimistas en cuanto a la posiblidad de que el organismo con sede en Washington dé un giro "copernicano" con respecto a sus posturas históricas.
  
Más allá del pensamiento en la cúpula, toda la burocracia del FMI tiene la misma impronta, ligada a las ideas del neoliberalismo, que reinaron en las últimas décadas.
  
El debate está planteado desde el año pasado, cuando algunos economistas afirmaban que faltaban dólares para cumplir con los compromisos internacionales de 2009, versión que el Gobierno nacional rechazaba.
  
La oposición mostró un enfoque diferente: en tal sentido sorprendió la posición de Elisa Carrió, históricamente opuesta a los dictados del Fondo, quien se pronunció a volver bajo la tutela del organismo.
  
Carrió, asesorada por el economista Alfonso Prat-Gay propuso una amplia desgravación impositiva y una eliminación de retenciones para dar "confianza" a distintos sectores de la economía y cubrir con "plata del Fondo" el bache fiscal que quede en las cuentas nacionales.
  
En medio de estas polémicas, los próximos dos meses aparecen como claves para determinar qué rumbo seguirán los organismos multilaterales y el Gobierno en cuanto a sus posibilidades de financiamiento.