El mundo ante un cambio de ciclo económico
La recuperación del valor del dólar y la baja de los precios de materias primas, como granos, petróleo y metales, indican el fin de un ciclo de elevado crecimiento de estos rubros. Los países de Latinoamérica tendrán diferentes consecuencias en función de sus políticas anteriores.
Desde siempre, en la economía ha habido ciclos y esta denominación se refiere a lapsos de tiempo en que el funcionamiento presenta crecimiento, estancamientos o recesiones. Es posible visualizar en cuadros estadísticos estos ciclos y las únicas diferencias entre cada uno son la intensidad y la duración en el tiempo.
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La década de los `90 fue claramente un ciclo positivo, con eje en la economía norteamericana creciendo a tasas importantes y, por su peso específico, arrastrando a todo el mundo.
Ese ciclo se comenzó a cerrar a principios del nuevo siglo, aunque con características distintas. Porque Estados Unidos entró en un ciclo declinante, mientras que el resto del mundo comenzó un ciclo positivo. La irrupción de nuevos países emergentes con gran fortaleza le puso un contrapeso a la hegemonía tradicional norteamericana y, además, éstos aprovecharon su debilidad para crecer.
Para solucionar el debilitamiento de su economía, la Reserva Federal comenzó a bajar las tasas y llegó a un nivel del 1% anual, la más baja en 40 años. Tan baja tasa alentó flujos de capitales hacia otras latitudes, donde se destacó el denominado grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China), pero el mundo entero recibió capitales que buscaban mejores oportunidades.
Además, esa debilidad de la economía de EE.UU. hizo bajar el precio del dólar, y esto estimuló el aumento de los precios de las materias primas hacia niveles de récord históricos. Los precios crecieron por ajuste cambiario, por aumentos de la demanda y, además, cierto influjo especulativo que aceleró más la suba.
Pero todo llega su fin. Las bajas tasas alentaron la burbuja especulativa sobre el sector inmobiliario en Estados Unidos, que también se vivió en España, hasta que el impulso al consumo y los aumentos de las materias primas desataron la inflación en todo el mundo. Esto obligó a que los bancos centrales aumentaran las tasas y ahí reventó la burbuja y todo se cayó.
La ruptura de la burbuja inmobiliaria generó a serios problemas de liquidez en el mundo que aún hoy no se tienen solución a la vista. Muchos bancos afectados, aún siguen reportando pérdidas.
Pero además, el elevado precio de los alimentos y la energía desató primero inflación y, luego, una retracción del ritmo económico en todo el mundo. Europa acaba de confirmar que en el segundo trimestre tuvo un retroceso del 0,2%, el primero en los seis años de funcionamiento de la eurozona. Japón acusa menor actividad, al igual que Estados Unidos, mientras China anuncia que no seguirá creciendo al 12% y sólo llegará a un 7%.
Con este panorama, el mundo del próximo año será más pobre, con menor consumo ya que el poder adquisitivo de los consumidores será muy afectado. Además, será clara la falta de liquidez, que traerá menos crédito disponible y más caro.
La realidad es que este panorama era absolutamente previsible, por eso, muchos países tomaron previsiones. El caso más típico fue Chile, que con los excedentes del cobre generó un fondo anticíclico de 50.000 millones de dólares, que le permitirá afrontar mejor los tiempos que se vienen.
Brasil optó por canjear deuda en dólares por otra en moneda nacional y más largo plazo ante la previsión de una suba del valor de la moneda norteamericana. Ambos países, ahora, están dejando que sus monedas se devalúen ante el dólar.
En este contexto, es previsible que se profundice la baja de los precios de las materias primas. Tanto petróleo, como granos y metales han tenido caídas promedio del 30% y aún no se visualiza el piso en el que pararán.
Por eso preocupa el futuro de Argentina. Si bajan más los precios de los granos y el petróleo, se caerá fuertemente el ingreso por retenciones. Pero hay otro agravante, y es que los sectores afectados por las retenciones ya no pueden sobrevivir con los actuales precios en picada y la inflación interna creciente.
Esta situación obligará a bajar retenciones o eliminarlas, lo que castigará la caja y aumentarán los riesgos de un nuevo default. La otra es ir a una eliminación progresiva, pero con fuerte baja del gasto público, lo que significa bajar o eliminar subsidios, y esto impactará sobre los precios internos.
La más fácil, será devaluar o dejar que la moneda se devalúe normalmente, pero esto afectará el nivel de actividad porque acelerará la licuación de salarios en complicidad con la inflación.
El cambio de ciclo, en Latinoamérica, será soportado sin grandes problemas por países como México, Brasil, Colombia, Perú, Chile y Uruguay. Graves problemas tendrán Argentina, Venezuela, Ecuador y Bolivia. Cada uno trabajó para eso.
Pero todo llega su fin. Las bajas tasas alentaron la burbuja especulativa sobre el sector inmobiliario en Estados Unidos, que también se vivió en España, hasta que el impulso al consumo y los aumentos de las materias primas desataron la inflación en todo el mundo. Esto obligó a que los bancos centrales aumentaran las tasas y ahí reventó la burbuja y todo se cayó.
La ruptura de la burbuja inmobiliaria generó a serios problemas de liquidez en el mundo que aún hoy no se tienen solución a la vista. Muchos bancos afectados, aún siguen reportando pérdidas.
Pero además, el elevado precio de los alimentos y la energía desató primero inflación y, luego, una retracción del ritmo económico en todo el mundo. Europa acaba de confirmar que en el segundo trimestre tuvo un retroceso del 0,2%, el primero en los seis años de funcionamiento de la eurozona. Japón acusa menor actividad, al igual que Estados Unidos, mientras China anuncia que no seguirá creciendo al 12% y sólo llegará a un 7%.
Con este panorama, el mundo del próximo año será más pobre, con menor consumo ya que el poder adquisitivo de los consumidores será muy afectado. Además, será clara la falta de liquidez, que traerá menos crédito disponible y más caro.
La realidad es que este panorama era absolutamente previsible, por eso, muchos países tomaron previsiones. El caso más típico fue Chile, que con los excedentes del cobre generó un fondo anticíclico de 50.000 millones de dólares, que le permitirá afrontar mejor los tiempos que se vienen.
Brasil optó por canjear deuda en dólares por otra en moneda nacional y más largo plazo ante la previsión de una suba del valor de la moneda norteamericana. Ambos países, ahora, están dejando que sus monedas se devalúen ante el dólar.
En este contexto, es previsible que se profundice la baja de los precios de las materias primas. Tanto petróleo, como granos y metales han tenido caídas promedio del 30% y aún no se visualiza el piso en el que pararán.
Por eso preocupa el futuro de Argentina. Si bajan más los precios de los granos y el petróleo, se caerá fuertemente el ingreso por retenciones. Pero hay otro agravante, y es que los sectores afectados por las retenciones ya no pueden sobrevivir con los actuales precios en picada y la inflación interna creciente.
Esta situación obligará a bajar retenciones o eliminarlas, lo que castigará la caja y aumentarán los riesgos de un nuevo default. La otra es ir a una eliminación progresiva, pero con fuerte baja del gasto público, lo que significa bajar o eliminar subsidios, y esto impactará sobre los precios internos.
La más fácil, será devaluar o dejar que la moneda se devalúe normalmente, pero esto afectará el nivel de actividad porque acelerará la licuación de salarios en complicidad con la inflación.
El cambio de ciclo, en Latinoamérica, será soportado sin grandes problemas por países como México, Brasil, Colombia, Perú, Chile y Uruguay. Graves problemas tendrán Argentina, Venezuela, Ecuador y Bolivia. Cada uno trabajó para eso.


