La cosecha del ajo está en graves problemas
Cientos de productores de ajo de toda la provincia acaban de darse cuenta de que este año no hay compradores. La crisis financiera mundial, -sobre la que el gobierno ha comenzado a decir que tendrá serios efectos sobre la economía de Mendoza-, frenó las compras de los principales centros de consumo del mundo.
Mientras analistas y funcionarios se pasan los días explicando la forma en que el gobierno provincial atenuará el seguro impacto que la crisis financiera mundial tendrá sobre la economía local, los productores de ajo de Mendoza están enganchando la rastra al tractor para pasar por encima de un cultivo que hoy no tiene compradores.
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Funcionarios de los ministerios de Hacienda y Producción se esmeraron en los últimos días por demostrar, al menos, tres cosas: hay, efectivamente, una crisis; va a impactar en la economía mendocina; y se cuenta con las herramientas necesarias para atenuar su efecto negativo. Los distintos auditorios que escucharon la presentación oficial no tuvieron problemas en dejarse convencer de los dos primeros puntos.
Desde el gobierno, el flamante subsecretario de Financiamiento, Raúl Mercau, quien en los últimos días se la ha pasado mostrando gráficos sobre la crisis internacional y sus efectos en estas tierras, confirmó que, al menos hasta septiembre pasado, los principales productos que exporta Mendoza mostraban signos de crecimiento. Todos menos uno: el ajo.
“Estimamos que las economías de los grandes compradores de la producción mendocina, -Estados Unidos, la Unión Europea, el Reino Unido, Rusia y Brasil- dejarán de crecer o crecerán a menor ritmo y, por lo tanto, es de esperar que compren menos”, señaló Mercau.
Un salvavidas para los productores
Unos 30 productores de ajo, de los más representativos de San Carlos, se sentaron esta semana a escuchar al presidente del Fondo de la Transformación, José Luis Álvarez, quien llegó hasta la Sociedad Rural del Valle de Uco para ofrecer una solución urgente a la situación que atraviesa el sector.
De acuerdo a las cifras que hoy maneja el Instituto de Desarrollo Rural (IDR), el Valle de Uco representa poco más de la mitad de toda la superficie plantada con ajo en la provincia. De las 12.600 hectáreas plantadas en Mendoza, el 51% está en el Valle y, de éstas, más de la mitad está en San Carlos. Los problemas que hoy enfrentan los productores ajeros del Valle son representativos de los que encaran sus pares de Maipú, Luján, Lavalle, San Rafael y Malargüe, por citar sólo a los más comprometidos.
“En medio de esta crisis financiera mundial, los grandes centros de consumo del mundo han dejado de tomar decisiones”, graficó Álvarez delante de los productores. Brasil, el principal comprador del ajo argentino no está comprando. Por un lado, la crisis frenó todo tipo de compras; por otro, el vecino más importante del Mercosur anticipó el escenario de crisis mundial con una devaluación de casi 40% y optó por comprar más barato: ajo chino, en lugar del argentino.
Si bien el sector del ajo tiene desde hace varios años problemas estructurales, lo cierto es que hoy tiene un serio problema coyuntural. Aunque todos los analistas coinciden en señalar que el mercado se va a reactivar, -la gente no va a dejar de consumir alimentos-, el problema del productor primario es cómo levanta la cosecha hoy. “Hoy” quiere decir esta semana, en el caso de que haya plantado ajo morado (chino); o la primera semana de diciembre, si plantó ajo colorado.
A grandes rasgos, los productores de ajo suelen vender de dos formas distintas. Una, lo que llaman “en verde”, que consiste en vender ni bien se cosecha –dependiendo de la variedad, entre principios de noviembre y mediados de diciembre-. Otra, aguantarlo para venderlo “en seco”, en cuyo caso, tras la cosecha, se estiva el ajo de forma de permitir que se seque sin dañarse; de este modo, es posible venderlo entre febrero y abril, normalmente, a un precio mayor.
Sin red y con muy poca información, los productores plantan ajo como si fuera una apuesta. Con el ingreso de la anterior cosecha pagan la semilla, los jornales necesarios para plantarla, los fertilizantes, los herbicidas y el mantenimiento que necesita el cultivo. Para cuando llega esta época, muchos productores están sin fondos y, entonces, los compradores suelen adelantarles algo para pagar el trabajo de cosecha.
Pero este año no hay compradores y el ajo está en la tierra. Los ajeros que se sentaron a escuchar al presidente del Fondo de la Transformación tenían que decidir entre dos malas opciones: una, abandonar el cultivo (pasarle la rastra); otra, si tomar un préstamo –al 5,5% anual- para pagar los jornales que implica cosechar el ajo –unos $2.500 por hectárea-, para luego ponerlo a secar con la esperanza de que para marzo o abril el mercado se haya comenzado a mover y los compradores estén dispuesto a llevarse el ajo seco.
Frente a semejante disyuntiva, los productores no tuvieron que pensar demasiado antes de darse cuenta de que lo que les estaban ofreciendo no era, precisamente, un salvavidas. Un productor que participó del encuentro lo sintetizó claramente: “Nos fundimos laburando”.
Dólar y retenciones
Al igual que los industriales de todo el país, los productores primarios también están pidiendo una devaluación de la moneda. En criollo, un dólar más alto. La primera razón es poco más que una frase hecha: la pérdida de competitividad en el mercado internacional. La segunda es que Brasil, el principal comprador del ajo, tiene hoy una moneda devaluada, con lo que comprar ajo en la Argentina –que apenas si comenzó a devaluar- le sale más caro.
Durante la reunión de los ajeros, el presidente de la Sociedad Rural del Valle de Uco, Mario Leiva, volvió a señalar un tema sobre el que este año ya se ha escuchado mucho: Las retenciones a la exportación que pesan, también, sobre el ajo y que ni siquiera tienen esperanza de entrar en la agenda nacional. “Mientras China y Brasil destinan dinero para sostener a sus productores, nosotros tenemos retenciones a las exportaciones de las economías regionales. Si la nación no quiere eliminar las retenciones, entonces que se busque la forma de reintegrar esos fondos, por otra vía, a los productores”, sostuvo un enérgico Leiva.
Los problemas de siempre
Los problemas estructurales de los productores de ajo, al menos en el Valle de Uco, no son nuevos. Desde hace años, cada vez que el mercado se pone difícil, surge la idea de alcanzar una mejor organización entre los productores que permita, no sólo fijar un precio de referencia para la venta, sino también una mejor posición a la hora de tratar con el resto de la cadena productiva. Sin embargo, hasta ahora, la posibilidad de una mejor organización ha quedado siempre en la etapa del boceto.
Otro de los problemas de largo plazo, tiene que ver con la posibilidad de alcanzar una producción diferenciada. Gobierno, productores y entidades del agro repiten con orgullo, cada vez que pueden, el dato de que la Argentina es el segundo exportador mundial de ajo, después de China. Lo que no dicen es que China produce la friolera de 150 veces más ajo que la Argentina. Es verdad, la Argentina es el segundo productor en el mundo, pero ese dato no necesariamente significa algo. La diferencia entre la producción de ajo de China y la Argentina es tal que China controla tranquilamente el mercado internacional del ajo con sólo el 5% de su producción.
Este escenario explica, al menos, dos cosas. Por un lado, el grado de dependencia que el sector ajero local tiene de su principal comprador: Brasil. El día que Brasil decida comprar ajo chino –la cantidad que quiera- el negocio del sector en la Argentina deberá, al menos, rehacerse. Y ese día parece haber llegado.
Por otro lado, que resulta obvio que la producción ajera local debe buscar diferenciarse en calidad, -en cantidad no puede-, respecto de China. Sin embargo, la mitad de la producción de ajo mendocino –que es la principal provincia productora de ajo en la Argentina- es, justamente, ajo morado, la principal variedad que produce China.
Unos 30 productores de ajo, de los más representativos de San Carlos, se sentaron esta semana a escuchar al presidente del Fondo de la Transformación, José Luis Álvarez, quien llegó hasta la Sociedad Rural del Valle de Uco para ofrecer una solución urgente a la situación que atraviesa el sector.
De acuerdo a las cifras que hoy maneja el Instituto de Desarrollo Rural (IDR), el Valle de Uco representa poco más de la mitad de toda la superficie plantada con ajo en la provincia. De las 12.600 hectáreas plantadas en Mendoza, el 51% está en el Valle y, de éstas, más de la mitad está en San Carlos. Los problemas que hoy enfrentan los productores ajeros del Valle son representativos de los que encaran sus pares de Maipú, Luján, Lavalle, San Rafael y Malargüe, por citar sólo a los más comprometidos.
“En medio de esta crisis financiera mundial, los grandes centros de consumo del mundo han dejado de tomar decisiones”, graficó Álvarez delante de los productores. Brasil, el principal comprador del ajo argentino no está comprando. Por un lado, la crisis frenó todo tipo de compras; por otro, el vecino más importante del Mercosur anticipó el escenario de crisis mundial con una devaluación de casi 40% y optó por comprar más barato: ajo chino, en lugar del argentino.
Si bien el sector del ajo tiene desde hace varios años problemas estructurales, lo cierto es que hoy tiene un serio problema coyuntural. Aunque todos los analistas coinciden en señalar que el mercado se va a reactivar, -la gente no va a dejar de consumir alimentos-, el problema del productor primario es cómo levanta la cosecha hoy. “Hoy” quiere decir esta semana, en el caso de que haya plantado ajo morado (chino); o la primera semana de diciembre, si plantó ajo colorado.
A grandes rasgos, los productores de ajo suelen vender de dos formas distintas. Una, lo que llaman “en verde”, que consiste en vender ni bien se cosecha –dependiendo de la variedad, entre principios de noviembre y mediados de diciembre-. Otra, aguantarlo para venderlo “en seco”, en cuyo caso, tras la cosecha, se estiva el ajo de forma de permitir que se seque sin dañarse; de este modo, es posible venderlo entre febrero y abril, normalmente, a un precio mayor.
Sin red y con muy poca información, los productores plantan ajo como si fuera una apuesta. Con el ingreso de la anterior cosecha pagan la semilla, los jornales necesarios para plantarla, los fertilizantes, los herbicidas y el mantenimiento que necesita el cultivo. Para cuando llega esta época, muchos productores están sin fondos y, entonces, los compradores suelen adelantarles algo para pagar el trabajo de cosecha.
Pero este año no hay compradores y el ajo está en la tierra. Los ajeros que se sentaron a escuchar al presidente del Fondo de la Transformación tenían que decidir entre dos malas opciones: una, abandonar el cultivo (pasarle la rastra); otra, si tomar un préstamo –al 5,5% anual- para pagar los jornales que implica cosechar el ajo –unos $2.500 por hectárea-, para luego ponerlo a secar con la esperanza de que para marzo o abril el mercado se haya comenzado a mover y los compradores estén dispuesto a llevarse el ajo seco.
Frente a semejante disyuntiva, los productores no tuvieron que pensar demasiado antes de darse cuenta de que lo que les estaban ofreciendo no era, precisamente, un salvavidas. Un productor que participó del encuentro lo sintetizó claramente: “Nos fundimos laburando”.
Dólar y retenciones
Al igual que los industriales de todo el país, los productores primarios también están pidiendo una devaluación de la moneda. En criollo, un dólar más alto. La primera razón es poco más que una frase hecha: la pérdida de competitividad en el mercado internacional. La segunda es que Brasil, el principal comprador del ajo, tiene hoy una moneda devaluada, con lo que comprar ajo en la Argentina –que apenas si comenzó a devaluar- le sale más caro.
Durante la reunión de los ajeros, el presidente de la Sociedad Rural del Valle de Uco, Mario Leiva, volvió a señalar un tema sobre el que este año ya se ha escuchado mucho: Las retenciones a la exportación que pesan, también, sobre el ajo y que ni siquiera tienen esperanza de entrar en la agenda nacional. “Mientras China y Brasil destinan dinero para sostener a sus productores, nosotros tenemos retenciones a las exportaciones de las economías regionales. Si la nación no quiere eliminar las retenciones, entonces que se busque la forma de reintegrar esos fondos, por otra vía, a los productores”, sostuvo un enérgico Leiva.
Los problemas de siempre
Los problemas estructurales de los productores de ajo, al menos en el Valle de Uco, no son nuevos. Desde hace años, cada vez que el mercado se pone difícil, surge la idea de alcanzar una mejor organización entre los productores que permita, no sólo fijar un precio de referencia para la venta, sino también una mejor posición a la hora de tratar con el resto de la cadena productiva. Sin embargo, hasta ahora, la posibilidad de una mejor organización ha quedado siempre en la etapa del boceto.
Otro de los problemas de largo plazo, tiene que ver con la posibilidad de alcanzar una producción diferenciada. Gobierno, productores y entidades del agro repiten con orgullo, cada vez que pueden, el dato de que la Argentina es el segundo exportador mundial de ajo, después de China. Lo que no dicen es que China produce la friolera de 150 veces más ajo que la Argentina. Es verdad, la Argentina es el segundo productor en el mundo, pero ese dato no necesariamente significa algo. La diferencia entre la producción de ajo de China y la Argentina es tal que China controla tranquilamente el mercado internacional del ajo con sólo el 5% de su producción.
Este escenario explica, al menos, dos cosas. Por un lado, el grado de dependencia que el sector ajero local tiene de su principal comprador: Brasil. El día que Brasil decida comprar ajo chino –la cantidad que quiera- el negocio del sector en la Argentina deberá, al menos, rehacerse. Y ese día parece haber llegado.
Por otro lado, que resulta obvio que la producción ajera local debe buscar diferenciarse en calidad, -en cantidad no puede-, respecto de China. Sin embargo, la mitad de la producción de ajo mendocino –que es la principal provincia productora de ajo en la Argentina- es, justamente, ajo morado, la principal variedad que produce China.

