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Paro en la AFA: los clubes mendocinos cierran filas y muestran su alineamiento

Independiente Rivadavia, Gimnasia, Godoy Cruz y Maipú adhieren al paro de AFA y reflejan el peso político del oficialismo en el fútbol local.

Daniel Vila habló sobre los escándalos que hoy sacuden a la entidad que preside Claudio Tapia.

Daniel Vila habló sobre los escándalos que hoy sacuden a la entidad que preside Claudio Tapia.

Prensa Copa Argentina

El paro convocado para el fin de semana del 7 y 8 de marzo por AFA no puede leerse solo como una medida gremial ni como un gesto administrativo frente a una investigación judicial.

Es, ante todo, un episodio de poder. Un capítulo más en la larga novela del fútbol argentino donde los resultados no siempre se definen en la cancha, sino en la arquitectura invisible de las mal llamadas "lealtades".

La causa que motoriza el conflicto tiene un peso específico ineludible: una denuncia presentada por ARCA el 12 de diciembre de 2025 investiga la presunta retención indebida de aportes previsionales e impuestos por más de $19.300 millones. En el centro de la escena aparecen la conducción de la AFA y su estructura política, con Claudio Tapia y Pablo Toviggino como figuras determinantes de un modelo de conducción que privilegia la cohesión interna por sobre la disidencia pública. Pero en realidad esto es sólo la punta de un iceberg institucional.

San Lorenzo Instituto remera apoyo AFA
Remera usada en la jornada de hoy en el partido San Lorenzo vs Instituto. 

Remera usada en la jornada de hoy en el partido San Lorenzo vs Instituto.

Claudio Tapia y el paro de AFA: cuando el poder baja línea y el fútbol obedece

En ese tablero, los clubes mendocinos no eligieron el silencio: eligieron el alineamiento. Independiente Rivadavia, Gimnasia y Esgrima, Godoy Cruz Antonio Tomba y Deportivo Maipú adhirieron a la medida. Y la pregunta incómoda no es por qué lo hicieron, sino qué otra cosa podían hacer.

El mapa de apoyos no sorprende. Independiente Rivadavia, con Daniel Vila como una de las voces con mayor peso político, se muestra como uno de los respaldos más firmes de la conducción nacional. El club, campeón vigente de la Copa Argentina, no disimula su pertenencia al núcleo duro de la estructura dirigencial.

Gimnasia adopta un perfil más silencioso, pero no menos elocuente: no confronta, no cuestiona, no se despega. En política, la neutralidad no existe; existe el aval sin estridencias.

El caso de Godoy Cruz también responde a una lógica conocida. La institución mantiene desde hace años una relación de afinidad con la conducción de la AFA, una postura que su presidente José Manzur ha sostenido públicamente en reiteradas oportunidades.

Deportivo Maipú, aunque sin manifestaciones públicas recientes, se inscribe en la misma línea de respaldo. El silencio institucional, en este contexto, no es distancia: es pertenencia. Y uno entiende que en el momento de la familia Sperdutti por el escándalo de la Liga Mendocina de fútbol, el silencio es salud.

El alineamiento provincial se extiende incluso más allá del profesionalismo. En el Federal A, Huracán Las Heras, Atlético Club San Martín y FADEP orbitan en la misma constelación de apoyos, en un ecosistema donde las suspicacias y las interpretaciones políticas son parte constitutiva del juego.

En este escenario emerge una figura que adquiere dimensión simbólica: Estudiantes de La Plata, el único que no fijó postura. No es un gesto menor. Es una rareza. En un sistema donde el consenso suele ser más orgánico que espontáneo, la abstención se convierte en declaración.

tapia y Mansur

Corrupción, silencio y disciplina: el costo de no alinearse en la AFA

El interrogante de fondo es otro: ¿quién está dispuesto a pagar el costo político de disentir? En el fútbol argentino, la lógica de alineamientos se parece más a una relación de fuerzas que a un debate institucional. La metáfora del circo no es exagerada: hay un domador, hay equilibristas y hay quienes observan desde la cuerda floja.

Los antecedentes recientes refuerzan esa percepción. Atlético Tucumán cuestionó arbitrajes y, en cuestión de horas, volvió a la órbita oficialista. El propio Godoy Cruz Antonio Tomba, cuando sus futbolistas alzaron la voz por decisiones arbitrales, vio a su dirigencia desmarcarse con rapidez quirúrgica y reafirmar su respaldo institucional.

La escena se repite: el fútbol argentino funciona como un sistema gravitacional. Quien se aleja del centro corre el riesgo de perder estabilidad. Y en ese contexto, el paro no aparece como una reacción, sino como un síntoma.

El deporte suele ofrecer metáforas nobles sobre competencia y mérito. Pero también refleja, con brutal sinceridad, las tensiones de la vida pública argentina. La pelota sigue rodando, sí, pero a veces lo hace en una cancha donde el resultado ya viene condicionado por el poder que la rodea.

La gran incógnita no es qué pasará el 7 y 8 de marzo. La verdadera pregunta es si el fútbol argentino puede discutir su rumbo sin convertir la disidencia en herejía. Porque cuando el consenso es obligatorio, el juego deja de ser colectivo y pasa a ser disciplinario. Y en ese terreno, el resultado nunca es deportivo: es político.

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