Pacífico fue mucho más que voley: un triunfo que se parece a la vida
Pacifico remontó con temple y juego inteligente para vencer a Unión en un duelo épico que mostró que el carácter también gana partidos en el voley nacional.
En el deporte, como en la vida, no siempre gana el que empieza mejor, sino el que no se rinde cuando todo parece perdido. Eso fue lo que mostró Pacífico en una de las jornadas más vibrantes de la Liga Nacional Femenina de Vóley: un triunfo épico por 3-2 (25-22, 19-25, 19-25, 25-21 y 15-10) ante Unión de Santa Fe, que se desató en un tie-break de coraje y convicción.
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Pacifico llevo el vóley al modo vida
El conjunto mendocino escribió un capítulo de esos que se recuerdan no solo por el resultado, sino por el espíritu con el que se interpretó el juego. Como en la vida misma, hubo altibajos: momentos de dominio absoluto, como en el primer set, y otros de dudas, cuando el rival supo ajustar y equilibrar las fuerzas para llevarse parciales con claridad. Sin embargo, la fortaleza mental de Pacífico fue el motor que lo sostuvo.
En términos tácticos, el partido mostró una historia de ajustes y contramarchas. Unión, con un saque profundo y agresivo, consiguió romper líneas en el segundo y tercer sets, obligando a Pacífico a rearmar su trama defensiva y reconstruir su ataque. Fue allí donde entró en escena la lectura correcta del juego, la inteligencia para no dejar que el marcador dicte miedo, y la valentía de sostener cada punto como si fuera el último.
Ya lo decía Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en “Ji ji ji”: "…y se ofreció mejor que nunca". Esa sentencia —tan rockera como filosófica— resonó en el cierre del tie-break. Porque Pacífico no solo se impuso en cancha: se impuso a sí mismo, replanteando sus certezas, tomando riesgos calculados y encontrando soluciones cuando la presión era más alta.
El último parcial —ese tie-break donde solo queda quemar las naves— fue una exhibición de carácter: Pacífico atacó con decisión, defendió con temple y cerró con precisión. No fue casualidad, sino consecuencia de un equipo que entendió que el voley no solo se juega con manos, sino con cabeza y corazón.
Este tipo de victorias se parecen a los desafíos cotidianos: hay momentos donde parece que el viento sopla en contra, donde el rival parece tener todas las cartas a su favor, y donde quedarse estático es la opción más tentadora. Sin embargo, Pacífico eligió luchar, ajustar, creer.
Al final, el marcador quedó registrado como un triunfo por 3-2, pero la lectura va más allá de los números: fue la confirmación de un grupo que no se desespera, que analiza, que corrige y que sale a buscar su destino punto a punto.
Y en un deporte donde cada pelota cuenta, hoy Pacífico mostró que cada quien puede ser arquitecto de su propio triunfo.



