No trates de entenderlo: el fútbol argentino, un zombi que deambula por el continente
Salvo buenas excepciones, el fútbol criollo se arrastra por Sudamérica y se rinde a los pies del brasileño. Años de prestigio tirados a la basura.
El gesto de Ángel Di María a los brasileños, un reflejo de impotencia propio del fútbol argentino.
Getty ImagesRoto. Descosido. Mal parado. Andrajoso. Como el último zombi de la película de terror. Como puede y con lo que puede. Porque más allá de algunas interesantes excepciones, el fútbol argentino deambula por el continente como si no tuviera toda una historia detrás que lo pudiera sostener. No protagoniza, no saca pecho, apenas compite.
A regañadientes, nuestro amado fútbol, ese que se rebalsó de prestigio durante décadas, con gestas y epopeyas que nos marcaron para siempre, hoy padece, sufre, llora, y cada vez que cruza las fronteras, se marea y cae.
Como si se tratara de un dominó, los clubes nuestros llegan bien parados, se posicionan, se ilusionan y se van, en su gran mayoría, por la puerta de atrás.
Y en ese sentido, y en todos, los números no mienten. De trece clubes que representaron al fútbol argentino a nivel internacional este año, sólo tres quedan en carrera, y podría sumarse un cuarto con River. Suena a poco, muy poco, nada.
Con equipos que no dieron la talla como Racing, San Lorenzo o Lanús, con otros que salieron a pasear como Deportivo Riestra o Barracas Central, y con otros que decepcionaron a propios y extraños como Boca, River o Rosario Central, la liga de los campeones del mundo volvió a defraudar.
Porque no alcanza con las buenas excepciones como Independiente Rivadavia o Platense, que con sus armas presentaron y presentan batalla hasta la última gota de sangre y sudor, con presupuestos y estructuras muy diferentes a otros que lejos están de marcar el camino.
Podrán ser los millones de diferencia, que cada vez son menos de diferencia, podrá ser la falta de competencia interna, cada vez más lejos de ser competencia, o será simplemente que somos testigos de una época oscura para el fútbol argentino que habrá que sobrellevar contra viento y marea hasta que vuelva a salir el sol.
Por lo pronto, si el Pincha y el Calamar no hacen la heroica esta vez, nos tocará volver a mirar por televisión, de lejos, como escondidos y hasta con vergüenza y envidia, que la gloria eterna se muda para otro lado por octavo año consecutivo.
Y si no hay un cambio profundo, una renovación, una refundación y un giro rotundo que nazca desde las entrañas de nuestro deporte más popular, esa gloria será más eterna que nunca, pero para otros.

