Marcelo Gallardo y "las segundas partes nunca fueran buenas"
Emocionado,Gallardo anunció su retiro de entrenador de River. Impensado, pero previsible luego de un año y medio de frustraciones.
La última imagen de Marcelo Gallardo dirigiendo a River. El jueves será su despedida en el Monumental.
FotobairesEl adagio parece repetirse como un sino inevitable en muchas oportunidades. Fue contundente y letal con el Muñeco. No tuvo siquiera en cuenta la estatua( superabundante en la configuración de atributos naturales) que luce en las proximidades del Monumental, ni la gran cantidad de títulos y logros.
El fútbol argentino tiene poca paciencia y no distingue clubes, jerarquías ni antecedentes. Todo urge.
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En este caso, Gallardo fue la víctima, aunque puso bastante de lo suyo.
Marcelo venía de un paso en falso por Arabia Saudita. Vale una aclaración; paso en falso en lo deportivo, pero super exitoso, por lo que se conoce, en lo económico.
Contratado por el club saudí Al-Ittihad su periplo duró sólo 6 meses con una campaña mediocre y efectividad de un 50%.Despedido, su desvinculación se prolongó por la cifra indemnizatoria a recibir. En ese ítem le fue muy bien.
Su retorno generó expectativas, esperanzas y emoción en el pueblo millonario. Marcelo fue y será un símbolo millonario, aún en la desventura actual.
Con el presente negativo que concluyó en el retiro voluntario del entrenador, es necesario resaltar que Marcelo fue actor principal de su propia desventura.
Salvo pequeños lapsos de tiempo, donde el equipo jugó de acuerdo a las exigencias de River y el estilo del Muñeco, la performance general fue pobre, con fracaso en todas las instancias disputadas y con un ciclo final calamitoso, poblado de derrotas y escasas alegrías, incluida la no participación en la Copa Libertadores.
Gallardo lució dubitativo, fastidioso, descartando abruptamente jugadores que el mismo había traído y apelando a juveniles, desechados prematuramente sin explicación racional. Subidos en instancias muy complejas y abandonados sin hesitar.
Gastó alrededor de 80 millones de dólares en refuerzos, la mayoría de los cuales no dieron la talla. En conjunto con los dirigentes, repatriaron jugadores que le habían dado la gloria del período anterior. Prácticamente ninguno estuvo a la altura. Fallido compartido.
Apareció soberbio, irascible con los árbitros y regañando con gestos airados a jugadores propios. Fue diseñando su camino de salida.
River Plate es muy grande y la exigencia del fútbol actual no respeta pergaminos ni estatuas. Mandan resultados exitosos, aún cuando el club como institución ha crecido y sobresale en el mundo por su estadio maravilloso y en ampliación y modernización, su proliferación en actividades deportivas y su prestación educativa en todos los niveles. La Universidad de River está a punto de recibir la aprobación de la Coneau.
Una maravilla institucional opacada por la pobreza futbolística actual.
Se va el Muñeco, cabizbajo, golpeado, derrotado. El fútbol es cruel, pero para su lamento y en su caso, Marcelo tuvo mucho de responsabilidad. ¿Habrá otra oportunidad? “Chi lo sá”, diría un italiano.


