Lo bueno y lo malo del fútbol mendocino: entre la ilusión que empuja y los errores que condenan
Godoy Cruz, Independiente Rivadavia, Maipú y Gimnasia: lo bueno y lo malo del fin de semana en el fútbol mendocino y sus claves.
Godoy Cruz cortó una racha de 194 días sin ganar y es el dato del fin de semana para el fútbol de Mendoza.
Alf Ponce Mercado / MDZ
El fin de semana dejó una radiografía tan real como incómoda para los equipos mendocinos: entre alivios, frustraciones y señales contradictorias, ninguno logró escaparle a su propia lógica.
Godoy Cruz Antonio Tomba volvió a ganar y rompió una racha pesada en casa ante Ferro Carril Oeste, pero otra vez convivió con el desorden fuera de la cancha; Independiente Rivadavia rescató un triunfo valioso en su visita a Gimnasia y Esgrima La Plata que lo sostiene arriba, aunque dejó una preocupación fuerte; Deportivo Maipú volvió a jugar bien lejos de casa pero repitió el mismo final ante Atlanta: derrota y manos vacías; y Gimnasia y Esgrima de Mendoza, pese a algunos pasajes interesantes, cayó ante Estudiantes de La Plata y volvió a mostrar que todavía está en proceso de maduración.
Cuatro historias distintas, un mismo denominador: Mendoza compite, pero todavía no termina de dar el salto.
Godoy Cruz: volvió a ganar… pero convive con el caos
Después de 194 días eternos, Godoy Cruz Antonio Tomba volvió a sonreír. Y no fue una victoria más: fue un desahogo, una mochila que pesaba demasiado y que por fin alguien se animó a soltar.
Pero en el mundo Tomba, nunca es solo fútbol.
Lo bueno: una victoria que cambia el aire
El equipo volvió al triunfo y eso, en este contexto, lo es todo. Cortó la sequía, rompió la inercia negativa y, sobre todo, recuperó algo que parecía perdido: confianza.
En el medio apareció una de las mejores noticias de la noche. El tridente conformado por Andrada, Poggi y Gil Romero le dio equilibrio, orden y hasta carácter a un equipo que venía golpeado. Funcionaron como un bloque, como hacía tiempo no se veía.
Y hubo algo más. Algo que no se mide en estadísticas.
La gente.
El hincha tombino volvió a decir presente en buen número, pero no solo eso: volvió con otra energía. Se sintió en el aire, en el clima, en esa aura que empuja incluso cuando las cosas no salen. Esta vez, empujó… y el equipo respondió.
Como frutilla del postre, el Tomba también logró sacarse otra espina: ganó por primera vez en el Gambarte desde su remodelación. Un detalle que parecía menor, pero que también pesaba.
Lo malo: lo de siempre… una grieta más
Pero claro, en Godoy Cruz siempre hay un “pero”.
Y esta vez volvió demasiado rápido.
Otra vez los incidentes. Otra vez los hinchas intentando frenar el partido a los seis minutos. Alambrados, demoras, tensión. Después del gol de Poggi, el juego volvió a interrumpirse.
No es nuevo. Y justamente ahí está el problema.
Porque empieza a ser costumbre. Y lo que se naturaliza, se vuelve peligroso.
Como si fuera poco, el club tampoco tuvo voz del estadio. Sí, insólito. Nadie informó cambios, nadie comunicó nada. Una situación que expone desorganización y que deja mal parado a un club de “primera”.
¿El motivo? El socio que habitualmente cumple ese rol quedó en el medio de las sanciones internas y el resultado fue un estadio… en silencio institucional.
Y hay más.
La polémica por los socios: el “socio bodeguero” no pudo ocupar la tribuna oeste, lo que dejó un sector visiblemente despoblado. Una medida que genera ruido, malestar y que muchos ya catalogan como fría, distante y poco popular.
Independiente Rivadavia trajo un triunfazo… pero perdió mucho más que un jugador
En una cancha brava, de esas que te exigen carácter, Independiente Rivadavia rescató un triunfo que vale más de lo que parece.
Porque no es solo sumar: es cortar la racha, es seguir arriba, es no caerse cuando el momento amagaba con torcerse.
Pero como suele pasar en la Lepra, la historia nunca es completa.
Lo bueno: carácter, gol y figuras que responden
El equipo volvió a sumar y lo hizo en un contexto pesado. Ese triunfo es clave porque le permite seguir prendido y, sobre todo, dejar atrás una serie de partidos sin ganar que empezaba a incomodar.
Y si hay nombres propios, hay que decirlos.
Sartori volvió a aparecer cuando el equipo más lo necesitaba. Gol clave, presencia en el área y esa sensación de que cada pelota que toca puede terminar adentro.
José Florentín fue otro de los puntos altos. Entre los dos sostuvieron al equipo en los momentos más calientes del partido.
Son, hoy por hoy, dos de los emblemas de este Independiente que pelea más de lo que brilla… pero que compite siempre.
Lo malo: un golpe durísimo y un problema que se repite
Pero todo lo bueno tuvo un freno abrupto.
La lesión de Macagno es, sin discusión, lo peor de la fecha para el Azul. El arquero había recuperado la titularidad, el técnico le había dado la confianza… y duró menos de 15 minutos.
Aductor, dolor y preocupación.
Un golpe que no solo afecta lo físico, sino también lo anímico, en un puesto donde la continuidad es clave.
Y hay otro tema que ya no es nuevo… pero sí cada vez más molesto.
Hablar con los protagonistas es una misión imposible.
Notas, mano a mano, declaraciones fuera del protocolo: todo cuesta. Todo se traba. Todo parece estar blindado.
Y ahí es donde aparece una pregunta incómoda: ¿por qué los clubes le ponen barreras a sus propios hinchas?
Porque los medios no son enemigos. Son el puente.
Son el nexo entre el jugador y la gente. Y cuando ese puente se corta, pierde el fútbol. Pierde el hincha. Pierde el propio club. No es sólo de Independiente, hoy pasa en los cuatro equipos de Mendoza que juegan torneos profesionales: todo es difícil.
Maipú juega, gusta por momentos… pero pierde siempre afuera: alarma encendida en el Cruzado
A Deportivo Maipú le pasa algo peligroso: hace méritos… pero se queda con las manos vacías.
Y en el fútbol, eso no es un detalle. Es un problema.
Lo malo: juega bien, pero pierde igual (y eso ya no alcanza)
Otra vez, el equipo hizo un partido más que digno de visitante. Incluso por momentos fue superior, intentó, generó, se animó.
Pero volvió a perder.
Y ahí está el foco de la preocupación: errores infantiles que se pagan carísimo y una estadística que empieza a pesar como una mochila de plomo. Maipú todavía no ganó fuera de casa y apenas suma 1 punto de 9 posibles.
Demasiado poco para un equipo que pretende ser competitivo.
Como si fuera poco, llegó otro golpe: la expulsión de Piqui Matteo. El DT es una pieza clave en la estructura del equipo y su ausencia no es menor. En un momento donde se necesita conducción, perder al técnico es un problema real.
Lo bueno: hay fútbol… y hay un líder claro
Pero no todo es negativo.
Si hay un nombre que se sostiene, es el de Juan Pablo Gobetto. Volvió a marcar, volvió a aparecer y volvió a ser el faro de un equipo que muchas veces se apoya en él para no desmoronarse.
Es el emblema. El jugador distinto. El que siempre está.
Además, hay algo que ilusiona: el equipo muestra pasajes de buen fútbol. Intenta, patea al arco, no se mete atrás y juega de igual a igual.
Hay una idea.
Hay una intención.
Hay algo en construcción.
Gimnasia ilusiona… pero se desarma solo: un equipo verde en una categoría que no perdona
La derrota ante Estudiantes de La Plata dejó algo más que bronca en Gimnasia y Esgrima: dejó expuesta una verdad incómoda.
Hoy, el Lobo es un equipo verde.
Y en Primera, eso se paga.
Lo malo: errores infantiles y una inmadurez que cuesta puntos
Gimnasia volvió a repetir el mismo patrón: no sabe manejar los partidos.
Se pone en ventaja, pero no sabe sostenerla. Se desordena, se apura, se equivoca. Y esos errores, muchas veces básicos, terminan en derrota.
No es casualidad. Es una constante.
A eso se le suma otro problema serio: la falta de peso ofensivo. Tiene la pelota, intenta, circula… pero no lastima. No hay frescura, no hay chispa en los últimos metros. No hay claridad en la definición.
Le falta ese toque final que define partidos.
Y como si fuera poco, aparecen esos tramos en los que el equipo se apaga. Literalmente. Momentos donde no muestra reacción, donde no transmite nada y donde algunos jugadores dejan más dudas que certezas sobre por qué están en cancha.
Pero lo más preocupante es conceptual: Gimnasia no entiende los momentos del partido.
Y eso, en esta categoría, es letal.
Porque enfrente hay equipos como Estudiantes que no te perdonan. Te leen, te esperan… y en 15 minutos te liquidan el partido con jerarquía.
Lo bueno: señales individuales y un equipo que por momentos responde
Dentro del panorama, hay luces.
Facundo Lencioni volvió a ser uno de los puntos más altos. Participó en la jugada del gol de Módica y mostró personalidad cuando el equipo más lo necesitaba.
También hubo un buen primer tiempo desde lo táctico. Gimnasia logró controlar a un ataque complejo, con nombres pesados como Carrillo, Rodríguez y Tiago Palacios.
Ahí se destacaron Mondino y Muñoz, que sostuvieron al equipo cuando el partido era más parejo.
Y hay otro factor que no se puede ignorar: la gente.
El hincha volvió a acompañar en buen número, volvió a bancar, volvió a empujar. Pero la pregunta ya empieza a flotar en el aire… ¿hasta cuándo?
Así, entre ilusiones que se encienden y errores que se repiten, los equipos mendocinos siguen escribiendo su propia montaña rusa en los torneos más exigentes del país.
Los cuatro equipos dejan cada fin de semana algo para ilusionarse… y mucho para corregir. Porque el fútbol no da respiro y la próxima fecha ya asoma en el horizonte, con nuevas pruebas, nuevos desafíos y, seguramente, nuevas historias para contar.
Habrá que estar atentos: lo bueno y lo malo no se detiene… y acá lo vas a volver a encontrar.