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Lo de Bilardo y África va mucho más allá del fútbol

El crecimiento demográfico, económico y geopolítico del continente abre un escenario clave para el comercio, la innovación y la Argentina.

Carlos Bilardo dejó una frase que con el tiempo se volvió casi profética: El futuro del fútbol está en África.

Carlos Bilardo dejó una frase que con el tiempo se volvió casi profética: "El futuro del fútbol está en África".

Archivo.

Unas décadas atrás, cuando nadie veía a África como una eventual potencia futbolística, Carlos Bilardo dejó una frase que con el tiempo se volvió casi profética: "El futuro del fútbol está en África". En aquel momento parecía una exageración. Hoy, cada Mundial ofrece nuevas evidencias de que aquella intuición iba mucho más allá de una simple opinión deportiva.

El crecimiento del fútbol africano se mide hoy por la cantidad de jugadores que brillan en las principales ligas europeas, la semifinal de Marruecos en Qatar 2022, el haber ganado la copa sub 20 en Chile y el buen desempeño de algunas selecciones en el Mundial 2026, incluyendo a la sorpresa de Cabo Verde. Sin embargo, quizás lo más interesante es que Bilardo, sin proponérselo, estaba anticipando un fenómeno mucho más profundo que el deportivo. Lo que ocurre en las canchas es apenas una manifestación visible de una transformación demográfica, económica y geopolítica de enorme magnitud. Según las proyecciones demográficas de las Naciones Unidas, hacia finales de este siglo África concentrará una parte creciente de la población mundial. Diversos estudios, entre ellos los publicados por el Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) de la Universidad de Washington y por las propias Naciones Unidas, coinciden en que alrededor del año 2100 aproximadamente la mitad de los niños y jóvenes del planeta vivirán en África. En otras palabras, el principal reservorio mundial de talento, creatividad, trabajadores, consumidores y emprendedores estará allí.

Ese cambio tendrá consecuencias enormes

Las empresas buscarán mercados africanos; los inversores dirigirán crecientemente su atención al continente; las universidades fortalecerán sus vínculos académicos; las industrias competirán por atraer talento africano y los gobiernos deberán construir nuevas alianzas estratégicas. El centro de gravedad de la economía mundial será cada vez más multipolar, y África ocupará un lugar mucho más relevante del que históricamente tuvo. A ello se suma otro factor decisivo: la riqueza de recursos naturales. África posee algunas de las mayores reservas mundiales de minerales críticos para la transición energética y la revolución tecnológica, entre ellos cobalto, litio, manganeso, grafito, cobre, platino, coltán, que es la mezcla de columbita y tantalita, y tierras raras, insumos fundamentales para baterías, vehículos eléctricos, energías renovables, inteligencia artificial, electrónica avanzada y centros de datos. En un mundo que compite por asegurar cadenas de suministro estratégicas, el continente africano adquiere un valor geopolítico creciente. Pero existe un obstáculo que todavía limita la comprensión de este fenómeno: la tendencia a hablar de "África" como si fuera una realidad uniforme. Pocas ideas son tan equivocadas. África reúne 54 países soberanos, miles de lenguas, cientos de grupos culturales, distintos sistemas políticos y economías con niveles de desarrollo muy diferentes entre sí.

Vozinha, arquero figura de la selección de Cabo Verde.

Vozinha, arquero figura de la selección de Cabo Verde.

Precisamente esa mirada simplificadora es cuestionada por la escritora keniana Dipo Faloyin en su libro “África no es un país”, una obra que invita a abandonar los estereotipos y comprender la extraordinaria diversidad del continente. Hablar de África como si fuera un único país sería tan absurdo como referirse a Europa o América Latina como sociedades homogéneas. Para Argentina, este escenario representa una oportunidad histórica. Nuestro país posee capacidades científicas, tecnológicas, agroindustriales, sanitarias, educativas, energéticas y de gestión del agua que pueden transformarse en valiosos instrumentos de cooperación. Pero para ello será necesario abandonar una relación esporádica y construir una estrategia de largo plazo. Lo mismo vale para el Mercosur. La integración regional puede convertirse en una plataforma para profundizar los vínculos con África, promoviendo acuerdos comerciales, cooperación tecnológica, intercambio académico e inversiones. Sin embargo, esa estrategia regional debe complementarse con una política bilateral activa con cada uno de los 54 países africanos. No existe una única África: existen 54 realidades nacionales que requieren agendas específicas, conocimiento mutuo y relaciones de confianza construidas en el tiempo.

En ese contexto, el Primer Foro Africano representa una oportunidad excepcional para comenzar una nueva etapa. Más que un evento, puede ser el punto de partida de una relación mucho más profunda entre Argentina y el continente africano. Allí podrán encontrarse empresarios, universidades, gobiernos, investigadores, organizaciones de la sociedad civil y emprendedores para descubrir intereses comunes y construir proyectos compartidos. Algunas historias de cooperación continuarán. Muchas otras nacerán allí por primera vez. Quizás Bilardo nunca imaginó que su célebre frase terminaría siendo una metáfora de algo mucho más grande que el fútbol. Mientras el mundo observa cómo África gana cada vez más protagonismo dentro de una cancha, una transformación mucho más profunda ya está en marcha fuera de ella. Y quienes comprendan ese cambio antes que los demás tendrán una ventaja decisiva durante las próximas décadas.

* Gonzalo Meschengieser. CEO Cámara Argentina del Agua. Médico Sanitarista MN 117.793