La Lepra cayó de pie: una derrota que no puede borrar una Libertadores inolvidable
Independiente Rivadavia quedó eliminado, pero nada puede tapar la enorme campaña del equipo mendocino en su primera experiencia en la Libertadores.
Gran Copa Libertadores del azul del Parque.
Independiente Rivadavia quedó eliminado de la Copa Libertadores ante Fluminense, pero se despidió de la competencia como un verdadero gigante. No por el resultado final, sino por la manera en la que enfrentó una noche que parecía destinada a terminar en tristeza mucho antes del último penal.
La Lepra lo perdía de manera injusta. Fluminense encontró en Kevin Serna, a los 75 minutos, un gol que parecía sentenciar la historia. El equipo brasileño tenía un hombre menos y el conjunto de Alfredo Berti había hecho el gasto durante buena parte del partido.

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Pero Independiente no bajó los brazos.
Lo buscó. A veces sin demasiadas ideas, chocando contra una defensa que se cerraba cada vez más. Otras, con algo más de vuelo, intentando encontrar los caminos para llegar al empate.
Y cuando parecía que ya no quedaba tiempo, apareció Alex Arce.
El paraguayo asumió la responsabilidad, tomó la pelota y ejecutó el penal con una jerarquía soberbia. El 1-1 desató una locura en el Malvinas Argentinas y le devolvió la vida a una Lepra que se negaba a aceptar la eliminación.
Después llegaron los penales.
Y otra vez Independiente peleó.
Fabio se convirtió en protagonista, atajó dos remates y mantuvo viva la ilusión. Fernández, Villalba, Salas y Arce cumplieron con sus ejecuciones. La serie se estiró, se volvió interminable y finalmente terminó favoreciendo a Fluminense.
Independiente se quedó con las manos vacías después de haber hecho el esfuerzo para quedarse con todo.
Pero sería injusto quedarse solamente con eso.
Porque ninguna derrota puede borrar aquella victoria memorable en el Maracaná, una de las páginas más importantes de la historia del club. Ninguna tanda de penales puede hacer desaparecer la primera fase que protagonizó este equipo. Ningún resultado puede borrar las noches de fútbol que regalaron Arce, Florentín, Bolcato y compañía.
Independiente Rivadavia llegó a esta Copa Libertadores sin la historia continental de los grandes. Y terminó jugando de igual a igual contra ellos.
Ganó en Brasil. Compitió. Fue el mejor de la fase de grupos. Hizo creer a miles de mendocinos que los sueños imposibles también podían hacerse realidad.
Esta noche, el sueño terminó.
Pero no debería terminar la ilusión.
Porque esta derrota cierra una competencia, pero no tiene por qué cortar todo lo que este equipo todavía puede darle a sus hinchas.
La Lepra cayó ante Fluminense. Pero cayó de pie. Y después de esta Libertadores, nadie podrá volver a mirar a Independiente Rivadavia de la misma manera.



