La FIFA de Gianni Infantino en modo AFA de Claudio Tapia
El fútbol es una pasión universal maravillosa. No debe ser menoscabada o herida por decisiones sospechosas y arbitrarias por parte de la FIFA.
No se trata sólo del fútbol nuestro de cada día. Parece que Claudio “Chiqui” Tapia y su séquito de serviles, obsecuentes y hasta secanucas generan similitudes expandidas hasta la máxima cita futbolística mundial.
No es casual la referencia a la AFA. Su arbitrariedad en el otorgamiento de campeonatos, la forma de disputar los torneos, las sospechas sobre árbitros y el VAR y la sombra de corrupción que rodea la gestión de la Tapia, Toviggino y su séquito, parecen en algún sentido proyectarse sobre la FIFA.
En efecto, con la decisión de suspender para más adelante la sanción que pesaba sobre el delantero centro de EEUU, Folarin Balogun y dejarlo disponible para el partido con Bélgica, la FIFA rompió con todas las reglas del fair play. Este hecho sumado a otros dislates, sembraron un manto de dudas innecesario sobre el torneo que se está disputando.
Infantino hizo declaraciones, por el impacto de lo decidido, para referirse al tema de la revocación de la sanción que generó indignación masiva, incluso con duras referencias de la UEFA, órgano rector del fútbol europeo. Repuiio generalizado.
El mandamás mundial del fútbol, reconoció haber recibido un llamado del presidente Donald Trump, interviniendo directamente para favorecer al seleccionado de su país, solicitando la revisión de la pena.
Señaló que le explicó al mandatario, que el procedimiento revocatorio de la sanción corría por carriles propios del Comité de Disciplina del organismo, sobre el que no tenía influencia ni conexión, por su autonomía. Explicación débil e insuficiente, poco creíble.
Trump celebró el levantamiento de la suspensión, calificándola de “brillante”. La sanción pareció excesiva, es cierto, pero nadie pudo imaginar su levantamiento en plena disputa del torneo. Para encontrar una medida similar hay que retrotraerse a 1962. Transcurrieron 64 años.
La Copa disputándose en EEUU, venía hasta ahora silenciando críticas. El torneo con mayor cantidad de equipos de la historia, se viene desempeñando con estadios repletos, numerosos partidos emocionantes pese a algunos arbitrajes mediocres y con las figuras estelares en su máximo nivel. Espectáculo asegurado
Incorporar mayor cantidad de naciones participantes es un logro cierto. Ciudadanos de más países se sienten representados por sus jugadores y viven las emociones que antes les estuvieron vedadas. Millones expectantes y satisfechos.
La pausa para hidratarse fue motivo de críticas airadas; pero dadas las condiciones de calor y humedad en que se disputan varios encuentros aparece como una medida acertada en resguardo de la salud de quienes disputan los partidos.
El enfrentamiento entre Argentina y Cabo Verde se efectivizó en un verdadero infierno, combinado entre temperatura elevada y humedad insoportable, que impactaron significativamente, sobretodo en los jugadores argentinos.
A una incorporación lógica y conducente, tendiente a resguardar la salud de los protagonistas, la FIFA le saca rédito económico, comercializando publicitariamente los tres minutos que dura el intervalo hidratante. Innecesario porque el éxito económico es portentoso y seguro.
Otro hecho que suscitó suspicacias fue el arbitraje en el enfrentamiento de Méjico con Inglaterra. En un ambiente de excesivo triunfalismo, casi chauvinista, que se vivía en el país azteca, insuflado por la dirigencia política, los medios de comunicación, periodistas y ex jugadores internacionales poco objetivos y las redes sociales, que enervaron in extremis el fanatismo local y avizoraron hasta la posibilidad de lograr el título mundial, la mano del arbitraje lució tendenciosa.
Penal muy dudoso a favor del equipo mejicano, cobrado a instancias del VAR, más un alargue cumplido el tiempo reglamentario, de 11 minutos que se prolongó a 12 Minutos y 11 segundos, combinado con decisiones arbitrales de claro sesgo inclinatorio en determinadas situaciones, sellaron una imagen de favoritismo hacia la selección anfitriona. Indebido y exageradamente obvio.
La FIFA ha conseguido que el mundo entero se conmueva cuando se disputa el campeonato máximo del deporte más popular. Miles de millones de fanáticos se solazan, disfrutan y también penan en la derrota, durante el desarrollo del torneo.
El éxito económico es gigantesco y aficionados de los diversos países participantes se trasladan por todas las sedes, alentando a sus selecciones y visitando las diversas ciudades. Un suceso de enorme repercusión social, vivido con pasión e interés extremo a lo largo de un mes.
No debe ensuciar la FIFA, con actitudes opacas, decisiones imposibles de justificar, arbitrajes sospechosos, el espíritu y el fervor popular de los ciudadanos del mundo que aguardan y viven la cita con fervor inusual.
Las esperanzas y las expectativas van quedando en el camino durante el desarrollo del torneo. Sólo un campeón disfruta las mieles del éxito. No es necesario frustrarlas prematuramente e indebidamente, por medidas desafortunadas e intencionadas.
Respeto proclaman, respeto deben entregar.¨No bastardeen puros y genuinos sentimientos