Godoy Cruz y una caída que empezó mucho antes del descenso
Godoy Cruz: dos años de decisiones que no dieron resultado, cambios de rumbo y un clima institucional tenso explican por qué el enojo del hincha del Expreso no nació en la Primera Nacional.
La historia de una fractura que empezó antes
En el fútbol las caídas no siempre se anuncian con estruendo. A veces empiezan como un ruido apenas perceptible, una grieta mínima que al principio nadie quiere mirar demasiado. Después pasa el tiempo, se acumulan los partidos, las decisiones, los gestos, y cuando uno vuelve la vista atrás descubre que el derrumbe había empezado mucho antes de que el edificio se viniera abajo.
En Godoy Cruz ese primer crujido puede ubicarse con precisión en el calendario.
Abril de 2024.
El equipo dirigido por Daniel Oldrá había ganado su zona, jugaba bien y se había transformado en uno de los animadores del torneo. El Expreso parecía volver a ser ese equipo incómodo, competitivo, de los que saben exactamente a qué juegan.
Pero en el primer cruce quedó eliminado frente al Vélez de Gustavo Quinteros, un equipo que en ese momento estaba armado para pelear el descenso.
Aquel partido dejó algo más que una eliminación.
Dejó al descubierto falencias que hasta entonces habían quedado disimuladas por el funcionamiento colectivo. Y también marcó el comienzo de una etapa en la que la relación entre el proyecto deportivo y el contexto institucional empezó a tensarse.
No fue una ruptura inmediata. Fue, más bien, el inicio de una lenta despedida.
Noviembre de 2024: el clima enrarecido
Siete meses después el escenario era completamente distinto.
El plantel ya no era el mismo y el ambiente alrededor del equipo estaba cargado de rumores, versiones cruzadas y un malestar que se filtraba desde afuera hacia adentro.
En noviembre de 2024, Godoy Cruz cayó 4-1 ante Boca en un partido atravesado por sospechas, comentarios sobre apuestas deportivas y acusaciones que nunca terminaron de aclararse del todo.
Fue una noche pesada.
Una de esas noches en las que el resultado parece ser apenas una parte de la historia.
En ese clima turbio, y en medio de la salida de algunos futbolistas importantes, se anunció la decisión que terminó de cerrar una etapa: Walter Daniel Oldrá dejaba el club.
No solo el banco de suplentes. También su rol dentro de la estructura deportiva.
El técnico, el formador, el símbolo de tantos años dejaba de estar.
Y cuando un club pierde a un símbolo, siempre queda un vacío difícil de llenar.
La apuesta Pedernera
Para reemplazarlo, la dirigencia decidió mirar hacia adentro.
En noviembre de 2024 asumió Pedernera, primero como interino y luego como entrenador principal.
Hizo la pretemporada, participó en la búsqueda de refuerzos y comenzó a construir su propio equipo.
Pero el fútbol tiene tiempos que a veces no coinciden con los procesos.
En menos de dos meses fue removido del cargo.
Entonces llegó Esteban Solari, en febrero de 2025, con la misión de ordenar un plantel que ya empezaba a mostrar signos de desgaste.
Un aviso que nadie escuchó
El 2025 avanzó con más dudas que certezas.
En mayo, Godoy Cruz empató 2-2 ante Atlético Grau en Mendoza por la Copa Sudamericana.
Fue un partido intenso, emotivo incluso. El equipo mantuvo el liderazgo del Grupo D, pero el final dejó una escena que hablaba por sí sola: el equipo se fue silbado y el entrenador también.
Aquel día pudo haber sido un punto de inflexión. Tal vez el momento para revisar el rumbo. Pero el ciclo continuó.
El regreso al Gambarte
El 5 de julio de 2025 fue, en cambio, una jornada que parecía destinada a otra historia.
Godoy Cruz reinauguró el estadio Feliciano Gambarte con una fiesta que mezcló emoción, memoria y orgullo.
Volver a casa después de tantos años era mucho más que un evento deportivo.
Era una reparación simbólica.
Sin embargo, incluso en medio de la celebración apareció una señal incómoda: los hinchas silbaron al presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, y al vicepresidente del club, José Mansur.
El mensaje fue claro.
El descontento ya estaba ahí.
Dos semanas después, el 18 de julio, llegó el primer partido oficial en el estadio renovado.
Y el equipo ofreció una imagen pálida. Empate sin goles. Otra señal.
El ciclo Solari
Solari continuó al frente del equipo hasta agosto de 2025.
Los números reflejan el recorrido de ese ciclo: 22 partidos dirigidos, 5 triunfos, 11 empates y 6 derrotas.
En el torneo local los resultados fueron malos. Pero la clasificación en la fase de grupos de la Copa Sudamericana le dio aire suficiente para atravesar la mitad del año.
Hubo pretemporada invernal.
Hubo refuerzos.
Pero el equipo nunca terminó de encontrar una identidad clara.
Un mes y medio después de ese intento de relanzamiento, el ciclo llegó a su final.
La apuesta Ribonetto
En agosto de 2025 llegó Walter Ribonetto.
El entrenador no venía de sus mejores experiencias ni en Talleres ni en el fútbol peruano, pero la dirigencia decidió apostar por el ex ayudante de campo de Diego Dabove.
La apuesta no funcionó.
El equipo siguió en deuda y los resultados lo reflejaron con crudeza: 11 partidos dirigidos, 1 victoria, 4 empates y 6 derrotas.
La soga empezaba a apretar.
El último golpe de timón
El 21 de octubre de 2025, con apenas tres partidos por jugar y el descenso cada vez más cerca, la dirigencia intentó un último movimiento.
Llegó Omar Asad para su tercera experiencia en el club.
El Turco intentó reordenar un equipo golpeado, pero el margen era mínimo.
Perdió un partido y empató los dos de local.
Dos puntos sobre nueve posibles.
El descenso se consumó.
Y con él, una de las páginas más dolorosas de la historia reciente del club.
La crisis institucional
Mientras todo esto sucedía dentro de la cancha, afuera también se acumulaban tensiones.
Durante meses circularon rumores de diferencias entre el presidente Alejandro Chapini y el vicepresidente José Mansur.
Cruces silenciosos.
Treguas frágiles.
Una convivencia política que se fue desgastando con el correr de los resultados.
La situación explotó finalmente en diciembre de 2025, cuando con el descenso ya consumado ambos dirigentes decidieron competir en las elecciones del club por caminos separados.
Las urnas hablaron.
José Mansur fue elegido presidente por una amplia diferencia.
El nuevo comienzo que todavía no arranca
Con el nuevo ciclo institucional en marcha, Mansur anunció al nuevo entrenador: Mariano Toedli.
Un técnico que inicia su recorrido como DT principal después de una larga trayectoria como ayudante de campo.
Pero el comienzo no fue el esperado.
En los primeros tres partidos del torneo, el equipo todavía no logró ganar y tampoco ha mostrado una identidad clara dentro de la cancha.
El enojo que no empezó el domingo
Por eso el enojo del hincha de Godoy Cruz no nació el domingo después del partido con Deportivo Madryn.
No empezó con un empate en la Primera Nacional.
Ese malestar viene acumulándose desde hace tiempo.
Dos años de resultados irregulares.
Decisiones deportivas que no dieron resultado.
Cambios de entrenador permanentes.
Rumores de apuestas.
Jugadores que se fueron.
Otros que nunca terminaron de encajar.
La salida de un ídolo como Daniel Oldrá.
Y una crisis institucional que terminó resolviéndose en las urnas.
Todo eso forma parte de la misma historia.
Una historia que también incluye la vuelta al Gambarte —un logro enorme— y un descenso tan inesperado como doloroso.
Por eso lo que pasó en la tribuna el domingo no se puede justificar, pero tampoco se puede analizar fuera de contexto.
Porque en el fútbol, como en la vida, las explosiones casi nunca aparecen de la nada.
Generalmente son el resultado de mucho tiempo de frustraciones acumuladas.
Y en Godoy Cruz, esa cuenta empezó a escribirse bastante antes de que el equipo bajara de categoría.







