Gimnasia de Mendoza perdió antes de jugar: el tiempo que regaló y el plan que lo condenó
El Lobo reaccionó tarde: planteo fallido, líneas partidas y un rival eficaz. Hubo chances y dos travesaños, pero el costo para Gimnasia de Mendoza fue alto.
A Gimnasia y Esgrima La Plata no le sobró nada en Mendoza, pero tampoco necesitó demasiado para llevarse los puntos. El que sí se complicó solo fue Gimnasia y Esgrima de Mendoza: regaló un tiempo entero con un planteo que lo empujó al juego que menos le conviene y después, cuando reaccionó, ya era tarde.
El doble 9 inicial obligó al equipo a un libreto previsible: juego frontal, pelotazo y líneas estiradas. La consecuencia fue un vacío enorme entre el mediocampo y los delanteros, una grieta táctica que rompió los circuitos y dejó a los volantes sin socios cercanos. Sin conexión, el equipo saltó líneas por necesidad y no por elección. En ese escenario, el rival —sin proponer demasiado— fue quirúrgico: tuvo pocas y facturó. Así se explica una derrota que duele más por cómo se gestó que por el marcador.
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Un gol accidentado y con responsabilidad de Rigamonti, pero que le puede decir el hincha al arquero que lo rescató del infierno varias veces.
El segundo tiempo mostró otro equipo. Con los cambios de Broggi, Ulises Sánchez se movió cerca de la zona de enlace y apareció lo mejor del Lobo: asociaciones, llegadas claras y volumen ofensivo. Hubo dos pelotas en el travesaño, situaciones netas y la sensación de que el empate —o incluso la victoria— era posible. Pero el fútbol no premia intenciones tardías.
La comparación es elocuente: como un boxeador que entrega los primeros rounds midiendo de más, Gimnasia terminó corriendo la pelea desde atrás. Cuando encontró distancia y ritmo, ya estaba en desventaja. En torneos largos, ceder un tiempo no es un detalle: es una concesión estructural.
Gimnasia de Mendoza, el del toque Lobo Toque
También hay un punto fino en el uso de Sánchez: es un jugador valioso, pero lejos del arco pierde incidencia. Su mejor versión aparece cuando recibe de frente, no cuando debe recorrer metros para recién empezar a pensar la jugada. Si el sistema lo aleja de la zona de daño, el equipo resigna filo.
El clima en las tribunas se tensó y la lupa apunta al banco. Es comprensible: el equipo generó, chocó con el travesaño y no ligó, pero el análisis no puede quedarse en la mala fortuna.
Hay señales tácticas que deben corregirse para sostener la categoría: compactar líneas, reducir la brecha entre medios y puntas, y elegir cuándo acelerar y cuándo asociarse. Sin eso, el esfuerzo del complemento seguirá siendo reacción y no plan.
Vale recordar a Jorge Luis Borges: “He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer: no he sido feliz.” En fútbol, el equivalente es no ser fiel a la propia idea cuando más falta hace. Gimnasia mostró que puede competir; ahora necesita ordenar su identidad para que el mérito no llegue siempre tarde.
Perder así deja una lección clara: no alcanza con jugar bien un tiempo; en Primera, los partidos se gobiernan desde el plan, no desde la urgencia.
Ajustar, aprender y encauzar el rendimiento ya no es una opción: es el camino para quedarse.



