Del golpe de 1970 a la gloria de 1986: las huellas argentinas que quedaron en México
Antes de volver a Norteamérica para el Mundial 2026, la Selección recuerda dos capítulos en México que cambiaron para siempre su historia.
México fue escenario de uno de los mayores golpes deportivos de Argentina y, años después, de una de sus conquistas más recordadas.
Hay países que quedan asociados a momentos puntuales. Italia remite inevitablemente a la final de 1990. Qatar ya ocupa un lugar reservado por la tercera estrella. México, en cambio, representa algo diferente. Allí la Selección argentina conoció dos extremos del fútbol: la frustración de quedarse afuera de una Copa del Mundo y la gloria de levantar el trofeo más importante del planeta.
La relación comenzó de manera amarga. Cuando el Mundial de México 1970 estaba por ponerse en marcha, Argentina no formaba parte de los participantes. La Selección había quedado eliminada en las Eliminatorias sudamericanas tras empatar 2-2 frente a Perú en La Bombonera el 31 de agosto de 1969. Aquel resultado clasificó a los peruanos y dejó a los argentinos sin Mundial por primera vez debido a razones deportivas. Mientras Pelé lideraba a Brasil hacia uno de los equipos más admirados de todos los tiempos, el fútbol argentino observaba el torneo desde lejos.
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La herida que dejó México 1970
La eliminación provocó una conmoción difícil de comparar con otros episodios de la época. Argentina había participado en los Mundiales de 1958, 1962 y 1966, por lo que la ausencia generó cuestionamientos profundos sobre el rumbo del seleccionado nacional.
Durante aquellas semanas, las imágenes que llegaban desde México mostraban estadios repletos, el nacimiento de nuevas figuras y una selección brasileña que terminaría conquistando el título tras derrotar 4-1 a Italia en la final. Para los argentinos, en cambio, el Mundial quedó asociado a una sensación incómoda: la de no formar parte de la gran conversación futbolística del momento.
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Los años posteriores estuvieron marcados por intentos de reconstrucción. Llegaron nuevas generaciones, distintos entrenadores y una búsqueda constante por recuperar protagonismo internacional. Lo que nadie imaginaba era que la revancha más grande llegaría precisamente en el mismo país.
El Mundial que convirtió a Maradona en leyenda
Dieciséis años después, México volvió a recibir una Copa del Mundo. Esta vez Argentina sí estaba presente y llegaba dirigida por Carlos Bilardo. El equipo avanzó desde la fase de grupos, eliminó a Uruguay en octavos de final y se encontró con Inglaterra en uno de los partidos más recordados de la historia del fútbol.
El 22 de junio de 1986, en el Estadio Azteca, Diego Maradona protagonizó dos jugadas que trascendieron generaciones. Primero convirtió el gol conocido como "La Mano de Dios". Apenas unos minutos más tarde llegó una corrida de más de cincuenta metros que terminó en el arco inglés y que la FIFA reconocería años después como el "Gol del Siglo".
Aquella actuación terminó de consolidar a Maradona como la gran figura del torneo. Argentina venció luego a Bélgica por 2-0 en semifinales y avanzó al encuentro decisivo.
La segunda estrella
La final se disputó el 29 de junio de 1986 nuevamente en el Azteca. Frente a más de 110.000 espectadores, Argentina derrotó 3-2 a Alemania Federal con goles de José Luis Brown, Jorge Valdano y Jorge Burruchaga.
El equipo terminó el campeonato invicto, con seis victorias y un empate en siete partidos. Maradona cerró el torneo con cinco goles y cinco asistencias, una producción que todavía figura entre las más influyentes registradas por un futbolista en una Copa del Mundo.
Por eso México ocupa un lugar tan particular en la memoria argentina. Allí quedó registrada la ausencia más dolorosa del seleccionado hasta ese momento y también una de sus mayores celebraciones. Dos Mundiales separados por dieciséis años, pero unidos por un mismo escenario.
Cuando el Mundial 2026 vuelva a llevar la atención del planeta hacia Norteamérica, esos recuerdos volverán a aparecer. Porque antes de la gloria en Qatar y mucho antes de la ilusión que despierta cada nueva Copa del Mundo, México ya había dejado una marca imposible de borrar en la historia de la Selección argentina.


