Alarma en el fútbol mendocino: un defensor del Lobo y otro del Tomba se rompieron los cruzados
Mendoza en alerta: un jugador de Gimnasia y otro de Godoy Cruz sufrieron rotura de ligamentos y el total ya asciende a 21 en el fútbol argentino.
El dato ya dejó de ser casualidad para transformarse en una señal de alerta: el fútbol argentino atraviesa una verdadera epidemia de lesiones ligamentarias. La rotura de ligamentos cruzados de Camilo Alesandria el último sábado se suma a la del defensor de Gimnasia, Imanol González, y eleva a 21 los casos entre la Primera División y la Primera Nacional en lo que va de la temporada. Un número que impacta, preocupa y obliga a hacerse preguntas incómodas.
No se trata solo de estadísticas. Detrás de cada lesión hay meses de recuperación, carreras que se frenan y equipos que pierden piezas clave. Pero lo más inquietante es la recurrencia: cada fin de semana aparece un nuevo caso, como si fuese parte del paisaje habitual del fútbol argentino.
Entonces, ¿qué está pasando?
Una de las primeras miradas apunta al estado de los campos de juego. Canchas duras, irregulares o mal mantenidas pueden generar un impacto directo en las articulaciones, especialmente en rodillas que soportan cambios de dirección constantes. No es un detalle menor: la superficie sobre la que se compite puede ser determinante en la prevención de este tipo de lesiones.
Otro foco está en la preparación física. En un calendario cada vez más exigente, muchos equipos no logran sostener procesos de entrenamiento óptimos. La falta de infraestructura, tecnología y planificación en algunos clubes contrasta con las grandes ligas del mundo, donde cada carga está medida al milímetro. Y ahí aparece la comparación inevitable: en Europa también juegan cada tres días, pero las lesiones de este tipo no se repiten con la misma frecuencia.
La rotación del plantel es otro factor clave. En muchos equipos argentinos, los planteles son cortos y los futbolistas acumulan minutos sin descanso real. La fatiga muscular es uno de los principales enemigos de los ligamentos, y cuando el cuerpo empieza a dar señales de desgaste, el riesgo se multiplica.
Pero hay un punto más profundo, menos visible y muchas veces ignorado: la alimentación. En un país atravesado por crisis económicas, no todos los futbolistas —sobre todo en categorías menores o ascenso— tienen acceso a una nutrición adecuada. Y la calidad de la alimentación impacta directamente en la recuperación, la resistencia física y la fortaleza muscular que protege las articulaciones.
La combinación de estos factores puede estar generando el escenario perfecto para que las lesiones se disparen. No hay una única causa, pero sí una suma de condiciones que terminan exponiendo al jugador.
El fútbol argentino siempre se caracterizó por su intensidad, su competitividad y su pasión. Hoy, a esa identidad se le suma un problema silencioso pero cada vez más evidente. Porque 21 roturas de ligamentos en una temporada no son una coincidencia: son un síntoma.
Y como todo síntoma, exige una respuesta urgente. Antes de que la excepción termine convirtiéndose en regla.

