El "talón de aquiles" del Lobo de Ezequiel Medrán: juega bien, pero...
Es verdad que la Primera Nacional es un torneo irregular, de rachas, con equipos que hoy juegan bárbaro y ganan, y al tiempo se caen y terminan quedándose sin nada. Es verdad que, en lo individual, la situación es similar: hay jugadores que hoy se destacan y mañana pasan desapercibidos. Es un torneo tan largo y desgastante que es casi imposible para cualquiera mantenerse siempre en el mismo nivel.
Pero, en ese contexto, lo de Gimnasia y Esgrima en estos primeros meses de competencia en la segunda categoría de fútbol argentino parece ser una excepción. Porque, disputadas 16 fechas -el Lobo jugó 15 y tiene una pendiente- demostró en prácticamente todos los partidos, que es un equipo serio, candidato, que juega bien, que es sólido, que tiene buenas individualidades, que es colectivamente inteligente y que está lleno de confianza.
Desde aquel debut ante Estudiantes de Río Cuarto (1 a 1 en el Víctor Legrotaglie) hasta este 0 a 0 con Chacarita, también en casa, el conjunto que dirige Ezequiel Medrán cosechó 7 triunfos, 7 empates y sufrió una sola derrota, ante quien hoy es el líder, Gimnasia y Esgrima de Jujuy.
La solidez de la dupla de centrales conformada por Diego Mondino e Imanol González, el equilibrio, la intensidad y el recorrido de los volantes centrales Ignacio Antonio y Matías Muñoz, la desfachatez de Facundo Lencioni, la inteligencia y buen juego de Jeremías Rodríguez Puch, más la potencia, el juego áereo, las ganas, el gol y todo lo que aporta Nicolás Ferreyra al equipo, son la base de un conjunto armado para pelear.
Después, cada encuentro es una película aparte y el desenlace depende de muchos factores. Por eso, se puede ganar, empatar o perder. Pero este equipo tiene sobrados argumentos para hacer creer que la derrota tiene menos posibilidades siempre. De hecho, como aclaramos más arriba en esta misma nota, el Mensana sólo perdió 1 de 15.
Hasta ahí todo bárbaro. Es, quizás, la mirada optimista de cara al futuro.
El "talón de aquiles"
Gimnasia tiene un problema a resolver y no es menor: las variantes no mejoran a Gimnasia. Ni ahora, ni al comienzo del torneo. Medrán encontró un equipo y lo sostiene. Salvo mínimos cambios, la base siempre es la misma y el rendimiento de esa base suele ser parejo.
El inconveniente lo tiene cuando las cosas no funcionan, sobre todo de mitad de cancha para adelante. Generalmente, los que ingresan son Gastón Espósito, Enzo Gaggi, Luciano Cingolani, Mario Galeano, Nicolás Servetto y ahora Brian Andrada, que parece haber perdido la titularidad. Ninguno de ellos ha podido entrar y cambiar las cosas. El puñado de minutos que suman por partido no les ha alcanzado ni para ayudar al equipo, ni para demostrarle al entrenador que merecen una oportunidad de arranque.
Y es algo a corregir para un plantel que quiere ir por todo. Con lo que tiene, o con el mercado de pases que tiene por delante, debe solucionar este problema. No puede un equipo serio, candidato, no tener recambio. No puede Gimnasia depender de una buena tarde de 11 titulares y nada más. Tiene tiempo.

