La otra vida de Scaloni: el campo, su pasión por el Turismo Carretera y el “trauma” con los aviones
Para el mundo es uno de los mejores entrenadores del planeta y para Argentina, a esta altura un verdadero prócer del deporte. Pero para su familia se trata de alguien bastante más normal, con devoción por su tierra natal, disgusto por la exposición a la que lo enfrenta su cargo y con hábitos de los más comunes. Detrás del capitán del una Selección argentina que no deja de enamorar hay una persona con traumas, pasiones y una dura experiencia que (pudo reconocerlo más tarde) le cambió la vida para bien. A continuación, el lado B de Lionel Scaloni.
El entrenador campeón del mundo nació en Pujato hace 46 años, pero ni el fútbol, la fama o el dinero lo alejaron de ese pueblo de solo 4.000 habitantes al sur de Santa Fe. Su papá, primero camionero, después trabajó en el campo sembrando soja, maíz y trigo y Scaloni, desde sus años como futbolista, invirtió en él. Cada vez que vuelve a Pujato se toma el colectivo, se comporta como uno más, disfruta del silencio y la lejanía de los flashes y se toma fotos con gusto con los chicos en su club de la infancia, Sportivo Matienzo, como si se tratara de una leyenda del club y no del país.
Scaloni tiene miedos que exceden los planteos de los partidos de la Selección. No le gustan en absoluto los aviones. De chico, tuvo una mala experiencia en un aterrizaje y desde entonces los evita todo lo que puede. Claro está que debió enfrentar a lo largo de su carrera muchísimas veces su trauma. Pero en una ocasión contó su papá que, cuando Lionel era jugador, ambos hacían cantidad de kilómetros por tierra a lo largo de Europa para evitar el traslado aéreo.
La bicicleta y los autos, en cambio, le generan lo contrario. El gran hobbie de Scaloni es el ciclismo y el accidente que sufrió en 2019 en Mallorca (lo atropelló un auto) cuando ya era el director técnico de la Selección argentina no mermó su pasión. A su vez, mira Turismo Carretera desde niño. “Mi época era la del Ford de Lalo Ramos, del Gurí Martínez, siempre apoyando a ellos. Era muy fanático de verdad. De hecho, si me preguntás algo de los motores de la época, yo explicaba bien lo que eran. El Ford tenía el caño de escape a la derecha, el Chevrolet a la izquierda... Reconocía mucho de todo eso. Siempre me gustó”, reveló una vez, con el detallismo de un experto.
Está casado con Elisa Montero, a quien conoció en España hace más de una década y media, y es padre de Ian y Noah. Lo que es curioso es el motivo por el cual se topó con su mujer. Fue consecuencia de una compleja experiencia profesional del de Pujato, pero con el tiempo, el propio protagonista lo reconoció como el más grato “efecto mariposa”. El West Ham perdió en 2006 la final de la FA Cup con el Liverpool "porque" Scaloni dejó en cancha un despeje ya en tiempo cumplido, cuando su equipo ganaba 3-2. Steven Gerrard, poco después, tomó un rebote y metió un sablazo de larga distancia que llevaría el partido a los penales, donde los Reds se consagrarían campeones.
De no haber sido por ese error, Scaloni hubiese seguido en el West Ham, pero no le renovaron el contrato y fue a parar al Racing de Santander. En España conoció a la que hoy es la madre de sus hijos, con quien se fue a vivir a Italia cuando firmó con la Lazio. Y fue la propia Elisa quien lo motivó, años después, a hacer el curso de entrenador. Scaloni estaba sumido en la habitual tristeza de los futbolistas post retiro y, para salvarlo de la depresión, su mujer le aconsejó formarse como director técnico. Está claro que Lionel Scaloni le hizo caso. Pero ¿quién podría haber predicho el final de la película?
