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Los Perruzzi: una familia mendocina trazada por el fútbol

De papá Marcelo a un Nacho en el Sudamericano Sub 20, con Juan Cruz y Francisco en Primera y mamá Inés bancando los pelotazos en casa, un legado que no conoce de otra pasión. Poné los fideos...
Los Perruzzi siendo los Perruzzi.
Los Perruzzi siendo los Perruzzi.

Cuando Marcelo rompía redes en el ascenso del fútbol argentino, jamás imaginó que el legado llegaría con anticipo de herencia. Tuvo, junto a María Inés, tres varones y la pasión por el fútbol trascendió en la sangre. Juan Cruz, Francisco e Ignacio son el trío de atorrantes que completan el organigrama familiar, claro, lejos de todo tipo de actividad que no esté referenciada en una número 5.

Guaymallén , Huracán de San Rafael, San Martín de Mendoza y de San Juan, Olímpo de Bahía Blanca y Patronato de Paraná forman parte de un CV hermoso de papá Marcelo. Habitante del área, goleador de botines negros y ojos claros, disfrutó de una vida entera transitando las canchas del fóbal nuestro.

Marcelo inició el legado (Gentileza Bravo).

Más allá de la voracidad en la red rival, gestó la vida de un buen tipo, que tras colgar su traje de top scorer despunta el vicio como profesor de educación física en el hockey sobre césped. Sus hijos son producto de esa locura por el deporte y, de yapa, futbolistas profesionales. Con una salvedad: los tres son mediocampistas todoterreno y no goleadores seriales. Acá, los genes jugaron una mala pasada. Teléfono, mamá Inés.

En orden cronológico, Juan Cruz es el más grande. Nacido en el 99 post Mundial de Francia, Coco jugó toda su vida en Academia Chacras de Coria, casualmente, donde papá Marcelo fue coordinador durante una ponchada de años. Volante central, capitán del equipo de Liga Mendocina, el mayor de los Perru parte su vida entre el círculo central y su vida de bancario. Sí, un jugador completo.

Coco, capitán de Academia Chacras.

Hacía abajo aparece Francisco, que suena firme en el fobalero promedio argento por su aparición en la Primera de San Lorenzo de Almagro. Categoría 2001, jugó en sus primeros años en Academia pero se fue de chico a vivir a una pensión abajo de una tribuna del Nuevo Gasómetro para llegar. Y llegó.

Adorado por los hinchas por ser gestado en la casa, Pancho cumplió el sueño de poder debutar en el profesionalismo y se fue a Grecia para tener una primera experiencia en el exterior. Tras un acuerdo que no fue tal de parte del club griego, el mediocampista rescindió y retornó a CASLA a la espera de novedades.

Pancho es el de más recorrido: debutó en CASLA y jugó en Grecia.

El más chico de la dinastía es Ignacio, que llegó en el 2003 y siguió el recorrido del hermano del medio. De chico dejó la comodidad de la casa para irse a Buenos Aires y seguir bajo el ala de Francisco. Figura en Reserva del Ciclón, explotó en el 2024, al punto de ganarse un lugar en la Selección Sub 20 que está en Venezuela jugando el Sudamericano.

Más allá de todos los pergaminos en cuestión, lo más loco de los Perruzzi es que son gente querida y buena leche. No hay, en estos lares de Mendoza, alguien que los tenga entre ceja y ceja y como muestra basta un botón. Eso es, para papá Marcelo y mamá Inés, el mejor resultado de esos tres pichones de cracks. 

Perruzzi en un dorsal de Selección. Sueño cumplido.

Ni jugar en Primera División de un gigante como San Lorenzo, ni tener en el living un cuadro con una camiseta de la Selección argentina que diga en la espalda "Perruzzi". Lo más lindo de esa casa que respira fútbol 24/7 es eso que sí, indudablemente, es cuestión de legado. Un legado que arrancó por ese amor de los padres y que hoy sigue a flor de piel en sus tres hijos en alguna cancha de por ahí. Campeones del mundo.