Luces y sombras del Mundial Fifusa: la pelea interna y el monstruo de FIFA
El fútbol de salón ha sido noticia durante estos días porque tuvo la particularidad de tener dos Campeonatos del Mundo en simultáneo. De un lado, el certamen que organiza FIFA (en Uzbekistán). Del otro, el de la recuperada Fifusa, una federación que reapareció tras varios años de ausencia, eclipsada por AMF (Asociación Mundial de futsal). Cerrado el campeonato ecuménico en Colombia, hay luces y sombras para destacar del torneo, aunque con más oscuridad que otra cosa.
En un rápido pantallazo, el deporte tiene dos grandes entes a nivel internacional: el primero en aparecer fue Fifusa (que luego pasó a llamarse AMF) hasta que FIFA entendió que estaba viendo pasar un gran negocio de una disciplina en crecimiento y también metió sus narices. Así, quedó una competencia a nivel global, desigual por los números que manejan de un lado y del otro.
A Fifusa le apareció un enemigo interno. La fracción de AMF por diferencias dirigenciales le dieron vida otra vez al viejo ente, que había sido fusionado con la Asociación Mundial, Esas diferencias hicieron que en esta Copa del Mundo dijeran ausente países fuertes como Paraguay, Uruguay, Rusia o Bélgica, que sin dudas, hubiesen potenciado la competencia por el nivel y la jerarquía de sus seleccionados.
El torneo estuvo en duda hasta último momento, con el ya habitual temor de las presencias de selecciones que se confirman con anuncio y se terminan bajando a última hora. Así pasó, una vez más: Canadá, Congo y Kenia pegaron el faltazo y el certamen, que ya tenía grupos confirmados tuvo que emparcharse y reacomodarse a minutos de su apertura.
Ese sistema de competencia también dejó mucho que desear: de 16 selecciones clasificaron 16 a la siguiente ronda, lo que derivó en octavos de final con amplia diferencia entre las potencias y los países que corren de atrás. Bajo ningún concepto, un torneo de esta magnitud puede tener el 100% de sus equipos en la siguiente ronda.
Justamente, el nivel fue otro tema a destacar de forma negativa: hubo países importantes y bien armados como Argentina, Brasil, Colombia, Venezuela, República Checa, España o Panamá pero hubo otros que estuvieron casi de espectadores, como Costa Rica (Argentina le ganó 13 a 1 en octavos de final).
Al no haber un proceso de clasificación previo, el filtro no existe. Al Mundial van países que pueden juntar un plantel en condiciones de ponerse una camiseta y jugar más la logística para afrontar los gastos que no cubre la organización. Sin Eliminatorias, es imposible realizar un corte con las potencias que cuentan con el nivel fuerte y discriminar deportivamente las que están lejos en el rendimiento óptimo.
Nobleza obliga, hay algunos puntos a destacar. Del vamos, haber cumplido con el torneo, algo que parece obvio pero que siempre corre peligro (al C20 de Argentina solo fueron cinco países, todos de Sudamérica). Ver selecciones distantes en el mapa como Australia o República Checa invitan a la ilusión, principalmente, tras el voraz crecimiento que ha tenido FIFA en estos últimos 15 años, convirtiéndose en un verdadero monstruo. Su economía, su seriedad, el sponsoreo y su nivel son partes de las bondades que lo ubican como el dominador de la escena.
Tocará seguir trabajando en el durante y no reaparecer un mes antes del próximo Mundial. Es un camino que hay que fortalecer con crecimiento en cada continente, intentando armar competencias preliminares que puedan seguir permitiendo la evolución de todos los países involucrados. Fifusa todavía está de pie y quiere dar pelea en el plano internacional. Ahora deberá mejorarlo en el tiempo para no terminar devorado por FIFA:

