Maipú y Gimnasia chocan en un duelo trascendental para pelear el ascenso
A los que no somos tan canosos, ver el fútbol mendocino del pasado nos hubiese encantado. Ese fútbol que cuentan los mayores, repleto de equipos competitivos, con jugadores excelencia y tribunas llenas. Tiempo pasado, mal que nos pese. Pero de hace un tiempito a esta parte, nuestro deporte tan amado va recuperando los síntomas y empieza a levantar vuelo. En terapia intensiva pero con mejoría. Un parte médico que invita a esperanzarse con espectáculos mejores de los que sufrimos durante buen tiempo de las últimas dos décadas.
Hoy hay dos equipos de estos lares del mapa que abren la puerta de la ilusión. Deportivo Maipú y Gimnasia, aún en sus intermitencias, son gratas realidades que dan pelea con sus armas mientras siguen sobreviviendo a la picadora de carne que es el fútbol argentino. Y esta tarde se ven las caras en promesa de partidazo, en un Omar Higinio Sperdutti que recibe la primavera con escenario listo. Traigan flores.
El Cruzado será local y está obligado a ganar. Al Lobo le cambia la condición pero no el resultado: también debe ganar. Por eso la expectativa es enorme, porque ambos saben que, de sumar de a tres, se meterán en la pelea definitivamente en la recta final de esta chiva Primera Nacional que no te regala nada.
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Juan Manuel Sara tiene todo el plantel a disposición y parece tener un once más clarito: Sosa, Moyano, Paulini, Tarón, Ozuna, Montero, Arno, Sosa, Almirón y Viguet parecen no caerse de la pizarra, mientras que de Mansilla o Del Priore saldrá el apellido que termine de completar el once titular que saldrá a la cancha.
Ezequiel Medrán tiene más dudas en el panorama: sin Maxi Padilla ni Nazareno Solís, las dudas para armar el rompecabezas siguen a flor de piel. En el juego de la adivinanza, Tagliamonte, Nadalín, Mondino, Meritello, Recalde, Antonini, Romano y Silba estarían del vamos, Antonio, Rinaldi y Ciccolini podrían completarlo, aunque nada confirmado por el entrenador, que cerró las puertas desde el miércoles.
La mesa está servida y se empieza a devorar desde las 17.15. Un domingo como los de antes, con una cancha a reventar y dos elencos de nuestra provincia que son motivo para golpearse el pecho. Como para apagar la nostalgia y permitirse gozar del presente, que al final, no está para nada mal.
