A 40 años: el día que el Loco Gatti jugó de 9 en Boca
Cuando se lo nombra, se recuerdan sus atajadas, su liderazgo, el penal que le retuvo a Vanderlei para ganar la Copa Libertadores de 1977, sus más de 400 partidos con la camiseta de Boca. Pero el currículum de Hugo Orlando Gatti incluye hasta lo más inesperado, tal como sucedió el 17 de septiembre de 1984. Aquella calurosa tarde de verano norteamericano, bajo un sol insoportable y 40 grados de temperatura, en plena crisis económica del Xeneize y con Gatti ya habiendo cumplido las cuatro décadas, el histórico arquero de Boca jugó 17 minutos como delantero. No hizo un gol, pero estuvo cerca. Y Boca ganó. El recuerdo de un día tan bizarro como inolvidable, que le hizo honor al apodo de Hugo Orlando Gatti.
Era tal vez la época más oscura en la historia de Boca. El club estaba económicamente destruido, con deudas hacia los jugadores, con la Bombonera al borde de ser rematada y una crisis financiera e institucional profundísima que había comenzado en aquel 1981 en el que contrataron a Diego Armando Maradona. Los futbolistas ya se habían manifestado a modo de huelga y los juveniles de Boca ya habían competido con sus dorsales escritos con fibrón en el recordado partido frente a Atlanta. El Gobierno ya había intervenido para que Boca no desapareciera y Héctor Martínez Sosa, tesorero, ya había pedido una convocatoria con acreedores. Ese era el contexto; por eso, Boca, que ya se había enfrentado con equipos desconocidos en el interior del país en una suerte de manotazo de ahogado, acordó jugar 30 amistosos durante 1984. Porque cada moneda era necesaria.
Realizó una gira entre agosto y septiembre de 1984 que incluyó partidos en España, Italia, Grecia y Estados Unidos. El más recordado de aquella aventura fue el 9-1 que le propinó el FC Barcelona. ¿El segundo? Seguramente, el del 17 de septiembre. La delegación de Boca viajó a Los Ángeles y desde el aeropuerto debió recorrer 350 kilómetros hasta una localidad californiana llamada Fresno, en el Valle de San Joaquín. Es que allí habían pactado un amistoso frente a Atlas de México. Eran quince futbolistas bajo el mando del entrenador barasileño Dino Sani, porque había varios lesionados y algunos que se rehusaban a jugar. No tenían comida ni hotel y debieron resolver donde pasar la noche, aunque eso implicara dormir en los autos.
Llegó el día siguiente y el compromiso, en un estadio hecho para fútbol americano, con medidas más chicas de lo habitual y sin alambrados ni fanáticos en la tribuna. Lo esperaba Atlas y Boca quería (¡necesitaba!) cobrar esos 4.500 dólares, aunque el calor fuese infernal y los 40º grados dificultaran los movimientos. Salió a jugar con: Balerio; Passucci, Mario Alberto, Mouzo, Córdoba; Stafuza, Segovia, Sotelo; Porté, Morena y Mendoza. El banco de suplentes (en sentido simbólico, porque en la cancha no había tal banco) estaba incompleto. Los valientes eran Gatti, Matabós, Berta y Abdeneve. El encuentro tuvo a los 28 minutos su primer gol, tras una definición de Fernando Morena. Y con el 1-0 parcial, en el entretiempo, el DT Sani metió a sus tres jugadores de campo. Eso era todo, habrá pensado.
Pero a poco más de un cuarto de hora del final, el propio Berta, que había ingresado como suplente, pidió el cambio. “No tenemos a nadie, aguantá”, fue todo lo que pudo pedirle Sani. Pero Berta insistió. Entonces, miró a su costado y vio a un arquero de 40 años, en cuero y ojotas y que se dejaba broncear por los rayos de sol, que le hizo saber que estaba para lo que necesitara. Y así fue. Fueron a buscar al colectivo la camiseta 14, la única disponible, y se la dieron a Hugo Orlando Gatti. El Loco entró y esbozó una icónica frase: “Atención, troncos, que llegó el maestro”.
Tiró diagonales, molestó a los centrales y a poco del final tuvo su chance dorada. Pero Carlos Mendoza no se la dio. Prefirió marcar el 2-0 con el arco libre. Después, llegó el descuento de Atlas y el duelo terminó 2-1. Resultado anecdótico, claro, porque lo que todos recuerdan es otra cosa: que el Loco Gatti, el mismo que atajó con buzo durante 12 años y levantó 6 títulos, el que se convirtió en ídolo de Boca bajo los tres postes, aquel día dejó sus ojotas, ató los cordones de sus botines y se aventuró en el área rival por primera y única vez en un partido oficial.
