Los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 y la foto en "blanco y negro" que Hilter no quiso ver
Comienzan los Juegos Olímpicos de París 2024, oficialmente conocidos como los Juegos de la XXXIII Olimpiada, que tendrán como sede a la capital francesa entre el 26 de julio y el 11 de agosto de 2024. Y así una vez más, la agenda de la coyuntura nos brindará otra extraordinaria oportunidad para recordar circunstancias que marcaron nuestra historia, pero que aun pasando los años siguen brindándonos aleccionadores ejemplos en el presente.
La mirada durante esta nota la posaremos en Alemania de 1936. Por ese tiempo comenzaban en Berlín los "XI Juegos Olímpicos" cuando la Alemania del Tercer Reich estaba gobernaba por Hitler.
Lógicamente el "führer" no dejaría pasar la oportunidad de exhibir al planeta la pretendida magnificencia del nazismo. Una vez más el deporte sería una pantalla política donde se expondría la grandeza del régimen nazi. Hitler aprovecharía la disputa deportiva para mostrar al mundo una imagen de suntuosidad. Nada estaría librado al azar; por el contrario, encargó a Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda e Ilustración Pública, un plan que exaltara el régimen y la presuntuosa "superioridad racial aria".
"Jesse" Owens, el negro prohibido
Una de las figuras consagrada que llegaba a Berlín era James Cleveland "Jesse" Owens (1913 – 1980), velocista y saltador norteamericano. Negro. Por ese tiempo era considerado el mejor atleta de la historia. Un dato: en un solo día, durante el "Big Ten Conference" de 1935 realizado en Michigan, había establecido tres records mundiales e igualado un 4º. Hasta la actualidad una marca nunca superada y considerada la "empresa más impresionante en el atletismo mundial desde 1850" (Richard Cepreau. "Historia del Atletismo". Universidad de Florida. 2005). Esa fama bien ganada la corroboraría en Alemania.
Hay mucho de mito todavía sobre sí Hitler saludó a Owens. Lo cierto fue que las cuatro medallas de oro que obtuvo "el morocho" en Berlín no le debieron haber caído nada bien al "fuhrer". Owens, un afroamericano, había "aguado la fiesta nazi" y aniquilado los planes de mostrar esa xenofóbica grandilocuencia aria. "Cualquiera que tuviese ancestros procedentes de la jungla es un salvaje"; había sostenido Hitler. Previamente, y resaltando el contexto, las leyes de Nüremberg privaron a los judíos de la ciudadanía alemana y, obviamente, del derecho a participar en los juegos olímpicos. Un ejemplo fue la extraordinaria Gretel Bergmann (1914 – 2017, que muriera en Nueva York a los 103 años), récord nacional de Alemania de salto en alto, excluida de la competencia olímpica por ser judía.
Pero paralelamente, vaya paradoja, "Jesse" tampoco se consideraba bien tratado en su país. Por ese tiempo en EEUU, como todo afroamericano, no podía comer con sus compañeros de equipo en algunos restaurantes, ni alojarse en hoteles, solo exclusivos para "blancos". De hecho, tampoco nunca recibió una beca por ser "negro", debiendo trabajar para pagarse sus estudios. Más aún, no lo invitaron a la gala en la Casa Blanca cuando el presidente Franklin D. Roosevelt agasajó a los deportistas de la delegación estadounidense que partían a Berlín.
"Luz" Long, la foto prohibida
Pero la foto que generó bronca entre los nazis fue otra. Fue la foto del "fuego amigo", cuando Carl Ludwig "Luz" Long (1913 – 1943) posó junto a Owens.
"Luz" Long era un extraordinario atleta alemán. El deportista favorito de Hitler. El ídolo. Encarnaba "el prototipo ario". Blanco, rubio, de ojos azules y alto. Él debía ganarle a Owens. Se enfrentarían en la competencia de salto en largo.
"Si marcas unos centímetros antes tú referencia, y saltas desde ahí, no te pasarás de la ‘línea de batida'. No arriesgues y así aseguras el salto para la clasificación. Lo importante será mañana". Aconsejó Long a Owens. Estaban en la clasificación para la final. Owens ya había tenido dos intentos anteriores y al pasarse la línea de batida sus saltos habían sido "nulos". Corría el riesgo de no clasificar y perderse la final. Mientras tanto Long ostentaba hasta ese instante el record mundial de la prueba. El final de la película es previsible. Owens clasificó a la final gracias a la ayuda del alemán y terminó ganándole la prueba por escasísimos centímetros. El primero en felicitarlo fue Long. El gesto de caminar juntos y abrazados ante la ovación del estadio conmovió al mundo y catapultó el plan nazi.
De ahí en más la relación entre ellos no terminó jamás. Los unió la correspondencia. La derrota del alemán en la competencia olímpica no fue perdonada por el Tercer Reich. Hitler lo tomó como una ofensa. La madre de Long declaró luego que Rudolf Hess, colaborador de Hitler, lo amenazó de muerte si volvía a abrazar a un "negro". Al tiempo de comenzar la segunda guerra mundial, Long fue destinado al frente de Sicilia a pesar de estar exceptuado. Morirá a los 30 años en la batalla de San Pietro (1943).
En su última carta, desde el frente de batalla, Long le pidió a Owens que, si algo le pasará en la guerra, viajará a Alemania y contará a sus hijos (Kai y Wolfgang) lo que había significado el valor de la amistad para ellos. "Jesse" honró el pedido de su amigo. Volvió a Alemania terminada la guerra. Selló una excelente relación con la familia Long y hasta fue padrino de bodas de Kai. Luego el mundo leyó aquella carta que terminaba: "Abrazo; tu hermano Luz".
"Se podrían fundir todas las medallas y copas que gané, y no valdrían nada frente a la amistad de 24 quilates que hice con Long en aquel momento" Sostuvo Owens. "El color, la raza, las ideas no deben condicionar nada, menos la amistad", había expresado Long. Buenos mensajes para confirmar como la historia sigue ayudando a construir un presente mejor.