La muerte lenta y anunciada de quienes creen que con el amor alcanza
Pensar que es uno sólo el motivo por el cual el hincha se aleja de las canchas es un error. El producto final llamado fútbol argentino, con sus pro y sus contras, ya no seduce a nadie. O algunos pocos que todavía siguen por amor, sólo por eso. Hay quienes sostienen la gigantesca estructura porque la pasión está arraigada a la piel, al alma, pero nada más. Porque a los colores se los acompaña, se los sigue, se lo aguanta en las buenas y en las malas. Pero no alcanza. No alcanza sólo con el amor y la pasión.
El producto terminado tiene tantas falencias que hasta el más apasionado decide mirar hacia el costado o, directamente, darle la espalda. Aunque cueste entenderlo, es la realidad. Aunque haya excepciones, es la generalidad.
Lo que ocurrió en el Godoy Cruz-River Plate de este miércoles por la noche en el Malvinas Argentinas fue una muestra gratis de lo que estas líneas intentan describir.
No hay antecedentes de un partido del Tomba en Primera División con la popular en un 30% de su capacidad. No hay antecedente de un partido de River en Mendoza con la popular a la mitad.
La gente se hartó. El verdadero hincha se dio por vencido, bajó los brazos. A veces vuelve, intenta, insiste, se ilusiona con que todo cambie, pero en el fondo sabe que la batalla está perdida. Que todas esas falencias que tiene el producto pesan tanto que es mejor dejar que otro las cargue. Que no vale la pena ni siquiera intentarlo.
Más allá de lo que puntualmente ocurrió ayer en Tomba-River, los motivos que invitan al hincha a preferir un partido de Premier League por la tele, una serie o peli, un paseo a alta montaña con la familia o un asado con amigos antes de ver su equipo son varios. Básicamente, las falencias irreversibles en el corto plazo de ese producto final, son innumerables.
Los motivos, uno por uno
¿Vale la pena pagar una cuota de socio o una entrada para ver a tu equipo a riesgo de que la barra decida parar el partido y provocar incidentes porque la Comisión Directiva no le entrega la cantidad de entradas que ellos quieren? ¿O porque la interna entre las distintas facciones está al rojo vivo y hay que ver cuál de los dos es más capo? ¿Vale la pena?
La presencia y el poder adquirido por las barras alejó, aleja y seguirá alejando a los verdaderos hinchas. Es una batalla perdidísima y que, a esta altura, ni los propios dirigentes quieren meterse en ese campo de batalla. Ganaron, por amplio margen. Ayer, en Godoy Cruz, el verdadero hincha tuvo, quizás por primera vez, miedo de lo que pudiese ocurrir con su propia hinchada.
Utilizando el partido de anoche como parámetro, hay otra razón que sale a la luz fácilmente. No hay registro de un partido de River por los puntos en el interior del país con la escasa cantidad de gente que hubo ayer en el Malvinas. ¿El motivo? La desorganización, la improvisación y el precio de las entradas.
Al simpatizante millonario le avisaron con 48 horas de anticipación que podía ir a ver a su equipo, y que además tenía que pagar 25.000 o 50.000 pesos. Una locura por donde se lo mire. Hasta el más fanático habrá pensado: "Dejá, amigo, me quedo a verlo por tele". Y no hay forma de juzgarlo. Hay que entenderlo. Va de nuevo: no alcanza con el amor y la pasión.
El de ayer en el Malvinas terminó siendo un partido entretenido y en un estadio de primer nivel, con un campo de juego impecable. Eso no se discute. Pero también parece ser una excepción del "producto final".
El nivel de los partidos del fútbol argentino es, generalmente, malo. A veces sorprende para bien, pero en la mayoría de las ocasiones es pésimo. Ni hablar si en el análisis nos metemos en lo profundo y metemos en la bolsa al ascenso. Roza lo amateur. Los torneos de mil equipos y la situación económica de los clubes son señales de que la cosa no va a cambiar en el corto plazo.
Por último, y no por ello menos responsable, aparece el estado de los estadios y de los campos de juego como causante del hartazgo del hincha. Salvo excepciones, los estadios en el fútbol argentino vienen no menos de 50 años atrasados en cuanto a modernización, infraestructura, tecnología, etcétera. Y, quizás en menor medida que el resto de los motivos que llevan al público a elegir otro plan, influye. Ojo, el hincha no quiere que haya una concesionaria de autos como en el Mercedes Benz Stadium. Se conforma con ir a un baño que tenga el inodoro completo y que el olor no impida permanecer aunque sea un minuto en su lugar. Respecto a los campos de juego, hay algunos en donde la pelota pica como en campito del barrio. Imposible.
Quizás habrá algún motivo más con el que cada hincha o cada familia puede justificar su ausencia en una cancha de fútbol para alentar a su equipo. Todo es válido. Cualquier justificación es respetable. La gente se hartó. Con el amor no alcanza.