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El final que Rodrigo Isgró se merece en Pumas 7's

El mejor jugador del mundo trabaja en silencio confiado en lo que viene. París 2024 lo espera.

Es verdad que en el deporte los merecimientos son ninguneados: "Los goles se hacen, no se merecen", dicen en la tribuna. Una frase que resuena tantas veces tras una derrota a cuestas, en ese arte de intentar justificar una digna actuación a la que no le condice el resultado final.

Quizás sea momento para las excepciones, pienso. El resultadismo insoportable con el que crecimos en el deporte argentinos nos inyectó la idea que solo los campeones sirven, mientras ser segundo es sinónimo de perdedor, un paradigma que sería importante empezar a cambiar, justo ahora que la buena, si de Selección argentina hablamos, viene saliendo seguido.

Rodrigo Isgró me sirve de ejemplo, ahora que lo tengo un poco a mano. El mejor jugador del mundo de Rugby Seven sí merece un final para la primera zaga de la película de su vida, en lugar de tener que hundirse en silencio por una sanción que no le corresponde. 

Es verdad que hay un Tribunal especializado en dictar penas, y mis respetos hacia ellos, que entiendo, tienen la capacidad y jerarquía suficiente para determinar sanciones a los que se apartan del camino debido. Ese periplo es el que siempre ha transitado Isgró, desde que empezó a soñar vestido de argentino.

Una foto de las tantas que resumen su carrera.

Ejemplo intachable para rivales y compañeros, parte humana a la que le sumó a un talento que todavía está muy lejos del cielo. Es humano, también. Humano y casi un adolescente que tuvo que madurar de golpe, como le pasa a los atletas de elite, jugando a ser grandes desde chicos. Por eso, reglamento a rajatabla al margen, hay situaciones que deberían evaluarse con otra lupa.

¿Cuántas veces, Rodrigo Isgró trasgredió los límites? ¿cuántas sanciones tuvo a lo largo de su carrera? ¿cuántas veces dejó un papelón en alguno de los tantos estadios que transcurrió a lo ancho del planeta en este recorrido de Puma? La respuesta, hasta ese partido con Francia, es cero.

Y Rodrigo Isgró un día perdió los estribos en una jugada desafortunada, con las pulsaciones a mil, en una final del Mundo. La sanción la merece, claro. Ahora bien, ¿privarle el sueño de su vida en el final de su carrera con destino en un Juego Olímpico? ¿no será mucho? 

A esa Honorable junta de dirigentes integrantes de un Tribunal que visten de saco y corbata y se sientan en una mesa de vidrio de un piso 70 de un rascacielo para tomar decisiones sobre la vida de los atletas, esos mismos que estuvieron a punto de pulverizar los sueños de un deportista intachable mediante un comunicado. A todos ellos: nos vemos en París.