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De Paul: el niño carismático que era arquero y se volvió el motor de la Selección

Rodrigo De Paul es uno de los baluartes de la selección de Scaloni. De chico fue arquero y un divertido alumno; de grande, líder en varios equipos, muy temperamental y un jugador amoldable.

En Sarandí, allá por el año 1994, nació un chico cuyo futuro sus padres, Roberto y Mónica, jamás podrían haber sospechado. A los 3 años ya pateaba la pelota con amiguitos más grandes, es cierto, pero eso no indicaba que fuese a convertirse en campeón del mundo. Cuando incursionó por primera vez en el fútbol, de hecho, en el Club Social y Deportivo de Sarandí, lo hizo como arquero. Si alguien lo hubiera visto a los 6 años con guantes en sus manos, no podría haber adivinado que Rodrigo De Paul se convertiría en una pieza clave de la Selección argentina, campeón de América y del mundo… y que lo haría como mediocampista. 

De chico, aseguran sus ex compañeros y profesores, “Rodri” era un poco como se lo ve hoy. Carismático, amiguero, alegre. No pasaba desapercibido. Aprobaba las materias con lo justo, “se compraba” a sus maestras y no desviaba la atención del fútbol. Iba al colegio Loreto por la mañana y al club por la tarde, hasta las 17 o 18 horas. Su sueño, desde ese entonces, ya era ser futbolista. La mayor parte del tiempo lo cuidaba su abuelo dado que sus padres trabajan todo el día. Hoy, Rodrigo lleva tatuado en la piel el rostro de Osvaldo y lo recuerda con emoción, como su guía más admirado.

Rodrigo De Paul y la pelota, un vínculo que existe desde hace años.

“El ejemplo a seguir es mi abuelo, cuando yo era chico falleció, pero él era el que me acompañaba a los entrenamientos, yo vivía con él, prácticamente. Estábamos todo el tiempo juntos, yo lo admiraba mucho, él siempre tenía mucha fuerza para hacer todo, era como que todo lo que ocurría alrededor mío y de mi familia siempre tenía una respuesta”. Y más allá de que desde hace décadas no lo acompaña, el “motorcito” de la selección pondera su influencia: “Fue el que me acompañó y me guió en todo este proceso que hice hasta ser jugador. Luego, en la vida, no pudo acompañarme, pero me dejó el legado de que hay que afrontar los problemas. Y en la vida, siempre con una sonrisa y energía positiva, y que todo te deja una enseñanza”.

A los 18 años su abuelo ya no estaba, ya no tenía los guantes puestos y no salía al patio de la primaria. Estaba en las inferiores de Racing Club y esperaba ansioso su oportunidad. Le llegó el 10 de febrero de 2013: De Paul ingresó en el segundo tiempo por Mauro Camoranessi e hizo su debut en la Primera frente a Atlético Rafaela, en una derrota por 3-0. Se movía por ambos costados, por el centro, como enganche. Alternaba un rol creativo con uno secundario, pero ni por asomo tenía el despliegue de hoy en día. Era parte de una camada de jóvenes que prometía mucho en la Academia, entre los que estaban Luciano Vietto, Valentín Viola, Bruno Zuculini, etc. Pero no explotó como se esperaba… al principio.

Cuando llegó a Racing, De Paul se apuntó como 10.

Pasó al Valencia de España con 20 años y cumplió un récord. Uno no muy bueno, vale aclarar. El 23 de agosto de 2014 Rodrigo De Paul ingresó por Paco Alcácer en un amistoso entre su equipo y el Sevilla y se fue expulsado 62 segundos después, tras un codazo a Aleix Vidal. Fue suspendido cuatro fechas. Desmedido, exagerado, imprudente, sí; pero fue un reflejo del temperamento que, más adelante, pulido y enderezado, lo llevaría a la gloria y lo convertiría en una pieza clave de la Selección argentina. No fue positivo su paso por el fútbol español al punto que regresó a Racing en 2015. Fue recién un año después cuando empezó su ascendente camino.

Para la 2015-16, De Paul se convirtió en refuerzo del Udinese de Italia. Estuvo allí 5 temporadas y cada vez fue ganando más terreno. Llegó a ser el 10, el capitán y la figura de un equipo que dejó de extrañar a Antonio Di Natale. Y aportó 34 goles y 36 asistencias en esa gran etapa. En 2018, paralelamente, Lionel Scaloni lo había convocado por primera vez a la Selección como parte del recambio post Rusia 2018 y Rodrigo había sido parte de la Copa América 2019. Pero no fue hasta 2021, en el certamen en el que Argentina volvería a alzar un trofeo, que De Paul se volvió fundamental. Llegó a Brasil en el mejor momento de su carrera y lo plasmó en la Copa América: en la final, asistió a Ángel Di María y fue la figura albiceleste.

De Paul, Simeone y algunos desencuentros de por medio. (Foto: archivo)

Eso sí: su rol en la selección distaba mucho del que tenía en Udinese. Con Scaloni corría, metía, se sacrificaba. Y era el gran socio de Lionel Messi, dentro y fuera de la cancha, de quien se volvió su compinche. Luego de la Copa América 2021, pasó al Atlético de Madrid. El argentino Diego Simeone era el DT del Colchonero y se estimaba un buen futuro para el ex Racing, pero algunas conductas generaron rispideces en el vestuario y entre él y el Cholo y a De Paul le costó hallar continuidad y ser bien considerado. Recién en los últimos meses encontró regularidad luego de tres temporadas. Aquellas fotos en Miami cuando debería haber estado haciendo la pretemporada junto a sus compañeros parecen haber quedado atrás.

Su presente en el club no era el mejor. Sin embargo, entre 2021 y 2024 fue el jugador de campo más vital del ciclo Scaloni después de Messi. Es el que más minutos jugó desde que el de Pujato es el DT de Argentina, fue titular todos los partidos del Mundial de Qatar pese a estar al borde de un desgarro y parece destinado a suceder el liderazgo (y quién sabe si la capitanía) una vez que los “viejos lobos” abandonen el barco. Junto al Dibu Martínez, el Cuti Romero y Messi es uno de los pocos que no salen por nada en el mundo. Y se lo ganó: con sacrificio, criterio y siendo figura en partidos importantes. El último martes, frente a Canadá, fue el argentino que más se asoció (74), el que más pases positivos dio y el que ingenió faltas cuando el partido pedía una pausa.

El motorcito de la Selección, clave en las semifinales ante Canadá. (Foto: @rodridepaul)

El “motorcito” lo han llamado sus compañeros más de una vez. Pero el diminutivo no debería confundir a nadie: Rodrigo De Paul es un verdadero motor. Lleva 2 goles, 11 asistencias y 3 títulos en 68 partidos con la Selección argentina y es el futbolista que más encuentros ha jugado en los últimos 3 años. Es incómodo para sus rivales y no le teme al pleito. Pero eso no es nada nuevo. Un antiguo formador suyo en Racing, Carlos Lerma, recordó hace un tiempo con lágrimas en los ojos la pasión que tenía su pupilo en la infancia: “Cada vez que le pegaban los más grandotes, Rodrigo se levantaba y los encaraba. Yo le preguntaba: `Qué hacés, nene? ¿No ves que te va a dar una piña, te va arrancar la cabeza?´ Y él los enfrentaba…”. Cambió de pelo, de club, de posición. Pero, como dijo otro racinguista, Guillermo Francella… “no se puede cambiar de pasión”. Y Rodrigo De Paul es un reflejo de ello.