Historias

A 4 años de la muerte del Trinche Carlovich, episodios que hicieron al mito

El 8 de mayo de 2020 falleció un ícono del fútbol argentino. Una carrera en el Ascenso, pese a grandes elogios y ser comparado con Maradona. El día que bailó a la Selección Argentina.

Lucio Cappellini
Lucio Cappellini miércoles, 8 de mayo de 2024 · 20:27 hs
A 4 años de la muerte del Trinche Carlovich, episodios que hicieron al mito
En 2020 falleció Tomás Felipe Carlovich, leyenda rosarina Foto: archivo

Desde hace cuatro años que el 8 de mayo se ha transformado en un día para homenajear a Tomás Felipe Carlovich. Uno de los mitos más grandes y, para quienes tuvieron el privilegio de verlo divertirse con una pelota, de los mejores futbolistas que han pasado por la Argentina falleció un día como hoy, pero en el año 2020, luego de que le quisieran robar la bicicleta en su Rosario Natal. El Trinche, que por entonces tenía 74 años, estuvo tres días en coma inducido en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez tras el brutal ataque; hasta que Rosario y el fútbol tuvieron que despedirse de él. Pero con su vida no se fueron las anécdotas, las frases y los mitos que han rodeado a un número 5 del que muy poco se ha visto, pero mucho se ha oído.

El Trinche Carlovich nació el 19 de abril de 1946 en la ciudad que también hubiera elegido: Rosario. Su papá Mario fue un inmigrante yugolsavo que arribó a Santa Fe en la década del 30 y tuvo siete hijos. El menor de ellos, a quien llamaban Tomasito, se convertiría en una leyenda del fútbol argentino. Acompañaba en el barrio a su hermano Pichón en el potrero de la esquina de San Lorenzo y Brasil, pero hacía jueguitos a un costado de la cancha, porque era muy chico para protagonizar el partido. Hizo inferiores en Rosario Central, emigró a Sporting Club de Bigand, regresó al Canalla, pasó por Flandria y recaló por un amigo en Central Córdoba de Rosario. Allí tendría cuatro etapas en las cuales se convertiría en el máximo ídolo, sería responsable del ascenso del equipo a la B Nacional en 1982 y fraguaría su figura legendaria. 

El Trinche y su característica bicicleta. (Foto: archivo)

Jugó en las décadas de 1960 y 1970, lejos de las luces y las cámaras. Sobre todo, porque lo hizo en el Ascenso y solo jugó tres partidos en la Primera División del Fútbol Argentino (en Colón de Santa Fe). Pero pese a no haber registros, muchos coinciden en que el Trinche Carlovich fue uno de los mejores futbolistas alguna vez vistos. No quiso comprobarlo, eso seguro. De personalidad tranquila, introvertida y familiera, jamás quiso irse muy lejos de su Rosario natal, ni ganar miles de dólares por el fútbol. Para él “era un juego”, como ha dicho más de una vez. Y, sostienen los que lo conocieron, esas eran las únicas razones por las que su talento solo lo disfrutaron equipos como Independiente Rivadavia, Deportivo Maipú, Central Córdoba, Argentino de Monte Maíz, etc. Pudo haberse ido al New York Cosmos de Pelé, pero "no se dio". Tampoco era un devoto del entrenamiento y el esfuerzo, es cierto. Dice la leyenda que lo apodaban “Panadero”, porque no trabajaba los lunes, días en los que los equipos hacían su entrenamiento físico.

El día que el Trinche bailó a la Selección Argentina

Pero ese muchacho tímido, perfil bajo, de 1,83 metros y con la 5 en la espalda era cosa seria. Hasta 1974, solo Rosario lo sabía. Desde ese entonces, lo supo el país. La Argentina de Vladislao Cup fue a la ciudad de Carlovich a jugar un amistoso, previo al Mundial de Alemania, frente a un combinado rosarino. En aquel equipo había cinco jugadores de Rosario Central y cinco de Newell´s. ¿El restante? El 5 de Central Córdoba. Cuenta la leyenda (porque no abundan registros audiovisuales que lo atestiguan) que Carlovich, con gran ayuda de Mario Alberto Kempes, fue el abanderado de la paliza futbolística que le propinó Rosario a la selección: 3-1. “Fue un baile impresionante. Ese día todo el combinado de Rosario jugó muy bien, pero Carlovich verdaderamente la rompió, de ahí que empezaron a decir que era un jugador de Selección”, declararía luego Daniel Bertoni, víctima del Trinche.

Su actuación ante Argentina en 1974 le sirvió de vitrina al país. 

Los entrenadores del combinado santafecino eran el legendario Carlos Timoteo Griguol y Juan Carlos Montes, técnicos de Central y Newell´s, respectivamente. En el entretiempo, se ha oído, Vladislao Cup se acercó a ellos para pedirles un insólito favor. Argentina estaba siendo superada por un equipo inferior y no podían dejar esta imagen antes de la Copa del Mundo. Así que Cup no anduvo con rodeos: “Saquen al 5”. No lo hicieron inmediatamente, pero la dupla técnica cambió a Carlovich a los 15 minutos del segundo tiempo y este recibió una ovación de las 30.000 personas que con su fútbol se habían deleitado en el estadio. El jugador fue al vestuario, se cambió, se puso unas sandalias y se fue a comer un asado con amigos. Un reflejo de quién era. La prensa, rendida a sus pies, no pudo hallarlo para hacerle una nota tras la proeza.

La ciudad de Rosario lo nombró deportista ilustre. (Foto: archivo)

Las frases que lo describen

Después de aquel baile a la selección, Carlovich jugó catorce años más. Pero siempre en equipos de divisiones menores. Su única experiencia en Primera fue en Colón, pero se lesionó en los tres encuentros que disputó y se volvió a Rosario, ofendido con la dirigencia. Los rosarinos aseguran que su talento no se deterioró y que siguió brillando hasta los 42. No tan rápido para correr como para pensar, era furor en el Ascenso. Sobre él dijo Daniel Alberto Passarella una vez: “Cuando jugué en Sarmiento de Junín, en el Ascenso, me enamoré de Carlovich. Fue el mejor jugador que vi antes de llegar a Primera. Un astro, me hubiera gustado ser como él”. Y no se trata de un elogio aislado. Otro campeón del mundo como Leopoldo Jacinto Luque confesó un tiempo atrás: "Todos los técnicos que tuve durante mi carrera lo quisieron incorporar a sus equipos, pero a él nunca le gustó dejar Rosario; una verdadera lástima. En Mendoza me cuentan que una vez lo convocaron para que jugara en un Combinado local y se juntó con Víctor Legrotaglie, otro malabarista del fútbol. ¡No les podían sacar la pelota!”.

Nunca le gustaron la fama, los micrófonos ni la exposición. Por eso Tomás Felipe Carlovich fue “solo” lo que fue; y todo lo que fue. Luego de retirarse, lo veían recorrer Rosario en bicicleta, pasar tiempo con sus nietos y comer asados un jueves por mes con sus amigos de Central Córdoba. Ni autos, ni caviar, ni entrevistas: el Trinche es y será de barrio. Y es el único que podría protagonizar la siguiente anécdota, narrada por uno de sus más grandes amigos, Eduardo Quinto Pages: “Él no fue lo que pudo haber sido porque no le interesaba. A nosotros nos ha contado que cuando lo compra Independiente de Mendoza, y se va con la señora y los hijos en avión, los reciben en un hotel y les dan una casa a estrenar y un Fiat 125 color mostaza. Al día siguiente fue a entrenar, la rompió, volvieron, desarmaron las valijas, subió a la familia al auto y se vino a Rosario a contarle a la gente lo bien que lo estaban tratando. Y se olvidó de volver, estuvo 15 días acá. Se quedó comiendo asados con los amigos. Estaba tan contento de lo que le habían dado que se vino”.

Con Maradona, admiración mutua. (Foto: archivo)

En 2005, periodistas, fanáticos, colegas e hinchas se solidarizaron en una campaña para que el Trinche pudiera operarse su cadera derecha y gracias a su ayuda económica recibió una prótesis. Quince años después, el 8 de mayo de 2020, un grupo de delincuentes quiso robarle la bicicleta de la que era inseparable y el hurto acabó en tragedia. Grandes apellidos del fútbol lo recordarán por siempre como el “Maradona que no fue”, como muchas veces lo han llamado. El mismo Diego le dedicó un sentido mensaje tras su muerte: "Nos bailaste a todos, Trinche". Pero ninguna síntesis es mejor que la que hizo su hijo Bruno algunos años atrás: “Él siempre me dice que lo que hizo como jugador ahí quedó. Ahora anda en bicicleta por el barrio como uno más. Y te digo más, el auto que tenía me lo regaló a mí. No le interesan mucho esas cosas. Para él jugar acá en Central Córdoba era como jugar en el Real Madrid, en ese momento lo vivía así. Hay que entender también que el fútbol de antes es totalmente diferente al de ahora”.

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