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Los ídolos no mueren, Flaco, se transforman en leyenda

Este sábado falleció Juan María Traverso y su partida deja un vacío que será muy difícil de llenar.

La frase que elegí para titular esta nota grafica el sentimiento de los fanáticos del automovilismo que este sábado nos conmovimos con la noticia del fallecimiento Juan María Traverso

El Flaco será recordado no solamente por su talento o sus títulos, sino también por ser la persona que jamás se guardó lo que pensaba, por ese que fue capaz de ganar en llamas, aquel que cruzó la meta con el auto en tres ruedas y ese "desubicado" que patentó uno de los insultos más recordados cuando Gabriel Ponce de León lo chocó en Río Cuarto. 

Años atrás me di el lujo de estar mano a mano con él y su humildad ante mi poca experiencia hizo que mi admiración creciera. Fue claro, siempre directo, sin importarle hacia quién iba el mensaje. Y logró, además, algo que muy pocos han conseguido: tener hinchas propios. Me quedará en la memoria cuando no salió a disputar una de las series en Olavarría y todos "envejecíamos" de golpe porque no corría más. "Corrí poniendo todo de mí, pero sinceramente exprimí hasta la última gota de pasión que tenía", dijo.

Después de "bajarse", se encargó de enseñar, de aconsejar y de recordar todo lo vivido. Encontrarlo en un autódromo era una bendición. Sentarse, escucharlo y divertirse con su manera de contar esas anécdotas con el Loco Di Palma, o cuando levantó para no salir subcampeón, porque él jamás quiso ser el segundo de nadie. 

Se nos fue Juan María Traverso, ese que tuvo cruces épicos con Marcos Di Palma, el que casi atropella a su equipo cuando se le rompió el auto, o simplemente ese tipo sincero que siempre caminó con un cigarrillo en la mano. Ese cigarrillo que hoy se apagó. Pero se encendió su leyenda. Gracias por todo, Flaco. Descansá en paz.