Navone, el jugador del día: “Vengo al Argentina Open desde los 5 años”
A Mariano Navone (9 de Julio, 108° del ranking) le brota la felicidad por los poros. Es su esencia: sonrisa de oreja a oreja, gane o pierda. Pero esta sonrisa es distinta; la felicidad es más intensa. Es la alegría de haber ganado por primera vez en un torneo ATP y, además, en el Court Guillermo Vilas.
La Nave, como se lo conoce entre el público e incluso sus propios colegas, derrotó a Corentin Moutet (146°) por 5-7, 6-2, 6-2, en un partido muy particular por la conducta del francés, y se metió en la ronda final de la clasificación del Argentina Open, para estrenar su casillero de victorias en este nivel. Campeón de 5 Challengers en 2023, enfrentará a Felipe Meligeni Alves (153°) en busca del cuadro principal.
- Primer triunfo en una qualy de ATP, ¿qué sensaciones te deja?
Contento. La cancha estaba muy llena y ¡qué no pasó en el partido! Hacía mucho que no jugaba en un ambiente así. Mucho calor, muy hablado. Supe manejar la presión, porque parecía un partido de fútbol. Por suerte pude hacer mi juego. Me queda para toda la vida haberlo disfrutado, no esperaba que se llene así en un partido de qualy.
Moutet, talentoso como muy pocos, es uno de los jugadores más controversiales del circuito. Ha recibido varias sanciones e incluso perdió el apoyo de la Federación Francesa de Tenis (FFT). Ante Navone no se comportó bien: discutió con el público argentino, con el juez de silla y se llevó los silbidos del Buenos Aires Lawn Tennis Club. Pidió asistencia médica y luego rechazó ser atendido. En contraposición, también le llevaron una botella de Pepsi (probablemente para recuperar energía) y la mostró como un trofeo. Tiene cosas muy buenas y muy malas.
Navone sueña, sueña y sueña, La peleó siempre desde abajo. Es un gran fanático del tenis y mira muchos partidos para aprender de los mejores. En vivo, siempre aprovechó el torneo de Buenos Aires, en la época de la prestigiosa Legión Argentina o cuando participaban tenistas como Rafael Nadal, David Nalbandian, David Ferrer, entre otros grandes.
- ¿Cuántas veces soñaste con un BALTC coreando tu nombre?
Mucho. Vengo a ver el torneo desde los 5 años. Sacaba para el martes, jornada diurna y nocturna con mi familia. Hay miles de fotos mías viendo a Nalbandian, Ferrer... Increíble. Las primeras experiencias siempre son lindas. Cuando me saqué la tensión y jugué con el público, me gustó.
La gran meta de los tenistas es alcanzar el Top 100, que te asegura vivir de este deporte y no salir a pérdida como en los primeros escalones del profesionalismo (ITF y Challenger). A 20 puestos de romper esa brecha, busca insertarse a nivel ATP y dar el salto de calidad.
-Estás haciendo la transición de Challenger a ATP. ¿Qué diferencia hay entre ambos circuitos, sobre todo en lo económico?
Mucha. Lo que ganás por una primera ronda ATP es lo mismo que si llegás a una final de Challenger. Pero bueno, también el nivel es mayor. Los que estamos en la transición empezamos a ver cómo es este ambiente: jugadores con más equipo, que salen adelantados y van tomando ritmo. Un poco de todo, es lo mismo que cuando estaba 550° y miraba al 120°. Estoy aprovechando este torneo y los otros de la gira. 
- ¿Qué me podés contar de los Grand Slams, que ya los jugaste todos? Alguna anécdota…
Australia era un sueño desde que era chico y superó mis expectativas. Fue impresionante. No hay nada igual, lejos. Comodidad, infraestructura, el trato. Como es muy lejos, muchos van temprano y los ves a todos. Es el Grand Slam de la felicidad.
Lo más insólito que viví fue haber ganado el Challenger de Poznan (sobre polvo de ladrillo) y los dos días estar jugando Wimbledon, cuando nunca había tocado el pasto en mi vida -en Argentina, prácticamente no hay canchas de césped-.
- ¿Y qué notaste de los mejores del mundo?
Ver a Nole (Djokovic) entrenar, a Medvedev... (sonríe con un tinte emotivo). Se juega a un tremendo ritmo de precisión durante tres o cuatro horas.
Sinner llegó el mismo día que llegué a Australia, a más de una semana de su debut. Se preparó para ganarlo. Estuvo un mes en Australia. Te das cuenta del salto mental que había hecho.
