Que el rival de Gimnasia sea solo San Martín de Tucumán
Gimnasia tiene listas las valijas para ir rumbo a Tucumán. San Martín lo espera en el duelo de vuelta de las semifinales del Reducido, tras un injusto 0 a 0 en la ida. Con desventaja deportiva, al equipo de Ezequiel Medrán únicamente le sirve la victoria (por cualquier resultado) para llegar al último escalón del certamen.
Por lo demostrado en el primer chico de la serie, el Santo no es el cuco que todos insinúan. Es sólido, tiene argumentos defensivos importantes (27 vallas invictas) pero en ataque no mostró muchas bondades para destacar. El Lobo lo dominó, tomó el control del encuentro desde el minuto uno y no lo ganó por déficit en la definición.
Claro que de local, el equipo del Traductor hablará otro idioma: con el empuje de su gente, deberá tomar otro protagonismo, más allá de que la igualdad le juegue a su favor. Por eso, a un equipo un poco más adelantado, Gimnasia puede lastimarlo con sus variantes de ataque encontrando espacios.
La designación del árbitro se aguardó durante toda la semana. Tras el paupérrimo desempeño de Monsón Brizuela en la ida (San Martín hizo tiempo de manera obscena) la preocupación por el juez era un tema no menor en Mendoza. El designado será Brian Ferreyra, que no lo dirigió en esta temporada (si cuatro veces al Santo, con tres triunfos y un empate), un pito que deberá demostrar estar a la altura de una semifinal rumbo al ascenso.
Del otro lado del cuadro pasará lo mismo, porque la lupa estará puesta sobre Fernando Echenique. En un fútbol argentino al que no le sobra la transparencia, el deseo de los que todavía creen que los partidos se ganan y pierden en la cancha será tener dos series sin ninguna mano negra.
El Lobo jugará en un escenario bien picante, contra una multitud que estará en su contra y con la necesidad de tener que ganar para estar en la siguiente instancia. Que a ese combo complicado y adverso no haya que sumarle un árbitro inclinando la cancha con declive para el lado local.