Wimbledon rompe una tradición de 147 años y la tecnología gana lugar
Desde aquel 1887 en el que Spencer Gore se consagró campeón hasta que Carlos Alcaraz levantó su segundo trofeo consecutivo, en el último julio, pocas cosas cambiaron realmente en Wimbledon, el tercer Grand Slam del año en el calendario tenístico. El Abierto Británico siempre se caracterizó por una tradición imperturbable, por los rígidos códigos de vestimenta, por la sacralización del Middle Sunday… Pero el siglo XXI acecha a todos y nadie puede esquivarle. Quedó demostrado esta mañana cuando Wimbledon anunció que después de 147 años prescindirá de los jueces de línea y que los reemplazará por una “robusta” tecnología.
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Ya venía sucediendo y eran cada vez más los torneos de tenis que optaban por la tecnología para determinar los piques de pelota, en lugar de por personas. Pero, creían varios, Wimbledon sería el último en hacerlo. No fue así. Desde el All England Club explicaron que desde la edición de 2025 no se verán más personas de saco, pantalón blanco y corbata verde o de sweater y boina, porque adoptarán un sistema automatizado de “cobro de línea electrónico y en directo” (en inglés, Electronic Line Calling Live) que regirá en las 18 canchas del complejo, incluida la central, y que cumplirá la labor que durante casi un siglo y medio cumplieron los jueces.
“Tras analizar los resultados de las pruebas realizadas en The Championships (Wimbledon) este año, consideramos que la tecnología es lo suficientemente robusta y que es el momento adecuado para dar este importante paso en la búsqueda de la máxima precisión en nuestro arbitraje”, sostenía el comunicado de Sally Bolton, directora ejecutiva del All England Club. “Nos tomamos muy en serio nuestra responsabilidad de equilibrar la tradición y la innovación en Wimbledon. Los jueces de línea han desempeñado un papel central en nuestra estructura de arbitraje durante muchas décadas y reconocemos su valiosa contribución y les agradecemos su compromiso y servicio”.
El Hawk-Eye Live se empezó a utilizar en 2017 durante el Next Gen ATP Finals, el torneo que reúne jóvenes estrellas y en el que muchas veces se prueban reglas o iniciativas aún no consolidadas como para el circuito profesional. Desde entonces, fue teniendo más lugar en torneos de no tanto calibre hasta que llegó al US Open en 2020, ayudado por el contexto mundial de pandemia de Covid-19 que volvía lógica la ausencia de jueces de línea. Los resultados, claramente, satisficieron a los organizadores y más tarde la tecnología también se apoderó del Australian Open. Andrea Gaudenzi, presidente de la ATP, ya anunció que para la próxima temporada los jueces de línea no tendrían más lugar dentro de los courts. Algo que preocupa y mucho a quienes ejercen y que quita puestos de trabajo.
A nivel económico, la instalación de la Electronic Line Calling Live por supuesto que implica un gran gasto. Pero también lo demanda contratar más de 100 personas, ofrecerles comida, vestimenta y traslados (solamente los umpires reciben estadía). Al poner todo en la balanza, entonces, Wimbledon ha elegido la primera opción. El torneo de tenis que para muchos era más reacio al cambio confirmó lo que Roland Garros no. El Abierto de Francia, que no responde a la Federación Internacional de Tenis, será el año próximo el único grande que conserve a sus jueces de línea. El polvo de ladrillo facilita la remanencia del pique y por eso en París no parecen ansiosos por dejar todo en manos de la tecnología. En Londres, en cambio, sí.
Wimbledon y las tradiciones que ya no lo son
Si bien siempre será considerado el más tradicional de los Grand Slams, es un hecho que Wimbledon ha aceptado cambios en los últimos años que hace tiempo hubieran parecido imposibles. El Middle Sunday, el domingo “del medio” de la competencia, cuando el torneo transitaba la cuarta ronda, históricamente fue un día de descanso para los tenistas, aficionados y para el propio césped, que pedía auxilio. Desde 2022, la mitad de los octavos de final se juegan ese domingo y ya no se comprimen todos los duelos el lunes posterior. Por otro lado, la vestimenta. Wimbledon obligó a los tenistas a vestirse completamente de blanco hasta 1963. Pero luego el mandato se transformó en una recomendación y, hoy por hoy, el reglamento sugiere los siguiente: “Los competidores deben estar vestidos con ropa de tenis adecuada que sea casi completamente blanca”. Ahora, la tradición corrompida involucró personas y el efecto parece ser más ruidoso. Mientras, Wimbledon agudiza su etapa más innovadora.

