Los hitos de Lole Reutemann en la Fórmula 1, a quien Colapinto homenajeará con su casco
Franco Colapinto homenajeará en los Grandes Premios de México (este fin de semana) y Brasil a uno de los mejores pilotos que tuvo la Argentina. Usará un casco con los colores azul y amarillo como aquel que caracterizó a Carlos “Lole” Reutemann durante su estancia en la Fórmula 1, entre 1972 y 1982, en la cual obtuvo 12 victorias y un subcampeonato con Williams; justamente, la escudería en la que ahora corre Colapinto. Un repaso de los más grandes hitos en la carrera de Lole: su primera victoria en Sudáfrica, el día que el Superclásico modificó su horario y la definición de la temporada 1981.
Carlos Reutemann nació en la provincia de Santa Fe y se crió en el campo, donde surgió su apodo. De niño, le decía constantemente a su padre Enrique y a su mamá Flora, inmigrante italiana, que iba a ver a “los lechones”. De ahí surgió, matizado, su sobrenombre “Lole”. Una vez que terminó la secundaria, comenzó a agarrarle el gusto a los autos y en 1965, a los 23 años, hizo su debut en una carrera del Turismo Mejorado en la ciudad de La Cumbre, Córdoba. Pasaron siete años más hasta que el Gran Circo lo conoció. En 1971, año en el que ya había participado del Gran Premio de Argentina (no puntuable) y había terminado 3º, lo contactó la escudería Brabham; en 1972 haría su debut absoluto.
El homenaje de Colapinto
La primera victoria de Lole en Fórmula 1
Terminó 16º y 7º en sus primeras dos temporadas en el Gran Circo de la mano de Brabham. Y en 1974 ya lo urgía la necesidad de un triunfo, que demandaba tanto él mismo como Bernie Ecclestone, dueño del equipo. El día inolvidable finalmente llegó el 30 de marzo, en el Autódromo de Kyalami, situado a unos 25 kilómetros al norte de la ciudad de Johannesburgo. Reutemann, que venía de dos séptimos puestos, en la Argentina (se quedó sin nafta en la última vuelta) y en Interlagos, Brasil, largó cuarto, pero tras una gran maniobra en la largada se colocó segundo. Y en la 9º vuelta superó a la Ferrari de Niki Lauda para nunca más mirar atrás. Logró su primera victoria tras 28 Grandes Premios y escribió su apellido en la historia grande de la Fórmula 1.
A aquella alegría en territorio sudafricano le sucedieron otras 11 victorias en una década, con cuatro equipos distintos: además de Brabham, corrió para Ferrari (1976-78), Lotus (1979) y Williams (1980-82). A lo largo de su carrera, Reutemann sumó 45 podios y 6 pole position. En 1975, 1978 y 1980, Lole terminó tercero en el Campeonato de Pilotos, pero su temporada más inolvidable sin duda fue la de 1981, en la que acabó como subcampeón tras un desenlace tan polémico y ajustado como recordado por los argentinos. Tal era su nivel e impacto, que en ese año logró algo de lo que pueden jactarse pocos: cambiar el horario de un Superclásico que jugaba Diego Armando Maradona.
El día del Boca-River y el dramático 1981
En 1981, el argentino brilló con dos victorias (Brasil y Bélgica) y cinco podios en las primeras seis carreras. Pero tuvo un desencuentro con su equipo en el segundo Gran Premio, en Brasil, cuando desde Williams le indicaron que dejara pasar a su compañero Alan Jones, el piloto de cabecera, y Reutemann descobececió. Ganó aquella carrera, pero ni el australiano Jones ni los mecánicos de Williams festejaron con él y se entendió que la relación se había quebrado; lo que impactaría a la brevedad. Un circuito más tarde, cuando todavía faltaba mucho para el lamentable desenlace de la temporada, Argentina fue testigo de una poco habitual decisión.
El domingo 12 de abril de 1981 a las 13 horas se corría la tercera carrera de la temporada en la Fórmula 1, nada menos que en el Gran Premio de Buenos Aires. Y Reutemann, a quien, se estima, veían por televisión alrededor de 10 millones de argentinos cada fin de semana (de una población de 27 millones), llegaba como puntero tras una victoria y un segundo puesto en las dos primeras carreras. Pero esa misma tarde estaba pactado un Boca-River, por el Torneo Metropolitano. Sin embargo, era tal el fervor alrededor de Lole que aquel Superclásico se adelantó para el viernes 10 a las 21.30. No fue por cuestiones de seguridad, sino para que no se superpusieran dos eventos tan concurridos. Se trató de un Boca-River muy recordado, que acabó en victoria del Xeneize 3-0 con dos goles de Miguel Ángel Brindisi y uno de Diego Armando Maradona, tras desparramar en el barro al Pato Fillol y Alberto Tarantini. Reutemann terminó segundo en el Gran Premio argentino y acentuó su gran temporada. Meses después, el dramático final.
El argentino llegó como líder del campeonato al 15º y último circuito del año, en Las Vegas, un punto por encima de su escolta Nelson Piquet, que llegaba en ascenso arriba del Brabham. Reutemann se llevó la pole position en la Qualy. Sin embargo, a raíz de un accidente con el propio Piquet en la clasificación, se vio obligado a utilizar durante la carrera del domingo el auto de reserva de Williams, evidentemente, con peor rendimiento que el que le había traído tan buenos resultados hasta entonces en ese 1981. El día de la carrera, Lole se adelantó enseguida, pero problemas en la caja de cambios luego lo relegaron al quinto puesto. Terminó la carrera 8º y el brasileño Piquet, 5º.
Aquellas posiciones le dieron, finalmente, el título a Piquet por una sola unidad. A sabiendas de la mala relación entre Williams y Reutemann, se sospechó que lo habían perjudicado, pero nunca se supo con certeza. Hasta que el año pasado, cuando el ex piloto ya había fallecido, Ecclestone reveló en el documental Lucky que el equipo había buscado deliberadamente que el argentino no fuera campeón y que él mismo había sobornado a masajistas para afectar su rendimiento. Tras esa confesión, Cora Reutemann, hija de Lole, comenzó acciones legales para que su padre fuera reconocido como legítimo campeón post mortem. Su familia y la Argentina no olvidan su legado. Ahora, Franco Colapinto demostró que tampoco.


