A 48 años del debut de Maradona en Argentinos: el trasfondo de un día histórico
Argentinos Juniors recibía en La Paternal a un gran Talleres de Córdoba, que entonces se lucía con Luis Antonio Ludueña, Luis Galván y José Valencia, entre otros. Hacía un calor insoportable, era 20 de octubre de 1976 y la que se disputaba era la octava fecha del Torneo Nacional. El entrenador Juan Carlos Montes paró el siguiente 11 en el local: Minutti; Roma, Pellerano, Gette, Minutti; Fren, Giacobetti, Di Donato; López, Alvarez y Ovelar. Sin embargo, la novedad estaba en el banco de suplentes. Se trataba de un chico que todavía no había cumplido 16 años, se llamaba Diego Armando Maradona y la rompía en las inferiores. ¿Muy temprano para debutar? De hecho, más tarde de lo esperado.
Septiembre de 1976. Montes llamó a Maradona a entrenar con el primer equipo con la idea de darle sus primeros minutos. Pero le dijeron que estaba suspendido. Aparentemente, el chico había burlado a un árbitro en la Séptima División y lo habían sancionado con cinco fechas. “Juez, usted es un fenómeno, tendría que dirigir partidos internacionales”, había sido la ironía. Así que se postergó. Pero no por mucho. 16 de octubre de 1976. Argentinos sufría como local ante un Talleres que le movía la pelota y que ya había marcado el 1-0 por medio del Hacha Ludueña y llegó el entretiempo. En la tribuna comenzaron los rumores: “Me dijeron que se viene el debut del pibe”, se ilusionaban algunos. A Diego ya lo conocían: era el chiquillo que hacía jueguitos en los entretiempos.
Empezó el segundo tiempo y, efectivamente, le llegó la hora. “¿Se anima?” gritó el DT. Maradona estaba sentado en el banco y no estaba seguro de que le hablara a él, pero con la mirada le hizo saber que sí se animaba. Calentó 30 segundos hasta que Montes lo llamó y le dijo: “Vaya, Diego, juegue como usted sabe… Y, si puede, tire un caño”. El oriundo de Villa Fiorito era obediente y la primera pelota que tocó la convirtió en un caño al defensor Juan Domingo Patricio Cabrera. “Le amagué y le tiré la pelota entre las piernas; pasó limpita y enseguida escuche el “oooole” de la gente, como una bienvenida”, cuenta el 10 en su biografía Yo soy el Diego de la gente. Tenía la 16 en la espalda; raro, sí. Y ya se había convertido en el jugador más joven en debutar en el fútbol argentino, con 15 años y 355 días (en 2003 lo superaría Sergio Agüero).
Tuvo un par de toques, algunas jugadas destacadas, un tiro que pasó cerca del palo derecho del arquero Oscar Quiroga. Suficiente para que el público del Bicho se ilusionara. Había oído hablar de él, lo había pedido y por primera vez lo veía. Era el comienzo de una hermosa historia. Talleres ganó 1-0, pero nada opacó la alegría de la familia Maradona: Don Diego había pedido permiso en la fábrica en la que trabajaba para salir a las 3 de la tarde e ir a ver el debut de su hijo. Diego había pasado la mañana nervioso, con miedo de que su papá no llegara a tiempo. Pero todo salió acorde al plan. Y festejaron emocionados. En el vestuario de Argentinos post partido, compañeros y, sobre todo, entrenadores de las inferiores lo abrazaban, felicitaban y elogiaban.
“La entrada del chico Maradona le dio mayor movilidad al ataque pero solo no pudo vencer la valla cordobesa. Maradona es un chico hábil pero no tuvo con quien tocar”, escribió Clarín al día siguiente. Claro que no había manera de saber que ese chico de rulos llevaría a Argentina a la gloria, o que sería goleador cinco veces del torneo local, o que revolucionaría Nápoles, o que se convertiría en el más grande de todos. Pero aun así los medios y los fanáticos eran capaces de reconocer algo especial. La Razón ahondó todavía más: “La entrada de un chico de quince años que hasta no hace mucho entretenía a los espectadores haciendo malabarismos con la pelota en los entretiempos y que se llama Diego Maradona tuvo mucho que ver, porque su atrevimiento se constituyó en el eje de su conjunto, destapándose para recibir y desequilibrar con su gambeta endiablada y metiendo pelotazos”.
Fue un día histórico y simbólico. ¿El menos contento después de ese 20 de octubre? Tal vez Rubén Giacobetti, quien quedó en la historia como “el que salió por Maradona”. Dijo tiempo después: “Montes me dijo que yo salía y me la tuve que bancar. A nadie le gusta salir, pero reconozco que esa tarde no me fue bien”. Sin embargo, también supo reconocer la calidad de su reemplazante y eso lo calmó: “Al menos tengo la tranquilidad de que quien entraba por mí no era un tronquito cualquiera”, diría. Siete partidos pasaron hasta que Maradona se ganó la titularidad en Argentinos Juniors. Nunca más salió. Fue goleador, 10 y figura hasta 1981 (anotó 116 en 116 partidos), cuando pasó a Boca. Más tarde, conquistó el mundo. Pero nunca olvidó su primera vez sobre el verde césped: “Siempre digo que ese día, futbolísticamente, toque el cielo con las manos”.

