Presenta:

Djokovic, íntimo: las cicatrices de la guerra, el Big 3, su relación con Maradona, Del Potro y lo que viene

Dio una entrevista en Belgrado y habló de todo: su infancia y la guerra, cómo quiere ser recordado, lo que lo sensibiliza. Elogios a Del Potro y a Argentina y la razón por la que juega al tenis.
Djokovic vendrá a Argentina y no se ahorró elogios para con nuestro país. Foto: @USOpen
Djokovic vendrá a Argentina y no se ahorró elogios para con nuestro país. Foto: @USOpen

No suele dar entrevistas tan largas e íntimas. Menos en Belgrado, la ciudad serbia en la que nació. Habla con periodistas seguido, es cierto, pero en general de lo meramente deportivo. O da declaraciones luego de sus éxitos y títulos (por ende, muy frecuentemente). Pero no abundan entrevistas suyas como la que le concedió en exclusiva a Sebastián Torok, periodista de La Nación, en el 25º piso de un edificio de su ciudad natal. Novak Djokovic, el más ganador de la historia del tenis, habló de todo. Reveló cuándo se enamoró del deporte, que cosas lo vuelven vulnerable, cómo se vive una guerra a los 12 años, cuánto influyeron en él Roger Federer y Rafael Nadal y cuál fue la época en donde juntó el “hambre necesaria” para ganar otro Grand Slam.

La intimidad de Djokovic: la guerra, su debilidad, la fundación

Su resiliencia se explica por su infancia. Djokovic creció en Serbia en plena Guerra de los Balcanes. “Nací en 1987, como Messi”, afirma, en un guiño a los argentinos. Y se sincera sobre cómo fueron esos meses en la década del 90 en los que a él y su familia los acechaba el temor. “Es un horror. Lo peor que alguien puede llegar a vivir. Es el temor a lo desconocido. No saber si la próxima bomba te va a caer en la cabeza”, dice. Insiste en que no le desea la guerra a nadie y que hay otras formas de ganar fortaleza mental, pero sostiene, en su caso personal, que aquello lo ayudó a madurar: “No sabíamos qué iba a pasar y llorábamos todas las noches. Mi madre se levantó en la oscuridad y se golpeó la cabeza contra el calefactor y quedó inconsciente. Así que son las 3 de la mañana y mi padre tiene a su esposa inconsciente. Yo, que tenía 12 años, y mis hermanos menores, de 8 y 4, llorábamos. Cundía un pánico total. Pero es una experiencia que nos fortaleció como familia, como personas”, revela.

Su testimonio de la guerra

Cuando le preguntan qué es lo que lo sensibiliza o vuelve vulnerable, no duda: “Los niños”, dice. “Incluso antes de ser papá”, reconoce. No por nada tiene desde hace 15 años una fundación, la cual preside su esposa Jelena, que trabaja con chicos en “la primera infancia”. Cuenta: “Cuando veo niños sufriendo me rompe el corazón, es como si entrara en depresión. Porque son los seres más puros del planeta y se merecen lo mejor, se merecen un futuro. Y cuando veo estas guerras y todo lo que está pasando… (...) Por eso, uno de los motivos más importantes por los que en nuestra fundación trabajamos con niños es porque queremos crear una sociedad mejor, tener una educación mejor”.

Con atisbos de historiador, explica que Belgrado es la ciudad europea que más veces fue destruida y reconstruida: 49. De ahí se forja su tenacidad y pasión, cree. Se atreve a comprar su país con Argentina: “Creo que los argentinos y los serbios somos parecidos, apasionados y con temperamento, energía, orgullo, alegría, en particular en los deportes”. No es capaz de olvidar su tumultuosa infancia y las sirenas que aturdían la ciudad. Pero quiere transmitir esperanza, luz: “Desafortunadamente, las heridas de la guerra están abiertas y todavía hay tensión, pero a través del deporte y de la filantropía hay una rendija que se abre, un espacio para que la gente se acerque más, para que sea más comprensiva y dispuesta a perdonar. Ese es el mensaje que siempre intento transmitir. Esas experiencias de los 90 siempre están conmigo, no se van, pero sigo adelante. No odio a nadie por lo que pasó y nunca voy a olvidar, pero pude perdonar y miro para adelante”.

Djokovic describió el oro olímpico como la experiencia "más emocionante" de su carrera.

Sobre tenis: cuándo se enamoró, el Big 3, su legado y lo que sigue

Es el más ganador de Grand Slam (24), de Masters 1000 (40), el que más tiempo fue número (428 semanas) y lo sabe. Pero pretende ser “más que eso”. Cuando le preguntan cuál le gustaría que fuera su legado, es honesto: “Me gustaría que mi principal legado fuera inspirar a los jóvenes a llevar una vida más sana a través de actividades, deportes, conscientes de lo que hacen, y obviamente, si puedo, alentarlos a que agarren una raqueta y jueguen al tenis…”. Y luego regresa al tema y completa: “Quiero ser un ejemplo… Me equivoco, como todos, soy un ser humano, pero al final del día quiero ser recordado como un buen amigo, un atleta que no solo ganó un montón, sino que uso eso, los resultados y el estatus, para ayudar a otros que estaban necesitados”.

Algo parecido dice sobre el padre que quiere ser para sus hijos Stefan (10) y Tara (7): “Es importante que me vean como un padre en el sentido real de la palabra, como un padre que está en casa, con ellos, que sigue la rutina, el momento de ir a la cama, de levantarse, llevarlos a la escuela, hablar con ellos sobre la vida, jugar con ellos. Esa es la persona que quiero ser para ellos, no el padre “Novak Djokovic” que está afuera”. Tal vez lo más revelador de la entrevista sea cuando confiesa qué fue lo que lo enamoró del deporte de las raquetas. Corría 1993 y Pete Sampras brillaba en el tour; Djokovic era un pequeño de 6 años. Pero algo lo inspiró: “Me enamoré del tenis cuando vi por televisión la final de Wimbledon con Pete Sampras, cuando ganó por primera vez, creo que fue en 1992 (en realidad fue en 1993), y yo me dije, “¡¿Qué es este deporte?!”. Y al día siguiente, claro: “Papá, cómprame una raqueta”, y así empezó todo”.

El Big 3 se adueñó de "la escena" durante dos décadas. (Foto: archivo)

La rivalidad entre Novak Djokovic, Rafael Nadal y Roger Federer ha sido única y tal vez irrepetible. El serbio lo sabe. Y sabe también cuánto han influido sus dos oponentes en el desarrollo de su cabeza y su juego. Se compara con “Messi y Ronaldo” y dice que los tres, así como los futbolistas, han compartido “el escenario” durante largo tiempo y que hubo años en que veía a Roger y Rafa “más que a su mamá”. Explica: “Ellos son mayores que yo, Rafa por un año, y Roger por seis. Y ellos influyeron en mi juego y en mi desarrollo como tenista más que ningún otro jugador”. Djokovic recuerda la espera que debió soportar entre su primer título de Grand Slam (Australian Open 2008) y el segundo (Australian Open 2011). Pero la pondera: “Esos tres años fueron fundamentales para mi desarrollo. Me dieron más hambre de ganar, especialmente a ellos dos (Nadal y Federer). Sabía que, si encontraba la manera de ser como esos tipos en los grandes partidos, y sabía que mucho de eso venía de aquí (la cabeza), en cierto modo podría descifrar la traba de los Grand Slams y empezar a ganar más”. Entiende que el tiempo es necesario para crecer y empezar a ganar, aunque bromea: “A algunos, como Alcaraz, no les lleva tanto tiempo, je”.

Su primer título de Grand Slam

Guiños a Argentina y Del Potro

El 1 de diciembre estará en Parque Roca, Buenos Aires, para una exhibición ante Juan Martín del Potro: “El último desafío”. Y se muestra entusiasmado y elogioso con el país que lo recibirá: “Sé que Argentina es uno de los países más lindos del planeta. Estuve en el Perito Moreno hace diez años. Es uno de los espectáculos naturales más hermosos que he visto”, dice. También recuerda nostálgico sus encuentros con Diego Armando Maradona. “Diego era un humano, una persona con muchas emociones, pasión por la vida. Con un gran corazón”. Y describe su muerte como un día muy triste para el mundo y el “deporte global”. Sobre lo que lo convocará, para homenajear a la Torre de Tandil, sostiene. “Estoy súper entusiasmado de estar en Argentina pronto y ser parte de la despedida de uno de mis amigos más queridos del mundo del tenis, Delpo. No puedo esperar estar con los argentinos y su pasión, a los que amo”.

El encuentro entre Djokovic y Maradona en Dubái, en 2013

Una de las últimas preguntas es la que muchos fanáticos del tenis le harían al serbio. “¿Qué más hay?”. Después de infinidad de éxitos… ¿qué lo motiva? Pero Djokovic es insaciable y lo deja claro de nuevo, a sus 37 años. “En mi interior siento que todavía tengo más Grand Slams por ganar”. El 2024 fue su primer año sin títulos mayores desde 2017. Pero eso no lo golpea; lo anima. Aún hay Novak Djokovic para rato: “¿Cuánto tiempo más? Viajar y encontrar motivación me cuesta cada vez más. No es fácil. Y menos con hijos. No quiero estar lejos de casa tanto tiempo, pero todavía tengo el impulso”.

Delpo y Nole volverán a verse las caras, en Parque Roca, el 1 de diciembre. (Foto: archivo)