El Clan mundialista que ya lleva 3 generaciones
Los Cóndores iniciaron su primera participación de la historia en un Mundial de rugby y cayeron en el debut ante Japón por 42 a 12 en Toulouse. Sin embargo, han dejado una gran impresión por el ímpetu demostrado, como si fueran una verdadera familia dentro del campo de juego.
En ese sentido, uno de los integrantes del equipo que dirige el uruguayo Pablo Lemoine bien sabe lo que es llevar el deporte en la sangre, y alcanzó el honor de representar a su patria como lo hicieron su abuelo, su tía y su hermana: se trata de Francisco Urroz, criado en el club Old Reds, quien ya había participado de un Mundial, pero en la modalidad de Seven, en San Francisco 2018 (NdR: allí ganaron el Bowl, la copa puesta en juego para el decimoséptimo puesto), pero ahora se hizo presente en la máxima cita de este juego en la versión de 15 jugadores, la más popular alrededor del planeta.
“Me siento muy feliz por estar en un Mundial, uno más de la familia con experiencia mundialista, lo que me pone muy orgulloso. Voy a vivir y aprovechar cada momento, tratando de llevar a Chile a lo más alto en este deporte” afirmó el jugador de 30 años, que pertenece a la franquicia chilena Selknam, y agregó: “nuestra familia fue parte importante desde chicos, jugábamos tenis, básquetbol y tenis, y después se me dio por el rugby. Era una constante practicar y mirar deportes, por eso probamos varias disciplinas y finalmente me quedé con el rugby, por lo que estoy muy feliz”.
La gran historia de la familia de internacionales mundialistas chilenos la comenzó el abuelo Francisco, quien nació en 1920 y se formó como futbolista en el club Unión Española, al cual llevó a ganar su primer título de primera división como capitán, en 1943, y también defendió la camiseta de Colo Colo. Sus destacadas actuaciones lo catapultaron hacia “La Roja”, donde disputó 11 partidos y formó parte del Mundial 1950 que se realizó en Brasil y que tuvo en su definición a uno de los momentos épicos en la historia del fútbol: el “Maracanazo”, cuando Uruguay se coronó tras vencer a los locales por 2 a 1. En este certamen, Chile formó parte del grupo 2 junto a España e Inglaterra, ante los que cayó por 2 a 0, y Estados Unidos, al que derrotó por 5 a 2 e Recife.
Por su parte, la descendencia continuó con éxitos deportivos de la mano (y la raqueta) de tía Silvana, quien con el tenis se convirtió en la mejor jugadora profesional de la historia de Chile, llegando a ocupar el puesto 117 del ranking mundial. En su destacado recorrido, participó de Wimbledon, Roland Garros y el Abierto de los Estados Unidos, además de haber representado a su país en la Copa Billie Jean King (actualmente rebautizada “Fed Cup”) durante dos temporadas, en 1977 y 1978: en este último torneo lideró a su seleccionado hacia los octavos de final, la mejor posición de su país hasta el momento, donde cayeron ante Países Bajos.
En tanto, y llegando a la generación actual, su hermana Manuela se transformó en una de las grandes figuras del seleccionado de hockey trasandino que dirige Sergio “Cachito” Vigil, y que en 2022 obtuvieron la histórica clasificación a la Copa del Mundo que se disputó en Países Bajos y Bélgica, finalizando en el puesto número 13 luego de vencer a Irlanda y Sudáfrica, dos rivales superiores en ranking y con más experiencia en este tipo de competencias. Además, este mismo año “Las Diablas” se llevaron la medalla de oro tras derrotar a Las Leonas en el Sudamericano de Asunción.
“Tenemos historias muy inspiradoras dentro de la familia, como la de mi abuelo y mi tía. Crecimos viendo y practicando distintos deportes junto con ‘Pancho’, pasábamos horas en el patio de la casa jugando y compitiendo”, confesó la atacante, y agregó sobre la participación de su hermano en el Mundial: “estamos muy orgullosos de verlo cumpliendo un sueño y haciendo historia con ‘Los Cóndores’. Vivimos el proceso junto a él y sabemos lo que significa estar ahí. Para ambos haber podido estar presente en el primer Mundial de nuestros deportes es un honor. El año pasado el no pudo ir a acompañarme porque se jugaba la clasificación, pero a la distancia siempre sentí su apoyo. En esta oportunidad podré ir algunos días y estoy muy feliz”. Y cerró con una teoría familiar: “¡Creo que el deporte va en el ADN!”.
Por Patricio Hernández*


