Presenta:

Panchito Bahamonde: "Saber hasta dónde hubiese llegado es una duda que me va a quedar para siempre"

El todavía tenista mendocino Panchito Bahamonde, a sus 26 años, contó en un mano a mano con MDZ la influencia negativa de los primeros puntos ATP que consiguió con tan sólo 14 años. Además, habló de la pregunta que le quedará por el resto de su vida: "¿Hasta dónde hubiese llegado como profesional?".
Foto: Rodrigo DAngelo / MDZ
Foto: Rodrigo D'Angelo / MDZ

La vida como tenista profesional de Francisco "Panchito" Bahamonde pegó un giro de 180 grados a sus 20 años. En ese momento, era uno de los jugadores argentinos con mayor proyección y decidió no competir más. No llevaba la vida que quería, no se sentía cómodo, no quiso soportar la presión y "colgó la raqueta". Tuvo, a esa edad, la fortaleza y la madurez para tomar una decisión que hasta su círculo más intimó debió entender y asimilar.

Con el apoyo absoluto de su familia, se quedó en la provincia y comenzó a estudiar Ciencias Económicas. Y, con la mis facilidad que tenía para desenvolverse dentro de una cancha de tenis, transitó el cursado en la Universidad de Mendoza y se recibió de contador público nacional. 

Hoy, a sus 26 años y alejado del circuito ATP, encontró el equilibrio y, básicamente, la vida que quería: sigue jugando al tenis, -en Mendoza cuando está en la provincia, y en torneos en Europa representando a clubes de Italia y de Alemania, tres meses al año- y, además, buscando su lugar en el mundo de los negocios.

- ¿Cómo estás, Panchito?
- Estoy muy bien, muy tranquilo. Hace ya varios años tomé una decisión bastante complicada, que fue dejar profesionalmente el tenis, empecé a estudiar y me recibí de contador y ahora buscando un mix entre estar acá en Mendoza, que es lo que quería y lo que elegí y seguir jugando al tenis. Hoy por suerte estoy donde quiero estar y como quiero estar.

- En tu cuenta de Instagram dice que sos, "Ex tenista en proceso", ¿a qué te referís? Imagino que hay algo de humor también en esa descripción.
- Sí, sí... es como para describir que dejé de competir profesionalmente, pero todavía me sigo entrenando de manera muy similar a la que me entrenaba cuando jugaba, hago temporada todos los años en Europa y me preparo de la misma manera que cuando jugaba torneos profesionales. También alguna que otra vez juego torneos profesionales, o compito con jugadores que todavía están en el ránking. No estoy haciéndolo en el día a día pero de vez en cuando aparece un poco lo que fue mi vida de tenista.

- Si volvés el tiempo atrás, ¿volverías a tomar la misma decisión?
- La verdad que sí. En ese momento no estaba pasándola bien, lo sufría muchísimo, era inviable continuar de la manera en la que venía, y también estoy muy contento hoy con lo que he logrado acá, con las cosas que estoy viviendo y con la vida que elegí. Hoy me siento completamente tranquilo, que era algo que no me pasaba en ese momento, a pesar de los buenos resultados tenísticos y que todo era genial, pero yo no la estaba pasando bien y al fin y al cabo eso no tenía ningún tipo de sentido.

- Tuviste mucha fortaleza para tomar una decisión de ese tipo...
- Tenía 20 años y era un momento complicado. Era muy chico, pero la verdad, por la vida del tenista, no es lo mismo que los 20 años de los que recién están empezando a estudiar, o está tomando otro camino. La primera vez que yo viaje solo a Europa fue con 14 años. O sea que a los 20 ya llevaba 6 años de carrera, siendo profesional, entrenando doble turno, haciendo todo para estar en condiciones de competir contra los mejores. Entonces fue un desgaste muy grande de 6, 7 años, una presión enorme, entonces llegó un momento en que no la aguantaba más, empecé a tener un montón de problemas en el día a día, como por ejemplo, le había tomado mucho miedo a los aviones, entonces ya eran impedimentos más allá de lo que era el tenis, y se me hizo muy complicado seguir. Intenté de todas las maneras, trabajé con psicólogos, busqué ayuda por fuera, pero la verdad era que yo tenía una decisión tomada de querer estar mucho más tiempo en mi casa, de dejar de perderme cosas que había perdido, pero al fin y al cabo terminé tomando la decisión de dejar de competir profesionalmente porque no lo podía seguir manteniendo en el tiempo, era muy difícil para mí el día a día.

Panchito, en acción. Foto: Instagram Panchito Bahamonde.

- ¿A veces te ponés a pensar en que hubiese sido de tu carrera si continuabas como tenista profesional?
Esa es la pregunta que me va a quedar para siempre. Con la mayoría de los chicos que hoy están arriba, en los primeros puestos, compartí la etapa de juveniles entonces tengo un parámetro más o menos. Yo estaba en ese lote de los buenos jugadores, compitiendo todas las semanas por los torneos y hoy ellos están arriba en el circuito, porque hoy hay un cambio generacional y hay un cambio en los primeros puestos, después de Federer y demás. La verdad esa es la duda que me va a quedar: “Hasta dónde hubiese llegado o que hubiese podido ser en el tenis a nivel ATP”. Pero la realidad es que además de tener condiciones tenísticas, la parte mental juega un papel muy importante y a mí no me acompañó en ese momento y tuve que tomar la decisión.

- De todas maneras estuviste muy fuerte mentalmente como para tomar esa decisión siendo tan chico... 
- Sí, sí, fue una decisión muy difícil de entender sobre todo desde afuera, porque estaba en mi mejor ránking, jugando mi mejor tenis, con todas las puertas abiertas, y estaba como para seguir subiendo. No fue en un momento malo, en el que los resultados no acompañaban. Fue todo lo contrario. Era mi mejor momento pero no lo podía seguir manteniendo. Fue una fortaleza enorme porque nadie lo entendía, incluso dentro de mi familia. Era complicado entender, todos no entendían y me decían “cómo puede ser, estuviste 6 o 7 años luchando por el momento en el que estás ahora y cuando llega no querés saber más nada. Fue algo muy personal, que yo sentía muy adentro mío, que me impedía ser feliz y estar tranquilo conmigo y la verdad que fue una gran decisión, muy difícil sobre todo porque me alejó de algunas personas, e incluso me complicó conmigo mismo, porque no dejaba de pensar si era la decisión correcta, porque no dejaba de tener 20 años y toda la vida por delante, pero la verdad hoy te digo que fue una gran decisión y estoy muy tranquilo y contento cómo me encuentro hoy.

- Ganaste tus primeros puntos ATP con 14 años. ¿Qué significó en su momento? 
- Creo que fue el primer aviso de lo que se venía. Por ahí no estaba preparado en ese momento para ganar los puntos ATP. Era muy joven, era una locura con esa edad poder ganarlos. Fue el primer aviso de lo que se venía, porque empezás a tener muchas más miradas encima que hasta hacía meses no las tenía, seguía siendo un chico normal y de repente, con 14 años ya tenía muchas más miradas encima, comparaciones con tenistas que en ese momento estaban mucho más arriba de lo que estaba yo o ya habían hecho su carrera y yo ni siquiera terminaba de formarme como jugador y como persona. Se venía una presión o ya se hablaba de otra manera cuando se mencionaba mi nombre, no de la misma manera en la que se hablaba antes. Iba a empezar a tener que saber jugar con la presión de ser siempre favorito, tener que ganar juegue contra quien juegue, todo mi día a día iba a tener que ser casi perfecto para lograr este tipo de resultado y fue realmente de esa manera. Hoy con el diario del lunes lo miro y creo que no estaba preparado. Fue un sorteo favorable, muy buenos partidos míos, y se armó un boom que con el tiempo me generó una presión que en ese momento no era la que me correspondía.

- Y ahora, ¿cómo lo vivís, cómo lo sentís?
- Ahora lo disfruto más, pero sigo sintiendo la misma presión. Por ahí entro a jugar con alguien que tiene ránking ATP, que está 300 o 400 del mundo y por dentro siento que tengo que ganar. Eso no se me va a ir nunca. Creo que eso es lo que me hace competir a un nivel alto todavía, sino es más difícil. Ahora disfruto más lo que es la vida fuera del tenis. Antes me costaba mucho separar la vida tenística de la extra tenística, incluso estando en torneos o en lugares divinos, por ahí no quería salir a caminar, no quería hacer nada para no cansarme, para el otro día estar bien, cosas bastantes complejas que ya eran más una locura. Hoy esa parte la disfruto mucho más. Me doy cuenta de que si salgo y camino un poco y me tomo una gaseosa, no me va a pasar nada al otro día. No es que voy a rendir menos o voy a estar cansado o no voy a estar preparado para ganar el partido. He aprendido a disfrutar muchísimo y este año lo estoy disfrutando todavía más que años anteriores.

- Me da la sensación de que, cuando sos profesional, la "otra vida" directamente no la tenés...
- El tenis es un deporte que exige mucho, tanto a nivel físico, mental y técnico. No es un deporte en el que te puedas relajar en algún momento. Nosotros competimos todas las semanas del año, no hay semanas libres, no suelen haber días libres y todos los días la exigencia es al máximo porque uno nunca sabe: por más que ayer jugué muy bien, le pegué un par de veces bien, pero al ratito ya le estoy pegando mal y otra vez volvemos a estar en problemas. Por eso digo que la exigencia es constante, es día a día y eso lleva a que los niveles de perfeccionismo se eleven cada vez más y estemos en busca de eso. Creo que en ese momento yo me pasé un poco de vuelta y al final me terminé generando un montón de presión al momento de competir, que por un tiempo la manejé muy bien y me llevó a ser autoexigente conmigo y a sacar el máximo de mí, pero me terminó jugando en contra y toda esa bola que se armó, explotó y ya no hubo vuelta atrás.

- Cuando hablás de presión, ¿a qué te referís concretamente?
- Yo creo que es más interna que externa. Es cierto que hay una presión externa de la gente que te rodea, de la gente que entiende del deporte, empezás a salir en los diarios, se habla de vos, que se mencione tu nombre, que se te compare, en el caso del tenis, con Del Potro, con Nalbandian y eso a uno le genera cosas. En el tenis, para poder estar bien tenés que estar al 100% pensando en tenis, enfocado en tenis, en tu cuerpo, en tu cabeza, no hay un detalle que se pueda dejar pasar y eso me generó una presión permanente con una edad temprana. Creo que al final el que termina jugando en deportes de alto rendimiento y sobre todo en el tenis, termina siendo el que mejor maneja esas presiones. En un momento a mi me ayudó a llegar muy arriba, fue una parte muy importante, porque yo siempre sentía que tenía un plus extra en los momentos más difíciles, no era de sentir ese miedo a ganar o perder que suelen sentir muchos tenistas, pero al final me terminó jugando en contra toda la presión que yo me ponía. Yo quería llegar muy arriba y no entendí que el proceso era más largo, incluso que los paso que estaba dando eran bastante grandes y estaba andando muy bien.

- ¿Cómo es tu año hoy, tu agenda?
- Voy mezclando un poco. Lo que más tranquilo me deja es tener ese equilibrio. Hice un montón de cosas por el tenis, le dediqué un montón de años de mi vida, hice un montón de esfuerzo y al final me estaba quedando sin nada, que fue lo que me pasó el primer año que dejé. No toqué la raqueta, no quería verla, nada, me había enemistado totalmente y al tiempo me di cuenta de que no, de que la raqueta era parte de mí y sigue siendo mi mejor amiga. Hoy encuentro ese mix de estar tres meses en Europa, en donde juego para clubes de Italia y de Alemania, y entre semana juego torneos por mí, como lo hago acá en Mendoza, y el nivel sigue siendo muy alto, sigo jugando con chicos que están en el ránking ATP, o sea que por tres meses me vuelvo a sentir tenista, y después, cuando vuelvo a Mendoza cambio totalmente de vida. Me recibí de contador, tengo un emprendimiento gastronómico, tengo dos caras permanentemente y la verdad que está buenísimo porque me da aire para las dos cosas. Cuando estoy acá, extraño la parte de tenista y cuando estoy jugando y me empiezo a saturar vuelvo para acá y cambio totalmente de aire.

Panchito, en la redacción de MDZ. Foto: Rodrigo D'Angelo/MDZ

- Encontraste el equilibrio que buscabas...
Sí, lo conseguí, y además año a año voy aprendiendo un montón de cosas. Este año pensé muchísimo en la famosa frase: “No llegaste a ser tenista”. Y uno se queda pensando y se pregunta: ¿Cómo no llegaste? Tengo 26 años, todavía vivo del tenis, viajo todos los años a Europa, a lugares divinos, y si me pongo a pensar y me freno dos segundos, digo: “No se si no llegué”. Para mi forma de ver, llegué hasta donde quise, logré lo que quiero, eso me permite vivir como quiero, no me falta nada, me abrió un montón de puertas, aprendí idiomas, el emprendimiento que tengo acá es en mi club de toda la vida, entonces, todo fue gracias al tenis y sí llegué, de la manera que quise. No estoy compitiendo día a día, no estoy en los primeros puestos del ránking, pero en mi manera de ver la vida, en lo que yo quería como estilo de vida, está más que logrado.

- ¿Cómo fue que decidiste estudiar Ciencias Económicas?
- Creo que ese fue el momento más difícil de mi vida, porque fue justo cuando había dejado de jugar al tenis y en ese momento sí que era tenista y nada más. No sabía nada, ni a dónde ir a preguntar qué carreras existían porque no lo había tenido ni en cuenta, yo sólo apuntaba a jugar al tenis y ese era mi futuro y era lo que la gente esperaba de mi también. Fue arrancar de cero porque tampoco tenía la costumbre del estudio. Empecé a investigar, siempre me gustó el mundo de los negocios y pensé que siendo contador me iba a ayudar un poco más que eligiendo otras carreras. Creo que el tenis me ayudó muchísimo por la constancia, la regularidad y la entrega que te da el tenis. En el tenis, si uno no hace las cosas para uno, nadie lo ayuda, y en la facultad lo pude aplicar permanentemente y se me hizo muy llevadero y no lo sufrí para nada. El deporte te da una rutina, una constancia, un sacrificio que uno por ahí en la escuela no la tiene. Yo de los 14 años realizaba una actividad profesionalmente en la que si yo, día a día, no daba el 100, al otro día iba y perdía con cualquiera. En la facultad me pasó algo similar. Yo entendía que iba por mí, que no estaba haciéndole un favor a nadie y que mientras antes terminara era mejor y lo fui llevando de esa manera y cuando quise acordar ya tenía el título en la mano. Fue algo muy lindo.

- ¿Cómo ves el presente del tenis de Mendoza?
- Es un momento complicado, no estaría dándose el recambio que siempre hubo en el tenis de Mendoza, que yo me acuerdo haberlo vivido cuando empecé a jugar torneos de primera. Me encontraba con chicos que todavía estaban compitiendo a buen nivel. Hoy esos chicos no están y tampoco se ve en las categorías infantiles chicos como en aquel momento que había camadas de 10 o 12 jugadores por categoría que tenían un nivel muy alto. Es verdad que es un deporte muy costoso, individual, que para viajar se necesita un montón de plata y cada vez hay menos apoyo por afuera. Es complicado para una familia afrontar los costos de un tenista y eso se ve reflejado en el poco nivel que está teniendo Mendoza en general. Creo que es algo que pasa a nivel nacional, aunque es verdad que Argentina no deja de sacar jugadores, pero uno no entiende cómo porque no está ese apoyo que sí existe en Europa. Pasa un poco por ese lado. Soy el primero que quiere que Mendoza tenga buenos tenistas para poder tener un poco más de nivel en el circuito.

La entrevista completa