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El legado que deja Estefanía Banini tras anunciar su retiro

La mendocina confirmó que, tras la Copa del Mundo 2023 de Australia-Nueva Zelanda, dejará la Selección argentina. Una marca registrada.

Basta con hacer un poco de memoria (Wikipedia es un aliado, en caso de que los recuerdos anden flaqueando) para dimensionar lo que ha logrado Estefania Banini en su tremenda carrera. A nivel del clubes, Cementista, Las Pumas, Colo-Colo, Washington Spirit, Valencia, Levante y Atlético de Madrid. Con la Selección, cuatro copas América de mayores y dos mundiales, el último, a horas de levantar su telón y encender las luces.

Es justamente ese estreno ecuménico de Australia-Nueva Zelanda 2023 el que tendrá un sabor distinto para Banini, quien confirmó que tras una nueva batalla vestida de celeste y blanco dará las hurras tras pelearla siempre contra viento y marea. Estuvo ausente por levantar la voz y pelear por los derechos de sus compañeras, por intentar que la Selección crezca en varios aspectos que no son solo noventa minutos de un partido y le cortaron las piernas, dejándola afuera del proceso que desembocó en Los Juegos Panamericanos de Lima 2019. No pudieron con su cabeza.

Capitana y referente, Banini va por su última función.

Estefanía Banini fue la voz para que el crecimiento sea posible, con el respaldo de su tremenda carrera como capa y su experiencia de espada. Se bancó la ausencia y siguió adelante, mordiendo el polvo durante casi tres años de estar mirando a su querido país desde afuera, demostrando en sus equipos que el talento es inagotable. Esa equidad que merece el femenino, y que ojalá algún día termine de ser cierta, ha sido el motivo por el qué luchar, y si bien quizás ella no esté para verlo en un futuro, será parte de esos cimientos que asentó para que el sueño deje de ser una utopía.

Ahora, ya del lado que realmente merece, la mendocina puede saberse tranquila de haberlo intentando todo. Y acá no hace falta enumerar los logros ni los títulos que descansan en su vitrina, tampoco los campeonatos disputados ni los sellos que tiene su pasaporte. Banini sabe que puede irse en paz porque el sendero está un poco más claro y se encamina, obviamente con mucho por mejorar todavía.

Y el adiós será dentro de la cancha, su lugar en el mundo, del lado que merece la magnitud de su figura. Después de tanto trajinar, de jugar con varones cuando era una nena que corría arriba de la baldosa en Cementista y de gestar una carrera única, aún contra todos los que le tiraron para derribarla, será momento disfrutar. O al menos intentarlo.