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Anita Ontiveros: "Mucha gente me decía "soñá, pero no va a pasar""

La jugadora mendocina de futsal, Anita Ontiveros, habló de su carrera profesional en un mano a mano con MDZ. Sus sueños de pequeña, el esfuerzo, el camino que la llevó a España, el presente y el futuro, en esta charla que se dio previo a su regreso al Viejo Continente para seguir gritando goles.
Anita Ontiveros, en la redacción de MDZ. Foto: Rodrigo DAngelo / MDZ
Anita Ontiveros, en la redacción de MDZ. Foto: Rodrigo D'Angelo / MDZ

Anita Ontiveros es sinónimo de futsal. La jugadora mendocina, que supo ser elegida como la mejor en un Mundial de la disciplina y que disfruta de un presente espectacular en España, "vive y respira fútbol", como ella misma confiesa. Creció, en Guaymallén y junto a sus 4 hermanos, jugando a la pelota. A sus 8 años ya soñaba con ponerse la camiseta de la Selección argentina y con poder convertirse en profesional. Y lo logró.

De paso por Mendoza tras una larga temporada en Europa y en la previa del regreso para afrontar otro año más como futbolista profesional, descansa y hace un repaso, en esta entrevista, de todo lo que vivió como deportista. Sus sueños, sus comienzos, su presente, su futuro, el camino que la trajo hasta aquí y todo lo que significa el fútbol en su vida, en este mano a mano con MDZ.

- Hace 6 años, en una entrevista que tuve la posibilidad de hacerte me dijiste que vivías y respirabas fútbol todos los días de tu vida. ¿Sigue siendo así?
Creo que sí, y ahora es más extremo porque vivo de esto, porque en Europa me dedico única y exclusivamente a jugar al fútbol. Si bien me estoy formando y haciendo cursos, todos están relacionados con el fútbol. Así que 24 horas fútbol.

- ¿Cómo es para una mujer estar viviendo del fútbol?
Yo hoy estoy muy contenta. A mi criterio tardó en llegar. Yo ya estoy bastante grande. Hoy las chicas más jóvenes tienen las puertas mucho más abiertas, la oportunidad de llegar a jugar en Europa o irse a jugar a Buenos Aires, o en otro país en Sudamérica. Es increíble como ha crecido la disciplina. A mi me hubiese gustado que todo esto hubiese llegado un poquito antes. No me quejo, lo estoy disfrutando mucho. Creo que las cosas llegan cuando tienen que llegar. En mi caso a lo mejor necesitaba crecer y madurar como deportista y como ser humano. Estoy muy contenta con el crecimiento y con lo que todavía queda.

Anita, con la camiseta de la selección argentina.

- Repasemos un poco lo que fue tu carrera desde el comienzo…
Arranqué en Laverriere, en Las Heras. Recuerdo que en el equipo donde estaba eran todas personas grandes, yo tenía 14 años. Había tres jugadoras de la misma edad, una de 15 y el resto 27, 28, 30 y una jugadora tenía 50 años. Era una locura. Y ahora veo que las mismas niñas en FEFUSA tienen su propia liga, y eso de jugar con las chicas de tu edad está bueno. Después fui a Huracán Las Heras, después me fui a Chile a jugar un año. Ahí aprendí mucho. El club lo hacía de manera profesional. Tuve que volverme por situaciones personales y me fui a Cementista y a Gimnasia, donde gané dos títulos locales. Ahí era constantemente cambiar el chip de jugar futsal a jugar fútbol en cancha de 11. Te cansaba un poco ir de un lado a otro, coordinar los días de los partidos y ahí tuve que elegir por uno. Y después fui a Brasil. Fui primero a jugar la Copa Libertadores para un equipo paraguayo y el club que salió campeón me llamó para jugar la próxima temporada.

- Cuándo empezó a llegar todo esto, ¿en qué pensabas?
- Yo me acuerdo que mi hermano me llevaba en bicicleta a entrenar. Yo vivo en Guaymallén, y de ahí a Laverriere, una hora todos los días, mi hermano pedaleando hasta allá para llevarme, con frío, con calor, con lo que sea. Y después, no podía creer que había llegado. La verdad pensé que iba a tardar mucho más. Y cuando me fui a Brasil estaba feliz, pero me dio un poco de miedo, porque salía de mi zona de confort. Enfrentarte a otra realidad, otro idioma, otro país, otra cultura y decís: ‘¿Qué voy a hacer yo ahí?’. Pero la verdad que lo disfruté bastante y eso me incentivo para decir: ‘Puedo llegar a donde quiero’.

- ¿Y el presente?
Estaba en Canarias (España) y ahora me voy a Galicia, a un equipo que se llama Castro. En Canarias llevo casi tres temporadas y súper bien. Un club espectacular, súper serio, la gente es súper amable, lo que necesites están atentos. Es un club serio que trabaja muy bien el fútbol sala, sobre todo el femenino. Porque tiene solamente inferiores masculinas y primera sólo tiene femenino. Entonces le da bastante importancia al femenino. Ahora paso a un equipo que está en Primera División, es nuevo, acaba de ascender, pero tiene buenas jugadoras y hablando con la gente del club, los dirigentes, la idea es permanecer en la categoría e intentar luchar de mitad de tabla para arriba. Vamos a ver qué pasa. No conozco mucho, sólo dos o tres jugadoras, he hablado con el técnico, una persona muy amable y del proyecto me ha dicho que está muy bueno.

- ¿Qué significa vestir la camiseta de la Selección argentina?
Con la selección de la CAF jugué dos mundiales, Sudamericanos, Eliminatorias, y ahora estoy en la selección de AFA. La primera vez que vestí la camiseta de la selección fue en un Mundial. Se hizo una concentración en Mendoza. Después viajamos a Rosario y de ahí a Colombia donde se hizo el Mundial, en 2013. Yo no caía hasta que entramos al vestuario y nos sacamos una foto y ahí entendí que tenía la camiseta de la selección y que iba a representar a la Argentina. La verdad es que cada vez que te ponés la camiseta de la selección es orgullo, es amor por los colores. Es muy difícil dormir la noche anterior. Ponerte la camiseta es esos nervios, ese cosquilleo en el estómago, pensar que estoy representando a miles de jugadoras, que tengo que hacer las cosas bien. Es representar a un país, a millones de personas en otro lugar en el mundo. A mí se me pasan miles de cosas por la cabeza: cuando empecé a los 14, o cuando jugaba a los 8 con mis hermanos, cuando soñaba con jugar en la selección y ahora, después de tantos años, lágrimas, sudor, poder decir que lo he logrado. A esa edad y como se veía el fútbol en ese momento, era impensado llegar a jugar en la selección, a Europa, a poder llegar a vivir de esto. Soñá, pero no va a pasar. Había mucha gente que me decía eso. Estudiá porque el fútbol nunca te va a dar nada. Y el deporte si te da mucho.

En este mano a mano con MDZ, la jugadora mendocina no se guardó nada. Foto: Rodrigo D'Angelo / MDZ

- Tenés 33 años, ¿hasta qué edad te ves jugando?
Por mí, hasta los 40. Hasta que el físico dé. Pero no te voy a negar que a esta edad ya hay que empezarse a cuidar más, la comida, y demás, y el físico empieza a pasar factura porque vienen las jóvenes cada vez mejor físicamente.

- ¿Qué hay que tener para ser un deportista profesional?
Una de las palabras que a mí me gusta mucho es “perseverancia”. Podés fallar mil veces, podés levantarte y no tener ganas de entrenar, pero si realmente querés lograr algo es pelear, pelear, seguir entrenando. Y cuando las cosas están más difíciles es cuando más ganas hay que ponerle, más actitud, más tenés que entrenar. Creo que es la perseverancia y las ganas. El talento lo puede tener cualquiera, pero hay que tener ganas, responsabilidad y paciencia para entender que el momento va a llegar. En mi caso, recién la gran oportunidad se me vino a presentar hace tres años, tenía 30 años. Ya uno pensaba que estaba mayor, que ya no iba a poder jugar, que no me van a querer. Pero el momento llega y sobre todo cuando uno está preparado como deportista.

- Ya cumpliste el sueño de jugar en Europa, ¿te queda alguno?
- Sí, jugar este mundial que va a oficializar la FIFA. Con eso yo creo que ya está. Puede ser el año que viene, o el otro. Esperemos que no pase mucho tiempo.

- Hace 6 años me dijiste que el fútbol estaba casi al nivel de tu familia. ¿Sigue siendo así?
Sí, pero porque tengo el apoyo de mi familia. De hecho en un momento me planteé “qué voy a hacer tan lejos”, cuando me tocó cruzar el charco. En Brasil me tomaba un avión y estaba acá en unas horas. Pero ahora, en Europa, lo pensaba, pero mi mamá fue la primera que me dijo andá, cumplí tu sueño, nosotros vamos a estar siempre acá y a tu casa vas a poder volver cuando quieras. Nosotros te apoyamos siempre y si es tu sueño, tenés que hacerlo. Mi familia me ha demostrado el apoyo y me banca en poder hacer lo que a mi me gusta. Sigo respirando fútbol y lo sigo sintiendo de la misma manera que cuando era chiquita, incluso, estoy un poco más obsesiva.

La entrevista completa