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Luis García: ”El objetivo para Maipú cambió y ahora es ser campeón”

El joven DT del Deportivo Maipú, Luis García, tiene clarísimo para que está su equipo y se anima a todo, como en su vida. En este mano a mano con MDZ, el entrenador cruzado respondió, en una extensa charla a todas las consultas, sin pelos en la lengua. Y habló de fútbol, lo que más sabe.
Luis García, en la redacción de MDZ. Foto: Rodrigo DAngelo / MDZ
Luis García, en la redacción de MDZ. Foto: Rodrigo D'Angelo / MDZ

A sus 35 años, Luis García, el "muchacho soñador", como él mismo se define, empieza a darle forma a un presente y a un futuro por el que tanto luchó. Su deseo de "pertenecer" ya parece haberse consumado y ahora el desafío para él es mantenerse. Y de a poco va haciendo los deberes para conseguirlo también, a base de trabajo, capacidad, profesionalismo, humildad y, sobre todo, resultados positivos. Y de la mano del Deportivo Maipú, hoy, su casa.

El mano a mano con MDZ se extendió por más de 45 minutos. Y podrían haber sido muchos más. Porque Luis no esquiva una pregunta, responde con claridad a todo, ya sea sobre su vida personal o su trabajo como entrenador. 

Desde la campaña de su equipo, pasando por sus comienzos y esta oportunidad en la segunda categoría del fútbol argentino, hasta sus miedos y sus sueños como profesional, en esta charla.

Luis García, dirigiendo al Cruzado. Foto: Rodrigo D'Angelo / MDZ

- ¿Cómo estás? ¿Cómo vivís este momento personal y del Deportivo Maipú?
- Bien, la verdad que maravilloso, obvio que lo deportivo ayuda, los resultados. Recibir tanto cariño en tan poco tiempo de la gente, que se sientan tan representados, me llegan muchos mensajes. Eso por un lado me hace sentir muy cómodo, lo dije desde el día uno, sentí que llegué al lugar indicado para mi plataforma de trabajo y después, en cuanto a la provincia, un lugar realmente hermoso para vivir, para disfrutar en familia, como me está tocando hacerlo. Y conociendo, cada vez que me dan los tiempos, de cómo se vive en Mendoza, que creo que eso también es importante para poder desarrollar el trabajo de uno.

- ¿Imaginabas este presente del equipo?
- Imaginábamos que íbamos a pelear, que íbamos a ser un equipo competitivo, que iba a dar batalla. Después, a medida que fueron pasando las fechas, tomamos muchísima confianza, sobre todo cuando salíamos de visitante y no recibíamos goles, porque eso nos permitía sumar, de a tres, de a uno, y así el equipo se fue soltando. Creo que desde lo grupal estamos haciendo algo muy interesante y eso se ve reflejado en los resultados. Sobre todo lo grupal, lo que es el equipo, el grupo, por los viajes, no hay excusas, en cuanto al campo de juego, a los rivales, a las sesiones de entrenamiento. Y me parece que todo eso va llevando a que un equipo termine peleando arriba. A veces es esa inconsciencia de estar en el lugar que nos toca por lo bien que la pasamos. Siempre una sonrisa, siempre con alegría, donde nos toque trabajar. Si siento que es soñado el lugar donde estamos, el haber estado por primera vez primeros en la historia de la institución, la gente te lo hace saber. Creo que de a poco vamos escribiendo historia y eso es importante para los chicos. Yo disfruto del presente. Dirigirlos a ellos es un placer.

- ¿Has logrado sentirte muy identificado con el club?
- Sí, porque Maipú es una gran familia. Creo que se ve reflejado en lo que somos nosotros como equipo, porque vos sabés que la gente que está trabajando está dando el máximo y no hay excusas. Si te dicen que no es porque realmente no se puede y uno ve que no se puede, no es que te están mintiendo. Entonces uno también tiene esa compatibilidad con el laburante. En el predio, en el estadio, es todo a pulmón, en los viajes, y en definitiva te vas acercando, por maneras, por formas de vida. Y el hecho de recibir el cariño de la gente lo hace un mucho más. Para mí, que es mi primera experiencia como entrenador, fuerte, realmente es muy lindo. Que mi hijo pueda compartir estas cosas, que vaya al club, que cante las canciones de Maipú todo el día, creo que tiene un plus y realmente me siento identificado y, sobre todo, orgulloso de estar a cargo de este proyecto.

- ¿Con qué club te encontraste cuando llegaste a Maipú?
- Me encontré con un club que tenía una ilusión muy grande de poder crecer cuando vine un año antes. Y cuando volví me encontré con un club totalmente distinto: la cancha, el pasto, 10 puntos, el predio, los riegos, el sintético, el gimnasio, la oficina. En esas pequeñas cosas decís, ‘que bueno haber llegado acá’, porque en definitiva eso es lo más importante para la plataforma de trabajo de uno, que uno pueda trabajar tranquilo. Me encontré con un club que crece a pasos agigantados. No sé si Maipú va a ascender este año, pero por hacer bien las cosas se le va a terminar dando.

- ¿Cuál va a ser la clave para continuar en lo más alto en esta segunda rueda?
- Continuar con lo que venimos haciendo y, obviamente, bajar el margen de error. Hasta la fecha con Madryn éramos uno de los tres equipos con menos goles recibidos en todo el Nacional B, y de golpe nos comenzaron a convertir. Entonces tenemos que volver a tener ese arco en cero, que es lo que te permite sumar siempre, de a tres o de a uno. Y sobre todo, porque genera confianza para los de arriba, porque somos un equipo que se caracteriza por errar goles, porque somos de los que más generamos. Eso es bajar el margen de error en el campeonato. Pero estoy orgulloso de lo que somos como equipo y la verdad, sin tantas herramientas, el objetivo ya cambió. Antes era entrar al reducido y ahora es ser campeón. Por lo que somos como equipo, pero las herramientas siguen siendo las mismas. En definitiva dependerá del espíritu de cada uno de nosotros por querer pelear. Porque cuando nos queramos comparar con los rivales, en cuanto a economía, en cuanto a comodidades, en cuanto a recursos, va a ser imposible. Pero nadie nos va a quitar la ilusión porque por algo estamos donde estamos.

- Hablando sobre tu carrera, sobre lo personal y para que la gente te conozca más… ¿a quién contrato Maipú?
- A un soñador, a un muchacho que pelea por sus sueños, que se la juega. Que trata de ser buena gente por sobre buen entrenador. Creo que en definitiva es lo que quiero que me caracterice, el ser cercano al jugador, a la gente, a la gente que trabaja en el predio para nosotros, de no sentirme más que nadie, jamás voy a estar por encima de un jugador, o de nadie que trabaje por el club. Trato de que todos se sientan en la misma sintonía, y desde ese lado, darle un plus. Y desde lo deportivo, he aprendido muchísimo con los grandes profesores que he tenido. Fueron muchos años esperando esta oportunidad. Soy alguien que es leal, que valora las oportunidades que le dan para poder trabajar por sobre todas las cosas.

- En un fútbol muchas veces muy conservador, sabés que cargás con la mochila de no haber tenido una extensa carrera como jugador…
- Está claro. Y creo que también a uno se le termina haciendo más difícil. Yo tengo la suerte de que hubo gente que me eligió para esta carrera. Pero a mi lo que me deja tranquilo sobre todo son todos los entrenadores que he ido enfrentando todas estas fechas: un abrazo, un beso, decirme ‘te felicito’, antes del partido, después del partido. Trato de terminar los partidos y sea el resultado que sea ir y saludarlos, porque en definitiva ellos eran jugadores cuando yo los miraba por la tele. Y yo quería ser como ellos, yo quería ser futbolista. Encontré este rol para estar cerca del fútbol, pero podría haber sido otra cosa, porque lo que yo quería era pertenecer.

Foto: Rodrigo D'Angelo / MDZ

- En el camino hasta Maipú, que es tu primera experiencia como DT principal, y por el hecho de no tener esa carrera como jugador, ¿dudaste, pensaste en dejar?
- He dudado muchísimo, sobre todo por necesidad, cuando la verdad cuando la plata no alcanzaba. Los primeros dos años en Chicago yo trabajaba en la fábrica y de ahí salía y me iba al club, y trabajaba gratis y a la noche hacía el curso de técnico. He dudado mucho. En el 2019, Flor, mi mujer, estaba embarazada y se te empiezan a venir muchas cosas a la cabeza y por eso soy tan agradecido a César (Farías, con quien trabajó en la selección de Bolivia) porque me cambió la vida por completo. Yo la luchaba siempre en el ascenso, con proyección, pero dar ese salto internacional era imposible. Sobre todo por lo económico. Uno tiene que reconocer que le ha cambiado la forma de vida, para bien. Ahora disfruto cada cosa que me toca vivir pero sin volverme loco.

- Hoy, en lo profesional ¿qué miedos tenés?
- Al inicio del año, siempre fue mi miedo no poder pertenecer. Saber que quizás en algún momento esto se iba a terminar. Cuando venía de la experiencia de dirigir Royal Pari en Bolivia, 6 fechas, que la verdad me había ido bien, porque el equipo estaba bien, me habían sacado y me querían hacer gerente deportivo. Y yo decía: ‘Por qué, si siempre quise ser entrenador’ y me quisieron hacer creer que no servía para esto. Siempre estuvo ese miedo. Y mi gran objetivo para este año era ese: poder pertenecer. Y cuando veo que los resultados se han dado, te reconocen otros técnicos, te llaman otros clubes, el cariño de la gente, digo: ‘Lo logré’. Pase lo que pase en Maipú, estoy seguro de que mañana estaré trabajando en otro club por lo hecho este año. Y el miedo a que no sean 5 fechas irá a volver, pero es algo que yo tengo que vencer. Creo que ya soy parte. Voy conviviendo con eso, incluso he tenido muchísimas pesadillas de volver a la fábrica. Sentía que estaba en la fábrica y la gente me decía: ‘¿Y? No pudiste’. Es muy difícil.

- ¿Y un sueño?
- Mi sueño es ese: formar parte, o quedar en la historia. Si te digo que es ganar algo, creo que eso se va a ir dando solo y es muy difícil. En la cancha de Independiente le decía a los chicos: la gente de Maipú a ustedes los va a recordar por siempre, porque si todavía, después de 30 años siguen recordando la campaña de Ramos Delgado, y ustedes la han superado, imaginen todo lo que tienen por hacer. Y los hinchas lo saben. Eso no tiene precio. El legado que podés dejar es mayor a cualquier tipo de recompensa económica o de título que puedas tener. El legado es lo máximo, no tiene precio.

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